Mundo / 11 de octubre de 2017

Puigdemont al borde de la traición a la causa de la independencia

¿Qué hizo finalmente Carles Puigdemont con la proclamación de la república independiente que debía efectuar?

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El jefe de Gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont, firma la declaración de independencia de la región.
El jefe de Gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont, firma la declaración de independencia de la región.

Lo que hizo el presidente del Govern es buscar un camino alternativo, jugando a la ambigüedad. No había una tercera posibilidad: o declaraba la independencia y la república, o daba marcha atrás y suspendía tal declaración. Pero él, sintiéndose entre la espada y la pared, buscó ir hacia adelante sin hacer del todo una cosa o la otra.

Para los socios más radicales del gobierno separatista, Puigdemont se puso al borde de la traición a la causa de la independencia. Para el gobierno español, los catalanes españolistas y los principales partidos nacionales, continuó avanzando por el camino de la ilegalidad hacia la destrucción de España.

Algunos interpretan que le pidió al Parlament suspender la proclamación de la república independiente, hasta haberla negociado y acordado con Madrid. Pero lo que hizo Puigdemont, fue proponer que se declare la independencia y a renglón seguido se suspendan sus efectos. No es lo mismo suspender la declaración de independencia, que declarar la independencia y poner en suspenso sus efectos. El líder separatista hizo lo segundo.

Por cierto, no es algo contemplado en la legalidad vigente. En rigor, el gobierno de la alianza Junts Pel Si y la CUP ha puesto a Cataluña en un limbo jurídico desde que dictó la Ley de Referéndum, violando no sólo la Constitución española sino el propio código de procedimiento del Parlament.

La consulta popular tampoco cumplimentó ni siquiera lo establecido por la Ley que la habilitó. Pero el dúo Puigdemont-Junqueras optó por considerar válida la votación y actuar en consecuencia. Pues bien, según la Ley de Referéndum, si el resultado de la votación es favorable a la proclamación de independencia y república, Parlament y Govern están obligados a proclamarlas.

Por eso lo que ocurrió en Barcelona no fue la suspensión de la proclamación independencia, sino la proclamación de la independencia y la inmediata suspensión de sus efectos.

Parece un juego de palabras, pero no lo es. Se trata, por un lado, de una muestra de debilidad: la fuga masiva de capitales y la tardía toma de conciencia sobre el aislamiento en el que quedaría Cataluña si aplica un DUI (Declaración Unilateral de Independencia), lo hizo producir esa declaración unilateral, pero disfrazándola de gesto dialoguista y negociador.

Por lo pronto, logró que el gobierno de Rajoy suspendiera, si es ese era su plan, una acción relámpago que detuviera a las autoridades independentistas de la Generalitat ni bien proclamaran la secesión.

Poner en “stand by” la independencia declarada no implica renunciar al objetivo separatista, sino tomar por una de las vías descriptas en un plan estratégico de los independentistas. Esa vía conduce a un nuevo referéndum, esta vez aceptado y legalizado por España, para obtener en esa consulta un derecho a la independencia que sea reconocido por la Unión Europea.

Si es así, Puigdemont y Junqueras estarían forzando a España a sentarse a negociar. Pero la primer impresión es que el jefe del independentismo actúa como si estuviese acorralado, resquebrajando su alianza con la CUP y apostando a una ambigüedad que empieza a desdibujar su liderazgo.

 

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