Opinión, Política / 3 de noviembre de 2017

A Cristina le conviene ir presa también

La ola de detenciones de íconos K la deja en el peor de los mundos, aunque parezca lo contrario.

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A principios de este año, el verano pasado, NOTICIAS hizo una tapa profética con Cristina: “Por qué quiere ir presa”, provocaba el título. Los genios de siempre, a un lado y otro de la Grieta, nos tildaron de lunáticos, exagerados, retorcidos… también negaban por esos tiempos que la ex Presidenta tuviera la audacia de presentarse a elecciones, y calculaban que tenía pocas chances de sumar votos suficientes como para inquietar al macrismo y convencer al peronismo bonaerense de que la acompañe en la aventura electoral. Al cabo del año, pasó lo que pasó, lo cual desmintió muchos pronósticos esclarecidos. Pero lo cierto es que, en aquellos primeros días del 2017, CFK pasaba por su fase más histriónica, protagonizando un reality muy casero -captado con celular- para provocar y ridiculizar al juez Bonadio, a quien señalaba como el símbolo de la manipulación PRO del relato judicial.

Hoy asistimos a una catarata de efectos especiales activados en Comodoro Py, que van armando una película justiciera donde caen uno a uno los villanos que hasta hace poco gozaban del poder impune. Parece una cacería anti K, en un tiroteo que al menos por ahora solo deja en pie -herida pero todavía libre- a Cristina. Puede que todo este bombardeo de detenciones espectaculares sean el precalentamiento mediático que prepare el terreno para la detención de CFK, tan deseada y a la vez tan temida por el universo macrista: la opinión PRO permanece dividida respecto de la conveniencia de meterla presa.

Pero también podría pensarse -con ánimo maquiavélico- que se trata de un plan macabro para aislar a la ex mandataria en un presente sin futuro y sin pasado (glorioso). Un limbo amenazante que la neutralice para siempre, dejándola colgada en el oprobio eterno y decadente que atrapó, por ejemplo, a Menem. Basta observar cómo algunos incondicionales de otros tiempos (De Vido y D’Elía, los más notorios) la señalan como la reina de la traición. De la jefa de la década ganada, a la gran entregadora de los corruptos útiles. Esa mutación de la imagen de Cristina, especialmente a los ojos de su propia tropa, del peronismo en general, sin medios afines en pie para defenderla, podría ser el veneno más letal para terminar con la batalla cultural que llegó a liderar el kirchnerismo por varios años, y que amagaba con instalarse de modo permanente en la política argentina.

Acaso por eso, lo mejor que podría pasarle hoy a Cristina es, como a sus ex colaboradores, ir también presa.

 

11 comentarios de “A Cristina le conviene ir presa también”

  1. Me pregunto, habra alguien el futuro que se encargue de juzgar a Los actuales responables del actual festival de bonos, una conocida forma de cobrar de varias generaciones de politicos Argentinos, espero que si como se esta haciendo actualmente con la reciente corrupcion, y asi romper definitivamente el circulo vicioso de la corrupcion.

  2. PARA CUANDO JUECES Y FISCALES, TIENEN QUE HACERLE JUICIO PARA METER PRESO ALGUIEN.
    DEPLORABLE TODO LO QUE ESTA PASANDO. NADIE ACTUA, TIENEN MIEDO.
    DONDE ESTA ANIBAL FERNANDEZ??????????????

  3. No debe haber miedo en que los ladrones del pueblo y del pueblo pobre que dijeron proteger vayan presos, debe ser claro muy claro cada sentencia y mostrar al pueblo argentino las pruebas de porque se los condena.-

  4. “los genios de siempre” dice el “periodista” poniendose de esa manera (o por lo menos lo intenta), por encima del pobre ciudadano de a pie, con capacidades medias o nula, nada comparadas con las inconmensurables capacidades intelectuales del periodismo. Es una enfermedad de la sociedad toda, incluido de los señores periodistas, subestimar a los demas.

  5. ¿Sin condena ?, Craso error , La sociedad en su conjunto , lo sentencio…

    Julio , como dijo el Nefasto , ¿ estas nervioso ? Te quiero ayudar , que te puedo cobrar…
    A la interminable lista de horrores y desatinos del ciclo de facto culminado en 1983 le ha sucedido un proceso de características afines en lo atinente a la definición y ejecución de políticas igualmente erráticas e inconducentes cuya continuidad sigue siendo gravosa y nociva para los intereses del país, sumido en una profunda e integral decadencia no sólo económica, sino abarcativa de lo político-institucional, ético-moral, educativo, cultural, jurídico y social. El extravío intelectual y político de los liderazgos recurrentes y sus burocracias, por lo general ineptas, atisban personalidades de una marcada estrechez mental, debilidad moral, egocentrismo e hipocresía de por sí inhabilitantes y que no tienen disculpa en aquellos que integran la mal llamada “clase dirigente”. Remedos de liderazgos y magistraturas de excelencia que conocimos en otros tiempos, incapacitados para recrear el trazo estratégico de una política nacional de corto, mediano y largo plazos, ofician hoy de meros repartidores de dineros en muchos casos sospechados de espurios y de gestores de beneficios, subsidios y otras canonjías con los que conquistan voluntades y simpatías procurando asegurar el próximo resultado electoral, reciclando de este modo una suerte de huida hacia adelante en un quehacer carente de sentido, que no constituye garantía ni destino cierto para casi nadie, excepción hecha de los protagonistas y beneficiarios de un régimen que se extingue víctima de sus propios errores, vicios y excesos. Protagonistas de una nueva y escandalosa frustración, su empinamiento marca el contraste grotesco con dos generaciones de argentinos arrojados a la periferia de un consumismo estéril, un materialismo frustrante, una cultura relajada y decadente, una violencia criminal insólita, un submundo marginal potenciado por el fenómeno narco inimaginable pocos años atrás, una comunidad fracturada entre “derechas e izquierdas”, ricos y pobres, civiles y militares y un hondo y marcado pesimismo, junto con la pérdida de valores esenciales para la vida política, social y productiva y la perspectiva de un futuro incierto y riesgoso; conformando una realidad a la medida del diseño y la necesidad de alguna exótica potencia, que ejercita su imperium y control sobre el país a partir de un ejército de burócratas sin conciencia, enquistados en unos “cotos” cerrados e inabordables llamados “partidos”. El espectáculo tragicómico de la Argentina de este tiempo se corresponde con la alegoría de aquella visión de José Manuel Estrada, en su discurso del 13 de abril 1893: “…Veo bandas rapaces movidas de codicia, la más vil de todas las pasiones, enseñorearse del país, dilapidar sus finanzas, pervertir su administración, chupar su sustancia, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos a otros a la luz del día. Veo más: un pueblo indolente y dormido que abdica de sus derechos, olvida sus tradiciones, sus deberes y su porvenir, lo que debe a la honra de sus progenitores y al bien de la posteridad, a su estirpe, a su familia y a su mismo Dios… Concupiscencia arriba y abajo… eso es la decadencia… eso es la muerte…”. Afortunadamente, muchos ciudadanos que conservan, reivindican y practican el reconocimiento y la gratitud a una patria pródiga y generosa como Argentina, forjados en la cultura del trabajo honesto y el esfuerzo constante como vehículos de la plenitud personal y social han comenzado –en cantidad y calidad– a “darse cuenta”. Revalorizando el acierto de la moraleja en la vieja fábula de Iriarte sobre el oso bailador: “Si el sabio no aprueba, malo… si el necio aplaude, peor”. Juan Manuel Castañeda

  6. Cristina es un verdadero bochorno . Se le debe estrujar el corazon al ver lo bajo que ha caido y le debe correr frio por la espalda de solo pensar en lo que le espera. Pobre mujer.

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