Ciencia, Salud / 10 de septiembre de 2017

Terapias personalizadas: la tercera revolución es la especificidad

El premio Nobel de Química Aarón Ciechanover asegura que el cuidado de la salud entró en una nueva era. Terapias génicas y bioética.

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En la década del ’80, el bioquímico israelí Aaron Ciechanover, junto a Avram Hershko e Irwin Rose, descubrió un proceso celular básico: la degradación de las proteínas en el cuerpo de los seres humanos, cuando esas proteínas han perdido su función o se vuelven nocivas para la salud. Los hallazgos de Ciechanover respecto de ese proceso fueron utilizados como base para el desarrollo de un fármaco que cambió la manera de tratar el mieloma múltiple, un tipo de cáncer en la sangre que se caracteriza por el aumento descontrolado de las células de la médula ósea encargadas de defender el organismo. El hallazgo les valió a los tres investigadores el Premio Nobel de Química, en el año 2004.

“Es como remover basura de tu casa. ¿Se imaginan cómo sería si no sacáramos la basura de nuestra casa durante diez o veinte días? Moriríamos por enfermedad, por el olor, por cualquier cosa. El cuerpo es igual, nuestras proteínas componentes son muy sensibles, se echan a perder todo el tiempo y necesitamos removerlas una vez que ya no son funcionales. Si no lo hacemos se acumulan y producen muchas enfermedades, como el cáncer”, explica el biólogo, director de la Facultad de Medicina e Instituto de Investigación Rappaport del Instituto Tecnológico de Israel (Technion).

“Este sistema es ubicuo, porque se encuentra en todas partes, no sólo en seres humanos, por ejemplo: en animales como el elefante, culebra, aves, hasta en las flores, todas las plantas, es decir en todos los organismos. Estas proteínas sufren por diferentes factores como, por ejemplo: sol, radiación ultravioleta, el calor, entre otros y las mismas necesitan ser removidas. Incluso antes de nacer, en el esperma y el óvulo, este sistema existe, porque hay que remover 40 proteínas”, detalla.

El descubrimiento de Ciechanover permitió comprender cómo actúa el control de diversos mecanismos biológicos, atajo para el desarrollo de tratamientos, incluyendo a las terapias personalizadas contra el cáncer.

“Ahora, lo que aún se está tratando de comprobar es si este sistema a medida que envejecemos funciona menos. Con esto en mente, es importante mencionar que la mayoría de las enfermedades como el cáncer, alzheimer, parkinson, entre otras, aparecen en edades avanzadas, es decir en adultos mayores de 50 años en adelante”.

Periodista: ¿Cuál es la relevancia que tienen actualmente las terapias personalizadas en el tratamiento de enfermedades?
Aaron Ciechanover: Es fundamentalmente precisa. Un cáncer de mama en una mujer no es el mismo cáncer de mama diagnosticado en otra mujer. Por ser precisa, ese tipo de medicina permite que el tratamiento sea más eficaz y beneficioso, con menos efectos colaterales. Ya no hablamos de tipos de cáncer a ser tratados, sino de subtipos de un mismo cáncer. Es necesario rastrear y conocer el papel que determinada proteína desempeña en determinado organismo y, según sean los resultados, desarrollar terapias individuales. Tenemos aún un largo camino hasta lograr que el método sea amplio, pero ya hay tratamientos contra cánceres muy específicos. Es lo que yo llamo la tercera revolución de la medicina.

Periodista: ¿Cuáles fueron las revoluciones anteriores?
Ciechanover: La primera la revolución del acaso. Me refiero al descubrimiento accidental de la penicilina y de la aspirina. La penicilina fue el primer antibiótico, salvó millones de vida al permitir combatir infecciones. Hoy es una de las principales sustancias indicadas para prevenir dolencias cardiovasculares. La segunda revolución ocurrió en torno de una cantidad de nuevos compuestos y un método computadorizado que sirvió para encontrar sustancias capaces de combatir las enfermedades. El caso más emblemático es el de la estatina, medicamento que se usa para reducir el colesterol malo.

Periodista: Los tratamientos específicos son más caros y menos accesibles para la población. ¿Cómo resolver ese problema?
Ciechanover: Depende del sistema de salud de cada país. Ninguno de los tratamientos serán incorporados a la vida cotidiana, pero es necesario crear comités para pensar cuáles serán los elegidos. El proceso de desarrollo es caro, no hay dudas de eso. Y no hay gobierno que pueda cubrir todos los gastos. Pero hay opciones para gastar menos.

Periodista: ¿Por ejemplo?
Ciechanover: Apostar por la prevención. Por mejores que sean los tratamientos personalizados, prevenir será siempre más efectivo y más barato. Podemos combatir el tabaquismo, la polución del aire, del agua y del suelo, y los factores que causan enfermedades con nuevos hábitos. Es necesario invertir mucho en esa área.

Periodista: Actualmente se gasta mucho en las investigaciones sobre terapias génicas. ¿Son un buen camino hacia los tratamientos personalizados?
Ciechanover: Sí, lo son, pero es difícil prever cuánto tiempo llevará para que sean una realidad en los consultorios. Tal vez algunas décadas más. Eso facilitará la creación de tratamientos personalizados. La dificultad está en que, muchas veces, el problema no es solo un gen. Necesitamos descubrir cuál es la contribución de cada uno de ellos en cada enfermedad. Pensemos en los trastornos psiquiátricos: la mayoría no tiene origen en una mutación en un gen único, sino en varios. Y cada uno de ellos contribuye con una parte de la enfermedad. No será sencillo.

Periodista: ¿Cómo ve usted la medicina en veinte años?
Ciechanover: Estaremos bien y mal al mismo tiempo, como suele suceder en esta vida. Los tratamientos serán más eficientes, pero menos accesibles para las personas que no los puedan pagar. También habrá inmensos problemas éticos que tendrán que ser solucionados en cada sociedad. Las personas tienen diferentes culturas, creencias y tradiciones y ellas juegan un rol importante en el tema de la salud.

Periodista: ¿Entonces hay dilemas éticos ineludibles?
Ciechanover: Esa cuestión es compleja, pero debe ser abordada. Dependerá de cada enfermedad. Un ejemplo. Si usted tiene genes que la predisponen a sufrir de ataques cardíacos, tal vez sea interesante saber sobre eso, porque es factible adoptar un estilo de vida más saludable, con la práctica de actividad física o la reducción del colesterol para prevenir el problema. Ahora, si usted posee genes relacionados con trastornos que no tienen cura o prevención, no ayudará en nada saber sobre ellos. Es preciso elegir entre los genes con los que podemos lidiar y aquellos respecto de los cuales no hay nada por hacer. Eso es parte de la cuestión bioética que hay que discutir. ¿Advertirle al paciente u ocultárselo? ¿Por qué decirle, si usted no puede ayudarlo? Hay otro peligro: utilizar esas informaciones para temas no relacionados con las enfermedades, como puede ser la manipulación genética para obtener un bebé con determinado color de ojos. No estoy seguro acerca de si la sociedad está preparada para lidiar con tantos matices, pero va a necesitar estarlo. No hay elección. La ciencia está en movimiento. La ciencia no puede esperar, tiene prisa.

Periodista: ¿Pero no piensa que no ha sido siempre así?
Ciechanover: Puede ser, pero en estos momentos hay mucha más complejidad en los descubrimientos y en los avances. Durante el siglo pasado fueron muchas y muchas revelaciones científicas. Hoy logramos analizar todo con más profundidad y sofisticación.

 

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