Opinión / 5 de octubre de 2017

Ishiguro es Premio Nobel y volvió la literatura

Después de dos elecciones muy criticadas, la Academia Sueca celebró a un escritor clásico, con una obra indiscutible.

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Los que vimos esta mañana los tweets y las noticias anunciando el último Premio Nobel de Literatura, tuvimos un momento de confusión: ¿Ishiguro o Murakami?

Porque este último, japonés y bestseller indiscutido de los últimos años, era uno de los grandes favoritos para quedarse con el premio.
Pero no, el favorecido fue otro escritor de nombre japonés, Kazuo Ishiguro, que aunque nació en Japón como Murakami (en 1964), vivió toda la vida en Inglaterra y es parte del grupo de autores que en los ’80 lideró el panorama literario mundial (estamos hablando de Amis, Barnes, Swift, McEwan, Rushdie, Kureishi).

De esa época data su obra más famosa “Los restos del día” o “Lo que queda del día”, la historia del mayordomo fiel, obsesivo y abnegado que fue llevada al cine por James Ivory, con el protagónico de Anthony Hopkins.

Menos leído en los últimos años, sus novelas más recientes son distópicas e imaginarias (“El gigante enterrado”, “Nunca me abandones”, entre otras, editadas en castellano por el sello Anagrama).

A pesar de los méritos de Ishiguro, su premiación fue inesperada. La Academia justificó su elección con estas palabras “sus novelas de gran fuerza emocional que han descubierto el abismo bajo nuestro nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”.

Lo real es que después de optar por una definición excesivamente amplia de la literatura como para incluir a Bob Dylan o a la periodista bielorrusa Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich, la Academia abandonó la creatividad y retornó al clasicicismo celebrando una obra literaria más formal. Ishiguro puede gustarte o no, pero nadie pondría jamás en duda la calidad de su trabajo.

 

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