Mundo / 29 de septiembre de 2017

Billetera mata galán: el apriete de Trump a la ONU

Sin diplomacia y fiel a su estilo, el presidente estadounidense amenazó al organismo con recortarle sus aportes. Y logró sus objetivos: frenar a Corea del Norte e Irán.

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Estados Unidos le da sede a la ONU, financia la cuarta parte de su presupuesto, y aporta la mayoría de las fuerzas de paz.
Estados Unidos le da sede a la ONU, financia la cuarta parte de su presupuesto, y aporta la mayoría de las fuerzas de paz.

El primer discurso de Donald Trump frente a las Naciones Unidas, no sorprendió. El presidente estadounidense ya había manifestado su malestar con el organismo internacional. Pero esta vez lo hizo “in your face”, mano a mano con el secretario general, Antonio Guterres. Trump le apuntó a la burocracia de la ONU, a la que calificó como “un club de amigos”.

Arremetió contra su mala gestión y amenazó con un brutal recorte a sus presupuestos. “No vemos resultados de acuerdo con las inversiones. Debe centrarse en los resultados más que en los procedimientos. Animamos al secretario general a que use plenamente su autoridad para cortar la burocracia y reformar un sistema anticuado”, afirmó.

La misma estrategia viene empleando su embajadora Nikki Haley desde que asumió ante Naciones Unidas. Y con buenos resultados: logró frenar el avance de Iran y las sanciones a Israel, aliado de EE.UU.; y poner cota a la escalada de la Rusia de Vladimir Putin.
Pero la mira de Trump hoy está en el potencial conflicto bélico con Corea del Norte.

Y consciente del papel clave que juega la ONU en su presión diplomática, el republicano se presentó como un empresario enfadado por el derroche. Un contribuyente que exige resultados.
Presupuesto. Estados Unidos le da sede a la ONU, financia la cuarta parte de su presupuesto, y aporta la mayoría de las fuerzas de paz. Sin embargo, el organismo desoye sus deseos. Ese fue el planteo de Trump en el inicio de su política internacional.

“Se acabó”, le dijo a Haley (ex gobernadora de Carolina del Sur). Y desde entonces su embajadora trabajó, amparada en la billetera, en convertir a las Naciones Unidas en un instrumento útil a sus designios.

En su ofensiva contra el programa nuclear y balístico de Pyongyang, ha visto cómo el Consejo de Seguridad de la ONU se tornó una de sus armas más potentes: a los pactos con China y Rusia siguieron medidas cada vez más duras con el régimen de Kim Jong-un. Y ante la ausencia de los jefes de gobierno de Rusia, China y Alemania, el estadounidense se convirtió en líder de la cita anual de la ONU en Nueva York.

Secundado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, le bajó línea al presidente francés Emmanuel Macron sobre el pacto nuclear con Irán. Y en cena con líderes de América Latina, marco su parecer sobre la crisis de Venezuela. Haley resumió la estrategia: “Golpear a la gente adecuada, abrazar a la gente adecuada, y salir fuertes”.

 

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