Televisión / 5 de septiembre de 2017

Un gallo para Esculapio: Crónica de un niño solo

Miércoles a las 23.15 por Telefe (martes anterior a las 22 por TNT y completa en on demand de Cablevisión). Con Peter Lanzani, Luis Brandoni, Luis Luque y elenco. Dirección: Bruno Stagnaro.

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★★★★1/2 Empecemos por sacudir con el dorso de la mano las pelusas adheridas. De entrada, el socrático título “Un gallo para Esculapio” sonaba un pelín presuntuoso. Y el capítulo inicial muestra al primer cordón del conurbano oeste, con sobrepoblación de gordos en camiseta y mucho empeño por convertir en calles salvajes a los recovecos de Liniers, paredón y después. La fauna está ahí, a cazarla: tentación que el director Bruno Stagnaro aprovechó maravillosamente en “Okupas” y en “Pizza, birra, faso” (codirigida con Adrián Caetano) hace unos veinte años pero que ahora, después de tantos policías en acción y otros secuaces, daba algo de fatiga. Encima, riña de gallos, ¿qué les harán a los pobres bichos?

Listo, soltado. Ahora, lo importante: “Un gallo para Esculapio” es la mejor ficción del año. A partir de la segunda entrega, no deja de crecer hasta el final de los nueve episodios, que pueden verse de un tirón si se tiene el servicio on demand o Cablevisión Flow. Hay varias razones pero la fundamental se llama Peter Lanzani: su Nelson es el protagonista esencial. Los dos Luises, Brandoni y Luque, están perfectos como era previsible pero la presencia irreemplazable es la del actor que en “El clan”, de Pablo Trapero, demostró que era mucho más que un galancete angelado. Nelson es de Misiones y llega a Buenos Aires con un gallo adentro de una bolsa y un salchichón en la otra, a buscar a su hermano Roque. Es un pajuerano, un perdido en la ciudad, un forastero en medio de caras cero amigables. Tiene que empezar el largo recorrido, eslabón por eslabón, hasta el destino fijado que nunca será igual al imaginado y que siempre dará a luz al nacimiento de otro hombre. Porque “Un gallo para Esculapio” es una historia de transformación: la de un novato que debe transitar varios bautismos pero también, de manera especular, la de un viejo jefe mafioso, el Chelo Esculapio (Brandoni), al que le toca reafirmarse con un último golpe antes del ocaso.

Los dos forman una pareja simbiótica cuya efectividad es proporcional al deseo de verlos juntos en escena. El mismo fuego salta en cada cruce con Yiyo (Luque, en un personaje de varias capas exquisitas). ¿Mérito de estos dos actores experimentados? Sí. Pero Lanzani está a la altura y no pierde en el contrapunto con ninguno de sus compañeros.

Gran realización de Stagnaro, con exteriores y escenas de acción creíbles, y un relato dosificado que mejora en cada capítulo; bellísimo tema de apertura (“El baile de la vida”, de Eric Bobo); un elenco muy talentoso con oportunidades para los no tan conocidos; y un actor joven con pasta para suceder la estrella de Ricardo Darín en la pantalla.

 

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