Las + leídas, Política / 29 de septiembre de 2017

Investigación: Todas las hipótesis detalladas sobre la muerte de Nisman

Las pruebas e imágenes que desafían el peritaje de Gendarmería. El disparo, el recorrido de la sangre y el misterio del trapo verde.

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El eterno desenlace del caso Nisman entró en momentos culminantes. El pasado miércoles 20, el comandante mayor Orlando Livio Caballero, director de Criminalística y Estudios Forenses de la Gendarmería Nacional ,reunió en el edificio Centinela, sede de esa fuerza, a los 28 especialistas que rehicieron el peritaje sobre la muerte del fiscal y también a los peritos de las partes. La reunión fue amena. Sin sobresaltos ni discusiones apasionadas. Las querellas, integradas por los peritos de parte de las hijas de Nisman y Sara Garfunkel, la madre del fiscal, estuvieron de acuerdo con el informe y los peritos de la defensa, por el ex empleado de Nisman, el especialista informático Diego Lagomarsino -dueño del arma que mató al fiscal-, firmaron en disidencia.

La nueva hipótesis sobre la muerte de Nisman va en sintonía con lo pedido por la querella y sostiene que a Nisman lo mataron entre dos personas, limpiaron todo el lugar y luego abandonaron la escena del crimen sin dejar rastro.

NOTICIAS hizo un desglose punto por punto de todos los momentos analizados por los peritos de la primera etapa del caso y este nuevo peritaje. ¿Como se explica la sangre en ambas manos del fiscal? ¿Hubo golpes? ¿Tenía el tabique fracturado? ¿Participaron una o dos personas? ¿O ninguna? Como se verá, hay explicaciones y fundamentos para la teoría del suicidio como para la del homicidio. Hay datos equivocados, explicaciones increíbles, puntos ciegos y hasta mentiras.

El primer punto es la posición del cuerpo antes del disparo. La querella desde el primer momento sostuvo que Nisman estaba parado de frente a la bañadera y el costado derecho del fiscal apuntaba hacia el espejo. Que estaba con la rodilla derecha apoyada en el piso y que la sangre en la mesada al lado de la bacha fue producto de la salpicadura que hubo apenas entró la bala en la cabeza. Ese efecto en términos científicos se conoce como “retroproyección”. Los peritos de la querella, mientras se sostuvo esta teoría, estaban liderados por Osvaldo Raffo y Daniel Salcedo, quien luego pasó a trabajar para la AFI macrista. Sobre la sangre en la mano derecha del fiscal, la querella argumentó que hay un sector de la mano derecha que no tiene sangre porque fue tapado por la mano del asesino, es decir que la parte de arriba de la mano del asesino se quedó con sangre. Y sobre la sangre en la mano izquierda no hay demasiada explicación.

 

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El perito de Lagomarsino, Luis Olavarría, tiene otra explicación. Para la defensa, Nisman se suicidó mirando de frente al espejo. La sangre que está sobre la mesada no es producto del orificio de entrada del disparo, sino de sangre que salió por la boca. Esta duda estaría despejada si se hubiese analizado la sangre de la mesada para saber si había restos de saliva. Nunca se hizo. Hay también sangre al costado del inodoro que podría ser producto de la “retroproyección”. La sangre en ambas manos sería porque el fiscal usó las dos manos para dispararse.

En rigor, hasta aquí los elementos a disposición de los investigadores no permitirían desechar ninguna de las dos hipótesis, ni la del suicidio ni la nueva del homicidio.

Bala. Sobre el lugar por donde entró la bala y la dirección de ésta también hubo debate. Desde un primer instante, el departamento de Tanatología de la Morgue Judicial que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ubicó la bala a tres centímetros por encima de la oreja y 0,7 milímetros por delante de ésta. Sobre la dirección dijo que había sido “ligeramente de adelante hacia atrás y ligeramente de abajo hacia arriba”. No hubo orificio de salida. La jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, y madre de las hijas del fiscal, afirmó en diferentes programas de televisión que la bala había ingresado detrás de la oreja y que la dirección había sido de atrás hacia adelante. En su declaración testimonial, el perito Salcedo afirmó lo mismo con respecto a la dirección. Tal vez ahí radica la equivocación de la jueza. El error, involunario o no, abonaba la hipótesis del homicidio. Y recién fue subsanado cuando NOTICIAS publicó en su anterior edición la imagen de dónde penetró realmente la bala, a contramano de lo que decía el nuevo relato oficial.

Sangre. Sobre el análisis de la sangre hay dos momentos. El primero es la dispersión de gotas y manchas por todo el baño producto del disparo y luego el derrame que sale desde la cabeza de Nisman y provoca el charco. Allí no se logran ver signos de que el cuerpo fue arrastrado. Un indicio más sobre la posición del cuerpo apenas se efectuó el disparo es la caída de sangre desde la boca. Solo se ve caer la sangre en una única dirección: hacia la derecha y hacia abajo, por la ley de gravedad. ¿Esa forma en la caída de la sangre se hubiese mantenido si se hubiese manipulado el cuerpo? En los videos de las recreaciones de la querella y la Gendarmería se muestra la cabeza se mueve hacia la izquierda y luego hacia la derecha. El curso de la sangre que se observa en las imágenes de esta nota pone en duda esa recreación que incluía no ya uno, sino dos killers espectrales. La sangre fluye en una sola dirección, ya caído el cuerpo.

Ketamina. La columna vertebral del peritaje de Gendarmería se basa en la aparición de la ketamina. Para este grupo de peritos, el fiscal fue “atontado” con esta droga para luego matarlo. En este marco hipotético, resulta difícil explicar la sangre hallada en ambas manos. De todos modos tienen un argumento fuerte y es que no hay elementos que indiquen la presencia o uso frecuente de ketamina en el departamento del fiscal. Para los peritos, los asesinos le dieron la ketamina y se llevaron las pruebas. Aún así, esta hipótesis tiene un punto débil. Aún no se pudo determinar la cantidad de ketamina encontrada en el cuerpo de Nisman, por lo que no se sabe si tiene cantidad suficiente como para manipularlo o tomó esta droga de manera recreativa. Pericias anteriores determinaron presencia de clonazepam, cuyo uso recreativo junto a la ketamina es frecuente.

Golpes. El nuevo peritaje dice que tiene golpes en la pierna a la altura del tobillo, muy cerca de la zona donde le cayó un poco de sangre y también en el abdomen. Estos golpes habrían sido para reducirlo. El moretón que observa en una de las imágenes de esta nota tiene un color entre amarillo verdoso, lo que significa que ya tiene algunos días. Sobre el golpes en el estómago, los tanatólogos de la morgue afirmaron en su informe el siguiente textual: “Abdomen. Planos musculares: sin particularidades”. Además, los peritos de Gendarmería afirmarían que Nisman tenía el tabique fracturado. En el peritaje de la morgue judicial la descripción sobre la nariz fue “indemne”. Otra vez, peritos contra peritos.

Pólvora. Los estudios para buscar restos de pólvora en la mano de Nisman dieron negativo. En rigor no es pólvora sino que se las llama “partículas características de residuo de disparo”, porque incluyen otros elementos como plomo, bario y antimonio. Para la querella es muy importante este dato porque va en sintonía con la hipótesis de que la mano de Nisman estaba, en parte, tapada por otra mano. Para la Gendarmería también porque ellos dicen que Nisman ni siquiera disparó el arma. Pero los expertos del Cuerpo de Investigaciones Fiscales de Salta afirmaron que esto no significa que la persona no ha disparado un arma y que la ausencia de esas partículas puede deberse a dos factores. 1) La persona, efectivamente, no disparó el arma de fuego. 2) Que la persona haya disparado, pero los residuos no se detectaron por “factores externos como: lavado de manos, frotado y limpieza de manos, uso de guantes, sudoración excesiva, entintado para fichaje dactilar, factores ambientales incluyendo viento y lluvia, manos ensangrentadas, cuando ha transcurrido mucho tiempo entre el disparo y la toma de muestra, cuando la muestra se toma en prendas diferentes a las que portaba el muestreado en el momento del disparo”. Hay un posible tercer motivo: ¿la muestra fue levantada de forma correcta? Es un tema de debate entre los peritos.

Además de las conclusiones de los peritos, existe material académico que se refiere a los residuos de disparos en las manos de los suicidas. Un trabajo publicado en la revista The American Journal of Forensic Medicine and Pathology, publicado en septiembre del 2007 por el maestro de peritos Vincent Di Maio, entre otros, afirma que luego de realizar un estudio en 116 casos confirmados de suicidios llegaron a estos sorprendentes resultados: sólo se encontraron restos de residuos de disparo en el 50% de los casos. Y de ese 50%, el 11% corresponde a una pistola calibre 22.

Manchas. El perito Daniel Salcedo es un estudioso de las proyecciones de las manchas en una escena donde hubo un disparo. Así lo describió en su declaración testimonial. Allí explicó sus razones por las que, según sus argumentos, Nisman recibió el tiro de costado al espejo y no de frente. Habló sobre la gota de sangre en el tobillo y por eso infirió que estaba semiarrodillado. Esta hipótesis atenta contra los “fluidos biológicos” y “hemáticos” hallados en el inodoro, la pared, y cerca del desodorante de ambiente de tipo “toque”. Si hubiese habido una o más personas, habría sido difícil que esas manchas llegaran a esos lugares. Salcedo, además, fue quien propuso y llevó el frasco de “Luminol” para hacer una prueba con luces forenses y así detectar -como en las películas- la presencia de sangre en la oscuridad. La prueba dio positivo. Algo brilló en la oscuridad, pero cuando se hizo la prueba química para determinar de qué se trataba, se comprobó que era líquido de limpieza. Fue un falso positivo. En su testimonial, Nicolás Vega Laiun, miembro de la Unidad Criminalística de la Policía Federal y uno de los que presenciaron la prueba del “Luminol”, afirmó que “es habitual que se produzcan falsos positivos sobre metales, sobre bachas o sobre otras superficies que pudieran haber estado expuestas a limpiadores o desinfectantes”.

Informática. El peritaje informático determinó que tras la muerte de Nisman hubo ingresos a su computadora y smartphone, alrededor de 60, y también se eliminaron registros. Además, cuando se peritó el celular se descubrió que se habían borrado todos los registros. Era como si el celular hubiese “nacido ese día”, como explicaban los primeros peritos. Esta pericia determinó también que Nisman había entrado a leer los diarios a la mañana. Buscó la palabra “psicodelia” en Google y hasta entró al perfil de Instagram de la modelo Melisa Engstfeld alrededor de las 7.30 AM. Este último movimiento atentaría contra la hipótesis de que murió de madrugada. ¿Quién más hubiese entrado a ese perfil? Engstfeld había cenado con Nisman el 26 de diciembre en su departamento. En un escrito de la querella también se afirmó que el teclado de la laptop no tiene huellas. Ni siquiera de Nisman.

Huella. Al igual de lo que sucede con el lugar del disparo de Nisman, hay una afirmación popular que reza que “no había huellas en todo el departamento”. En realidad, no se levantaron huellas en todo el departamento, sino en algunos lugares estratégicos como el picaporte interno de la puerta de servicio, el picaporte interno de la puerta principal y la puerta que comunica la cocina con un pasillo. En esos lugares se encontraron apenas cinco huellas aptas para el cotejo, de las cuales solo dos coincidieron con las huellas dactilares de Nisman. Hay tres que no se pudieron identificar. Con esto pasó algo llamativo: se enviaron las muestras para cotejarlas con el sistema AFIS, una base de datos que contiene las huellas dactilares cargadas en los registros de legajos de la Policía, Procuración de la Corte Suprema y el Registro Nacional de las Personas. El resultado también dio negativo. Esto deja lugar a dos opciones: puede que esas huellas correspondan a una persona no cargada en el registro de huellas del Registro de las Personas de la Argentina o que sea extranjera. Cabe recordar también que el fiscal tenía una fatwa, que es una sentencia de muerte del estado islámico y su vida corría peligro en cualquier parte del mundo. La querella pidió enviar las muestras para cotejar con los registros de Interpol. Aún no se hizo.

Trapo verde. Cuando Lagomarsino llevó el arma a la casa del fiscal la tarde anterior a su muerte, esta iba envuelta en un paño verde. Ese trapo también es parte de la escena de muerte del fiscal. Está sobre la mesada y tiene manchas de sangre que luego de ser analizadas se determinó que pertenecen a Nisman. La defensa de Lagomarsino le da valor a este elemento, porque indica que el arma llegó al lugar de la mismo forma en que el especialista informático se la entregó al fiscal. En la cronología craneada por la defensa, esto demostraría que fue el propio Nisman quien llevó el arma al baño. Sobre la posición final del arma se hacen una pregunta: ¿cómo es posible que un killer profesional, experto en simular suicidios y que se va sin dejar ni una huella, deje tirada el arma en un rincón al lado de la cabeza? “Un profesional te deja el arma al lado de la mano. Hollywood tiene videotecas enteras de simulación de suicidios”, se entusiasman en la defensa de Lagomarsino.

Contradiccion. Los peritos de la querella se encontraron en una encerrona. Ellos habían afirmado que en el baño de Nisman había habido una sola persona y la mano del fiscal había sido acompañada por el asesino. Para Salcedo, toda la investigación científica cerraba con dos personas en el baño, el fiscal y su supueso asesino. Ahora, con la nueva hipótesis las personas en el baño son tres. La hipótesis fue aceptada por la querella a pesar de contradecir la anterior de ellos. Pareciera importarles más la carátula de homicidio que los detalles de cómo pudo ejecutarse.

A dos años y 9 meses de la muerte del fiscal hay argumentos científicos para una u otra dirección. ¿Quién tiene razón? ¿Los peritos que intervinieron los primeros meses o los de Gendarmería? La valoración final la tendrán el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini. Cualquier fallo será discutido, pero los jueces no deberían fallar por los climas sociales, sino basados en los hechos.

 

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