Libros / 16 de septiembre de 2017

“Morir en el intento”, en los caminos del Norte

De Lee Child. RBA, 522 páginas $ 345.

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★★★★ Cuando en 1997 Lee Child publicó su primer libro (“Zona peligrosa”) se advertía de inmediato que era una voz nueva en un género castigado por la repetición: el “thriller”, tanto bélico como de espionaje, como policial. Podía deberse a su origen inglés. Le fue muy bien: vendió mucho, y al año siguiente se mudó a Estados Unidos.

Para los innumerables lectores que rogaban que siguiera escribiendo, ese 1998 se tranquilizaron: apareció “Morir en el intento”. Desde entonces, entregó regularmente un volumen cada año. Con el tiempo agregó unos cuantos relatos que tenían de protagonista a su personaje, Jack Reacher (un policía militar letal de dos metros de altura, después una especie de vagabundo justiciero). Dos de ellos se tradujeron y editaron en Argentina con el nombre de “Noche caliente” (Blatt y Ríos, 2017). También les fue bien: hubo comentarios numerosos, y buena venta.

Ahora cabe la posibilidad de que la distribución errática de RBA, el sello español que traduce las novelas, se vuelva regular. Tanto que este segundo libro de la serie, recién aparecido, no viene de la península: se reeditó en Argentina.

La lectura permite comprobar que su hermano, muerto en el tomo anterior, sigue fuera del mundo de los vivos, aunque aparecerá en libros posteriores. Porque Child tiene una extrema libertad para moverse a lo largo y a lo ancho de la vida de su personaje, yendo hacia adelante y hacia atrás.

Apenas comenzado el argumento, la ayuda desinteresada a una mujer joven y bella con muletas le vale ser secuestrado junto a ella en una camioneta, sitio cerrado que los contendrá durante casi la mitad del volumen, sin saber adónde demonios van. Al fin se enteran de que es al norte del mapa norteamericano, al enfrentamiento con un grupo de dementes decididos a dejar su marca en la Historia.

El estilo inconfundible de Child es seco, cargado de humor y de información, y milagrosamente positivo a pesar de la violencia extrema y las restricciones de los argumentos. En la estructura respeta al pie de la letra la costumbre de las vueltas de tuerca sorpresivas, y se reserva para los momentos pequeños una calidad de buen escritor que tantea hasta encontrar la mejor fórmula, o forma. Un hallazgo, ahora repetido.

 

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