Televisión / 3 de noviembre de 2017

El maestro: concurso de baile

Serie. Miércoles a las 23 por El Trece y jueves a las 22 por TNT (la serie completa está on demand). Elenco: Julio Chávez, Inés Estévez, Juan Leyrado, Carla Quevedo y Luz Cipriota, entre otros. Guión: Romina Paula y Gonzalo Demaría. Producción: Eltrece, TNT, Cablevisión y Pol-ka. Dirección: Daniel Barone.

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★★★ Grandes personajes son los protagonistas de la serie “El maestro”: un bailarín clásico, Prat (Julio Chávez), retirado hace años, se dedica a la docencia en su estudio sin mayor expectativa que recordar ovaciones del pasado; tiene una ex mujer, Paulina (Inés Estévez), también ex estrella de la danza, llena de rencor por haber resignado su carrera cuando, sin desearlo, tuvo un hijo de Prat, pero que logró reinventarse como despótica empresaria; y Luisa (Carla Quevedo), una chica con mucho talento artístico nacida en un contexto social difícil que apuesta a ganar una beca, meta que la conduce al “Maestro”.

Grandes personajes que recuerdan a prototipos de grandes películas como “Billy Elliot” (un bailarín surgido de clase popular) y “Million dollar, baby” (la relación entre una aprendiz de box y su hosco entrenador), aunque “El Maestro” nada les debe ni se acerca a esas historias. Quizá hubiera resultado más efectivo el formato acotado de un film. Porque para una serie de doce capítulos resulta poco sustanciosa y artificialmente alargada. El guión de Gonzalo Demaria y Romina Paula, dramaturgos, novelistas y directores de teatro que garantizan aire fresco en la televisión, plantea una situación muy interesante pero que queda a medias, con resoluciones muy estereotipadas, sin grosor. Ejemplos: Luisa queda embarazada de su novio boxeador Brian (que se llame así ya suena a lugar común) y pone en riesgo su ansiada beca. La solución encontrada es un aborto espontáneo y aquí no ha pasado nada: ninguna decisión, ninguna complejidad, ningún compromiso, apenas un fogonazo para justificar ir y volver al punto inicial. Al pobre Brian, un escollo en la relación entre Prat y Luisa, se lo saca del medio con otro recurso muerto de cansancio; las escenas de gay-maduro-busca-chongo de Mario (Juan Leyrado), el amigo y colaborador de Prat, son demasiado banales para resultar simpáticas.

Después del “Gitano” Perotti de “El puntero”, este es el mejor papel que interpreta Chávez en TV. Su Prat es genial y contradictorio, vive con un pie en el hoy y otro en lo que fue, e intenta redimirse como padre en el rol de abuelo y como bailarín, en el de guía de su discípula. El vínculo que ambos establecen crece pero resulta forzada la tensión sexual (¿era necesario?) profesor-alumna; o mejor dicho, entre el actor y Quevedo, actriz todavía poco conocida en nuestro medio si bien trabajó en “El secreto de sus ojos”, además de filmar en los Estados Unidos (la serie “Show me a hero”). Pero es en Estévez donde se centra casi toda la luz de “El maestro”: cuando aparece Paulina sí saltan las chispas. Con su ex (se adivina un fuego no extinguido), con su bailarina protegida y amante (muy bien Luz Cipriota), con el funcionario al que da órdenes a cambio de favores (gran Marcos Montes). Lo único imprevisible, lo que tal vez recordemos, por ahora sólo puede venir por ese lado.

 

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