Economía / 22 de octubre de 2017

Econo-candidatos juzgan el marxismo a 100 años de la Revolución Rusa

Se cruzan los macristas Anchorena y Amadeo, el K Feletti, Tombolini, D’Attellis (PJ) y el trotskista Ramal.

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“No soy el más indicado para hablar de Marx” y “¡qué nota rara!”, contestaron dos economistas kirchneristas cuando NOTICIAS los consultó sobre ideas marxistas que sigan vigentes. “¿Sobre la revolución bolchevique?, no creo que hablemos de un tema como ese”, “sorry, no es un tema del que pueda decir algo que no sea un cliché”. contestaron economistas de Cambiemos. “Estoy con muchas cosas de campaña”, contestó un colega candidato que ahora se posiciona en medio de la grieta.

Anchorena. José Anchorena, subsecretario de Políticas y Estadísticas Laborales del Gobierno de Mauricio Macri y profesor de historia económica, contestó: “Las principales lecciones de las experiencias comunistas son negativas. Primero, son regímenes de gran sufrimiento tanto económico como en términos de vida humana y de frustración generalizada. Segundo, como dijo un gran matemático rumano, Balas, quien fue encarcelado y torturado tanto por nazis como por comunistas, luego de ser funcionario comunista: ‘Cuando hay que elegir entre libertad e igualdad, mi tendencia es a favor de la libertad: estoy convencido de que la igualdad ganada a costa de la libertad termina siendo efímera y sin gracia’. Esto se ve cuando uno recorre Cuba. Tercero, muchos de los países más desarrollados, como Australia, Canadá, Francia o Alemania, que han elegido el sistema capitalista-liberal, han logrado tener altos niveles de libertad con altos niveles de igualdad”.

“¿Por qué falló Marx en sus predicciones respecto a la necesidad histórica de la revolución y la dictadura del proletariado?”, propone Anchorena, ex director de desarrollo económico de la Fundación Pensar. “La clave es entender la complementariedad entre trabajo y capital. La teoría de lucha de clases se basa en dos premisas: cada vez hay más trabajadores precarizados y el capital se encuentra en cada vez menos manos. Ahora, con el auge del capital humano, de la educación generalizada, de la ciencia, de la tecnología, del emprendedorismo, el capital y el trabajo resultan complementarios. Por eso los salarios medios en los países avanzados se multiplicaron en 100 años por siete u ocho veces. Los trabajadores son, de alguna manera, capitalistas, propietarios de un capital intransferible y, por tanto, no acumulable en pocas manos, como es el humano. Esto hace irrelevante y hasta negativa para el progreso una visión clasista en cuanto a entender lo que sucede en las economías modernas. Y esto hace anacrónicos a los partidos de izquierda que basan su visión del mundo en esa lucha, tales como los del FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores)”, ataca Anchorena.

“La visión comunista de la economía no incorpora la concepción de ‘orden espontáneo’ de Hayek”, cita el subsecretario al economista liberal austríaco. “Por eso sus proponentes contemporáneos son tan proclives a las teorías conspirativas. El punto es que sistemas complejos de gran sofisticación suelen ser órdenes espontáneos, tales como la naturaleza, el cuerpo humano o una economía de mercado moderna. Desde este punto, el fracaso de la economía comunista era previsible. Pero aclaremos: uno, Marx fue un gran economista, sobre todo mostrando la relación entre sistemas de producción y estructuras sociales y políticas. Dos, regulación no es socialismo. Tres, el socialismo europeo del presente y la socialdemocracia son liberales y de mercado, tienen poco que ver con ideas marxistas”, concluye Anchorena.

Amadeo. Otro economista del PRO, Eduardo Amadeo, opina que “la revolución bolchevique fue un episodio casi inevitable para el momento social y político que vivía el mundo, pero sus propuestas de mayor equidad y representación se diluyeron porque la ideología y el autoritarismo impidieron el disenso”. El diputado sentencia: “El resultado ha sido hambre, muerte y generaciones perdidas. El marxismo no ha podido resolver el problema de los incentivos para sostener la productividad. El Estado no puede asegurar el mismo nivel de crecimiento que el capitalismo. Un socialismo deseable debería asegurar democracia plena, economía productiva, movilidad social e innovación”.

Feletti. En el kirchnerismo, el secretario de Economía de La Matanza, Roberto Feletti, opina que “el marxismo tiene vigencia en cuanto a que explica el modo de acumulación de capital y su fórmula de reproducción, pero no como praxis política en cuanto sistema basado en la planificación centralizada y la colectivización de los medios de producción”. El ex viceministro de Economía del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner añade: “Esto quedó superado por la revolución científica y tecnológica, que creó bienes no tangibles. Una revolución comunista hoy quedaría trunca a los ocho años porque sus medios de producción quedarían obsoletos. Además, los marxistas más modernos no pudieron resolver el hecho de que hoy la plusvalía no proviene sólo de extraerla de los trabajadores sino de la reproducción del capital financiero, que hoy vale más que los activos reales. Pero la acumulación del capital es el núcleo duro de los procesos de desigualdad social y miseria que vive el mundo. La forma de acumulación de capital financiero, según Piketty, nos ha llevado a niveles de desigualdad de 1914”.

Tras citar al economista francés de moda, Feletti amplía su pensamiento: “También siguen vigentes la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria y la concepcion de hegemonía, idea gramsciana, que plantea que el Estado es manejado por una relación de fuerzas de la sociedad. Por eso, a los movimientos nacionales y populares no les alcanza con llegar al gobierno sino que deben conformar coaliciones sociales para emprender procesos de transformación profunda. Hoy a nadie se le ocurriría hacer una revolución proletaria, pero el socialismo sigue vigente como captura de renta por parte del Estado y su distribución en bienes de alcance universal como la educación y la salud. Noruega captura renta petrolera y la redistribuye. Es lo contrario al desarme del Estado del bienestar. Es la experiencia sudamericana de principios de este siglo, donde la renta de los commodities se usó para asignación por hijo o jubilaciones”.

Tombolini. Matías Tombolini, candidato a diputado de la alianza massista 1País, reconoce que el marxismo “fracasó como política, pero es una herramienta interesante de análisis en la medida en que se achica el Estado del bienestar, que no es marxista sino keynesiano; cuando florecen los nacionalismos y corre riesgo la estabilidad global”. Tombolini considera que “la contradicción entre salario y capital sigue vigente”. También rescata el concepto de plusvalor: “Se modificó porque se modificaron las relaciones en el capitalismo moderno, pero debe ser repensado”. El periodista aclara: “No creo que las ideas deban ser descartadas, excepto las que descartan a otras personas. Deben repensarse hasta que como hipótesis se demuestren falsas, como dice Popper”. Tras citar al filósofo liberal austríaco, Tombolini concluye: “Hay una tendencia de acumulación de capital que permite pensar algunas ideas marxistas como vigentes”.

D’Attellis. Agustín D’Attellis, candidato a diputado del frente randazzista Cumplir, rechaza la abolición de la propiedad privada de los medios de producción o la planificación “extrema” de la economía, a la que le atribuye el “fracaso” del socialismo real. “Pero retomar el concepto de planificación de la economía por parte del Estado es correcto si es en su justa dosis y dentro de una economía de mercado. Para avanzar en estadíos de desarrollo, el rol del Estado en identificar sectores estratégicos y promoverlos con políticas específicas, con subsidios y estructura tributaria, me parece necesario. Estoy en contra del libre mercado absoluto. Rescato el rol del Estado en la distribución del ingreso que planteaba el socialismo, sin llegar al extremo de una asignación completamente equitativa, sin tener en cuenta habilidades. Pero tampoco debe estar librada a la fuerza del mercado porque con el tiempo concentra el ingreso en pocas manos. La idea de colectivización en algunas actividades en economías con altos niveles de pobreza es un modelo que se puede aplicar”.

Ramal. Un marxista como Marcelo Ramal, candidato a diputado del FIT, reivindica sus ideas: “Primero, la tendencia del capitalismo a su declinación, que es la idea más potente de Marx en ‘El capital’ sobre economía. Si es el trabajo humano el que crea valor y el capitalismo tiende a reemplazar trabajo por maquinización creciente que sólo transfiere valor, la declinación de la tasa de beneficio es el resultado y el capitalismo busca resolver esto con explotación del trabajo o con destrucción del capital en términos de competencia. Este pronóstico está vivo a más de 150 años de ‘El capital’: automotización extrema, precarización laboral, rivalidades nacionales, guerras, destrucción de fuerzas productivas, quiebras de la capacidad de trabajo humano. La era de la globalización abrió una ilusión en los capitalistas de que la asimilación de los ex estados obreros de la Unión Soviética y China al mercdoa mundial iban a revertir la tendencia a la declinación, pero en China el desarrollo de una industria exportadora fundada en condiciones laborales precarias acentuó el exceso de producción”. Ramal, actual legislador porteño, rescata desafía: “Tiene verificación histórica el planteo marxista de superar la anarquía del mercado con la regulación de la economía planificada. Hay interpretaciones que atribuyen la crisis de los países con economía planificada a la planificación, pero ésta aportó saltos fantásticos en la industria, el trabajo y la transformación del campo. Lo que ocurrió es que, como la revolución socialista quedó confinada a la Unión Soviética, se limitó un desarrollo económico y social más amplio”. Este 22 de octubre en las urnas se hablará de marxismo.

 

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