Cultura / 19 de septiembre de 2017

Élisabeth Roudinesco: “Quien fue analizado puede gobernar mejor”

¿Sirve hoy la disciplina que Freud creó? Una de sus máximas autoridades defiende su vigencia. Presidentes “border” y el análisis de Macri.

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Una revolución de “lo íntimo”. Así define la psicoanalista e historiadora del psicoanálisis francesa Élisabeth Roudinesco a la influencia que la figura de Sigmund Freud irradia desde fines del siglo XIX en la cultura occidental. Una revolución que trascendió la disciplina terapéutica para cambiar la mirada del sujeto sobre sí mismo mediante la “exploración de la cara oculta de sus deseos”. “Nuestro mundo no se puede explicar sin su huella”, afirma la actual presidenta de la Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatría y el Psicoanálisis y directora de Investigación en la Universidad de París VII.

Doctora en Letras y autora de más de veinte ensayos, hija dilecta de la intelectualidad francesa, polémica y mordaz, Roudinesco desempolva la figura del padre del psicoanálisis en “Freud en su tiempo y en el nuestro” (Debate). En esta biografía, basada en archivos y cartas de Freud depositados en la Biblioteca del Congreso de Washington –hasta 2010 cerrados al público–, la historiadora desmitifica leyendas y malentendidos a la vez que crea un ensayo sobre la época que hizo posible el surgimiento de una disciplina que cambiaría al siglo XX y lo empujaría, desde los sueños de la razón, a mirar de frente los monstruos que lo habitaban.

Invitada a Buenos Aires para una serie de actividades, entre ellas la inauguración del Centro Argentino de Historia del Psicoanálisis, la Psicología y la Psiquiatría que funcionará en la Biblioteca Nacional, Roudinesco –en cuya obra, traducida a una treintena de idiomas, destaca otra biografía: la de Jacques Lacan– vuelve al origen del psicoanálisis, en una época que reduce la mente al cerebro y la exploración sobre uno mismo al culto narcisista, para demostrar cómo interpela también al siglo XXI.

Noticias: Usted presenta “Freud en su tiempo y en el nuestro” como una “historiografía”. ¿Qué condiciones estaban dadas en la Viena de fines del siglo XIX para que emergiera un personaje como él?
Élisabeth Roudinesco: Existió en esa época un regreso a formas clásicas y mitológicas de lo atemporal para pensar la modernidad. Y para Freud eso atemporal fue el inconsciente. Esa Viena de fin de siglo se caracterizaba por una decepción de los hijos hacia sus padres, por la escalada del antisemitismo, de los extremismos, y a eso reaccionaban los hijos de la burguesía judía como Freud. Había que elegir un movimiento y soñar con una tierra prometida: podía ser el feminismo, el socialismo, Palestina para los sionistas. Para Freud, la tierra prometida era el inconsciente, algo que no tiene ni patria ni fronteras.

Noticias: ¿Por qué el psicoanálisis sigue estando tan vigente más de un siglo después?
Roudinesco: Creo que, como toda innovación, tiene algo fuerte, que es la idea de que el hombre está determinado por algo que no domina. Esa idea permanece. Freud se convirtió en un pensador universal, más allá del psicoanálisis: nutrió la literatura, la filosofía, la sociología.

Noticias: Un punto importante que recorre su libro es el papel de las mujeres en el origen del psicoanálisis mismo.
Roudinesco: En todos los grandes avances clínicos en la historia de la psiquiatría, incluso anteriores a Freud, siempre son las mujeres las enfermas y siempre son los hombres los maestros. Porque los problemas psíquicos pasaban por las mujeres: las histéricas y las neuróticas eran la expresión de las convulsiones de la sociedad, de sus frustraciones, aunque eso no significa que los hombres no lo padecieran. Además, el tabú alrededor de la sexualidad de la época era dramático. Se puede decir que Franz Mesmer, que creó los primeros tratamientos a través de la hipnosis antes de la Revolución Francesa, preparó la revolución freudiana. Afectadas por la melancolía y la inactividad, eran las mujeres de la aristocracia parisina las que se sometían a esos tratamientos. Y Freud, a través de las jóvenes vienesas de la burguesía, llega a comprender algo de la neurosis.

Noticias: Usted ha dicho que sin Lacan, nunca se hubiera interesado por el psicoanálisis. ¿Por qué?
Roudinesco: Conozco bien a Lacan desde mi infancia. Era amigo y colega de mi madre (Jenny Aubry, pediatra y psicoanalista de niños), y tenían la misma edad. Para mí, el psicoanálisis era una cuestión de médicos, un asunto de mi madre, ¡no era lo mío! Yo quería estudiar Letras, escribir libros. Pero cuando se publican los escritos de Lacan en 1966, me di cuenta de que era un pensador, que podía leerlo igual que a Foucault o a Barthes, y eso me hizo interesarme por el psicoanálisis. Yo no había leído mucho a Freud, aunque mi madre tenía una biblioteca llena de sus libros. Y cuando Lacan da un empuje intelectual a esa estructura, todos los que en ese momento teníamos alrededor de veinte años nos apasionamos.

Noticias: Además de Lacan usted ha conocido a pensadores centrales de la cultura del siglo XX, como Deleuze, Althusser, Derrida. ¿Quién ha dejado una huella más perdurable en usted?
Roudinesco: Todos ellos. Mi generación tuvo una suerte extraordinaria. Antes y después de mayo del ‘68, Francia tenía una generación de pensadores que nos sacaban del pensamiento de la vieja Sorbona. Yo seguí los seminarios de Barthes, las clases de Foucault y de Deleuze. Me hice amiga de Althusser. Fue un momento deslumbrante. Hoy es muy distinto.

Noticias: En una de sus conferencias usted habló del devenir de la época de Edipo a la época de Narciso. ¿Somos tan neuróticos como en los tiempos de Freud?
Roudinesco: El psicoanálisis nació en una sociedad de frustraciones, y a partir de los años ‘60 ya no vivimos en ese tipo de sociedad porque hay más libertad sexual, pero la gente sigue siendo igual de neurótica, salvo que la neurosis no viene de la sociedad sino de uno mismo. Las patologías narcisistas son tan graves como las crisis histéricas, y Freud ya había pensado en esto: la idea de que uno está mal no sólo por las frustraciones impuestas por la sociedad, sino a causa de uno mismo. Cambian las modalidades pero hay invariantes, que no se curan nunca, porque son parte de la condición humana.

Noticias: ¿Que podría el psicoanálisis aportar a la política? Nuestro actual presidente se analiza desde hace más de veinticinco años, por ejemplo.
Roudinesco: ¿El presidente en ejercicio se analiza? No lo sabía. ¡Eso sólo sucede en Argentina! En Francia no sería posible. Habría fotógrafos que descubrirían el nombre del analista, periodistas dentro del consultorio.

Noticias: NOTICIAS descubrió al analista de Macri.
Roudinesco: ¿Y qué sucedió cuando se supo quién era? Alguien que fue analizado puede tener un conocimiento de sí mismo que le permita gobernar mejor, no es imposible eso, pero estoy convencida de que cuando se está en uso del poder, y sobre todo del poder supremo, no tiene que haber otro detrás. Es un problema, porque aparece la idea del influjo: ¿quién gobierna? ¿El analista o el paciente? Hoy los estados democráticos se interesan muchísimo por el estado psíquico de los gobernantes. Con Donald Trump, por primera vez en la historia de los Estados Unidos, los psiquiatras pidieron una pericia. No es psicótico, no está loco, pero ¿está en condiciones de gobernar? Es una pregunta central, que en su tiempo había fascinado a Freud. Él había estudiado el caso del presidente estadounidense Woodrow Wilson, que también tenía algunos trastornos. Y está bien, porque si alguien no puede dominar sus pulsiones ¿es capaz de controlar el poder?

Noticias: Usted tiene lazos con el mundo del psicoanálisis local, ¿por qué cree que en la Argentina sigue tan vigente?
Roudinesco: En Argentina es particular porque se convirtió en una cultura, todo el mundo –por decirlo de alguna manera– se analiza. Esa es su especificidad. ¡La prueba es que lo hace el Presidente! Pero está en vigor en todas partes, sólo que en crisis. El día que no esté más vigente ya no hablaremos más de él. Y de todos modos, creo que las curas psíquicas tienen un gran futuro, porque las sociedades democráticas las necesitan, y las otras también. Hay una proliferación de psicoterapias en Rusia por ejemplo, después de la Perestroika. Y en China. Apenas un país comienza a soltarse de una dictadura, la gente vuelve a sí misma. Y se empieza a hacer preguntas.

 

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