Sociedad / 23 de septiembre de 2017

Quién es Leila, la hermana desconocida de Juliana Awada

Es la cuarta del clan. Pinta y acaba de inaugurar una exposición de sus obras. Juliana estuvo con ella en todos los detalles.

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Las hermanas Juliana y Leila Awada juntas en la exposición.

Es la menos conocida del clan Awada. Aunque es artista, no incursionó en la televisión como su hermano Alejandro. Tampoco se interesó en crecer dentro de la empresa familiar, como sus otros hermanos Zoraida y Daniel y mucho menos llegó a estar en el centro de todas las miradas como sí lo hizo la menor, Juliana, al convertirse en primera dama. Leila Awada hace un esfuerzo descomunal para mantener el perfil bajo y ni siquiera quiso hablar con la prensa sobre su último trabajo, “Constelaciones”, la muestra que inauguró el jueves 21 en un hotel porteño para exponer sus pinturas.

En su entorno la definen como “la más alegre” del clan Awada y es la que suele estar en comunicación permanente con cada uno de los integrantes de su familia. Por eso, todos se alegraron y le dieron el visto bueno cuando anunció que tenía fecha para su nueva exposición, en la que iba a presentar su trabajo junto con el de una de sus mejores amigas, la artista Roberta Pesci. Incluso Juliana se hizo un lugar en su agenda para ponerse al tanto acerca de cada uno de los detalles de la muestra.

A esta altura Leila sabe que cada vez que nombra su apellido, todos se dan vuelta a mirar. Aunque no tiene trayectoria histórica en el arte contemporáneo porteño y aunque eligió un espacio no tradicional para realizar exposiciones (el Mío Hotel de Buenos Aires), Leila atrajo las miradas de todo el ambiente artístico. Y, aunque pretende continuar sin llamar la atención, con el paso del tiempo aprendió a relajarse y a saber aprovechar los beneficios indirectos de ser la cuñada del Presidente.

Alejandro, Leila, Juliana, Pomi, Zoraida y Daniel en la “foto oficial” de los Awada en Constelaciones, la expo de Leila y Roberta Pesci.

Arte y amistades. “Constelaciones” se expondrá hasta el 31 de octubre y cuenta con la curaduría del artísta plástico Eduardo Stupía. En la muestra, Leila expone sus pinturas junto a los bordados de Pesci –una técnica que se está poniendo de moda entre los artistas contemporáneos–. En la presentación de su trabajo, las artistas insistieron en que, a pesar de que sus trabajos son diferentes, las motivó a trabajar su amistad y respeto.
Esta relación fue la que la tuvo preocupada a Leila, que temía que su vínculo con la primera dama le quitara protagonismo a Pesci. “A ella le importa mucho que les den a ambas la misma importancia”, explicaban desde su entorno para explicar el rechazo de Leila a la prensa no especializada en arte.
Para Stupía “ambas artistas se complementan y se contraponen”. El hombre llegó a convertirse en el curador de la muestra gracias a su amistad con el marido de Leila, Miguel Galperín, director del Centro de Experimentación del Teatro Colón. “Al vincularme con él la conocí a ella y su trabajo. Siempre la sentí emparentada con una manera de trabajar afín a lo que a mí me interesa”, contó a NOTICIAS Stupía y agregó: “Cuando me propuso que las asistiera me pareció una buena oportunidad para apoyarlas”.

Leila pinta con acrílicos y su especialidad radica en el lenguaje abstracto. “Trabaja con líneas de color, climas y sensaciones. Se deja llevar por la evolución misma de la pintura y propone unas formas, unas morfologías, que son muy sensoriales. Me parece que en eso se conecta con el público”, describió el curador.
Aunque es la primera vez que expone junto a Pesci, Leila tiene cierta experiencia en el rubro. En el 2016 llevó adelante “Gestures”, una muestra individual en Berlín, donde afirmó que su trabajo se inspiraba “en la letra manuscrita del idioma árabe”. Un año antes había presentado “Azahares”, que consistía en un conjunto de obras que “surgían de la observación de flores y plantas con un interés en el grafismo árabe”.  Para Leila, como para sus hermanos, la herencia sirio-libanesa atravesó su crianza, su formación y su manera de entender el mundo.

Sin cuestionar. Leila Awada tiene 46 años y tiene dos hijos. A pesar del perfil comercial de sus padres, Abraham Awada y Elsa Esther Baker, y de haber crecido dentro de la fábrica textil que el matrimonio fundó, sus intereses siempre giraron alrededor del arte. Cuando terminó la secundaria ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde se graduó como profesora de escultura. Más tarde se instaló en San Francisco para especializarse en educación de arte para niños y escenografía y trabajó en el Museum of Children’s Art (MOCHA), una ONG dedicada a la educación artística en las escuelas públicas.
Jamás sintió interés por “Awada”, la empresa familiar, donde trabaja Zoraida en la actualidad, y por donde pasaron Daniel antes de crear su propio emporio, “Cheeky”, y Juliana. Leila comparte una vocación por lo artístico que siempre la mantuvo muy cerca de Alejandro. Sin embargo, a diferencia del actor, que siempre cuestionó a sus padres por haberle dado una crianza demasiado estricta, ella nunca renegó de su familia.
Hasta agosto del 2016, fue docente de arte en escuelas secundarias. A Leila le gusta moverse en la ciudad sin ser reconocida y sin ser asociada inmediatamente a sus hermanos. Quizás, ahora que su carrera como artista empieza a tomar cada vez más vuelo, empiece a aprovechar de las bondades de ser la hermana de la primera dama.

 

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