Arte / 16 de septiembre de 2017

Liliana Maresca y Mirta Dermisache: mujeres singulares

Dos exhibiciones en Buenos Aires: Maresca en el Moderno, Av. San Juan 350, entrada $ 30 y Dermisache en MALBA, Av. Figueroa Alcorta 3415, entrada $ 100.

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Homenajes tanto como rescates, las exhibiciones de Liliana Maresca –difundida profusamente– y de Mirta Dermisache –envuelta en cierto silencio– ahora coinciden en Buenos Aires.

Figura del under porteño, Liliana Maresca (Buenos Aires, 1951-1994) trabajó con fragmentos de su existencia y con desechos, trazando caminos alternativos. “Liliana Maresca: El ojo avizor. Obras 1982-1994” se inicia con una gran bufanda en el hall de entrada del Museo de Arte Moderno, o el Moderno, que puede agrandarse con la colaboración de todos, remedando la que ella creó “para Buenos Aires”. En el ingreso a la sala se ven las “Mascaritas”, dibujos pastel hechos en sus últimos años en la cama del hospital, donde falleció de sida. Maresca realizó obra efímera, pinturas, objetos, escenografías, esculturas, instalaciones, performances.

El CC Recoleta fue escenario de varias muestras, algunas colectivas lideradas por ella, como “La Kermesse”, evento multimedia del que participan numerosos artistas. Realizó exhibiciones con directas referencias socio-económicas: los 500 años de la llegada de los españoles al continente; la pobreza (carrito cartonero real, en blanco, y miniaturas en bronce bañados en oro y plata); la Guerra del Golfo en 1991 (ataúdes usados). Organizó una muestra en una lavandería e inauguró la galería del CC Rojas (1989) con una instalación con deterioradas sillas y mesas de un recreo del Tigre. Su obra, mayormente aquí reconstruida, incluye las series de fotoperformaces donde puso su cuerpo, en distintos grados de desnudez como crítica política y combate a la mojigatería reinante entonces, en colaboración con unos jóvenes Marcos López y Alejandro Kuropatwa. El título de la muestra, curada por Javier Villa, recuerda a la revista “El Ojo Avizor” de finales de los ’90, publicación dedicada a la actividad de los medios. Con libro monográfico: “Liliana Maresca”.

“Mirta Dermisache. Porque ¡yo escribo!” es la primera retrospectiva de la artista en un museo. Dermisache (Buenos Aires, 1940-2012) realizó una obra con palabras convertidas en imágenes, bellas escrituras y vocablos perdidos. Pocos recuerdan que estuvo vinculada al Instituto Di Tella, CAYC y Grupo de los 13. “Fue una artista solitaria e intimista en su obra escrita y sumamente abierta en su producción pedagógica”, apunta el curador Agustín Pérez Rubio. La sala Silvia N. Braier, del primer piso, reúne 140 piezas, desde 1967 hasta su muerte. Son libros, cartas, textos, diarios y postales, documentos de las Jornadas del Color y la Forma que ella organizaba, pertenecientes a colecciones privadas y al Archivo Mirtha Dermisache. Desarrolló una obra caligráfica a través de “escrituras ilegibles”, como las denominó Roland Barthes quien ya en 1971 manifestó gran interés por su obra. En algunos trazos pueden discernirse letras o frases, pero en realidad es una grafía imposibilitada de transmitir sentido alguno.

Así, las inscripciones de Dermisache, en renglones que remedan la escritura tradicional aparecen como caligrafías incomprensibles, grafismos extraños con vuelo propio. Son dibujos, signos y paisajes, que apelan a la sensibilidad y a la inteligencia. El montaje optimiza la visión de estas obras, como “Libro N° 5, 1972”, que ponen en cuestión la contradictoria y necesaria convivencia del arte con la palabra, ausente. Con catálogo sobre su obra de 300 páginas, en español e inglés.

 

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