Cine / 28 de septiembre de 2017

Zama

(Argentina, 2017, 114′) Drama. Dirección: Lucrecia Martel. Con Daniel Giménez Cacho. AM13.

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★★★★ Es difícil decir que esta película no es una obra maestra, después de que se la saludara así ante la primera visión. Pero lo decimos: “Zama”, la muy esperada adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto por Lucrecia Martel es una película imperfecta, a veces exasperante, siempre bella. Martel hace lo que debe hacer cualquier cineasta al adaptar una novela: comunicar su lectura (muchos olvidan esta pequeña, necesaria verdad). Lo hace con planos claustrofóbicos, donde la molestia es programática, mientras narra la inútil espera de traslado de este pobre funcionario colonial en una tierra que nunca hace suya. Todo en el film es deliberadamente material, incluso aquello que parece onírico: la clave es ese baúl que se mueve solo pero que no, no es lo maravilloso sino lo trivial. Al final llega la aventura, el campo abierto, la acción como única salida de ese laberinto sin paredes que es la selva. Martel entiende que Zama es una metáfora de lo inútil y que el tema es la imposible lucha contra el tiempo. ¿En qué falla, pues, la película, si eso está logrado, si hay planos bellos, si el sonido nos sumerge en ese pantanal? Un poco en su duración, un poco en ciertas elecciones de puesta que son sólo virtuosas. Martel es una cineasta importante y eso se demuestra en cada fotograma. El problema consiste en que la calidad de la dirección opaca al hombre que sufre.

 

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