Cultura / 4 de noviembre de 2017

Revolución Rusa: Stalinismo salvaje

NOTICIAS entrevistó a Orlando Figes, uno de los grandes especialistas en la historia del siglo XX en Rusia. Ideales, economía colectiva y KGB.

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Orlando Figes no es un historiador tradicional. No sólo es uno de los grandes especialistas en la Rusia del siglo XX; además, es el primer occidental que accedió al catálogo completo de archivos sobre la revolución de 1917.

Actualmente, enseña historia en el Birkbeck College de la Universidad de Londres pero, desde los ’90, pasa gran parte del año inmerso en los documentos que dan cuenta de lo que fue el régimen stalinista por dentro. Relatos orales y cartas son el material principal del que se nutren sus investigaciones.

El resultado es un conjunto de libros apasionantes (“La revolución rusa 1891-1924. La tragedia de un pueblo”, “Crimea” y el último, “Una palabra tuya. Amor y muerte en el gulag”, entre otros), en los que Figes no sólo relata los grandes hechos de la historia, sino también el día a día de la gente común. La que fue al frente de batalla en la Segunda Guerra y después fue enviada a los “gulags” (campos de trabajo) acusada de traición. La que padeció las purgas, delaciones y vivió décadas en silencio (a propósito de esto, uno de los mejores textos de Figes se llama “Los que susurran”). La que contribuyó al desarrollo de una industria moderna pero atravesó algunas de las peores hambrunas que vivió la humanidad. “Tuve la necesidad de plasmar las tragedias de la gente, para que se vea y entienda a la revolución como un drama humano enorme”, explicó a NOTICIAS, durante la charla vía Skype que mantuvimos para realizar esta nota.

A 100 años de la revolución, el testimonio del investigador que mejor supo contar la peor oscuridad del régimen soviético.

Noticias: La Revolución Rusa ha cumplido 100 años, ¿siguen vigentes los ideales que la motivaron?
Orlando Figes: Para algunas personas y algunos países, sí. Para Rusia un poco menos. Los rusos ya no comparten ni promueven ideas socialistas. No les interesa festejar ningún logro de la Unión Soviética porque no consideran que los haya habido.
Por otro lado, hay quienes creen que estamos viviendo en una época de revoluciones. En muchos países, al Estado le está costando contrarrestar el desafío de grupos organizados que pueden movilizar a las masas en las redes sociales, para una protesta efectiva. Aún hay un potencial revolucionario y en esas situaciones, la gente va a mirar atrás, a la revolución de Lenin en particular. ¿Por qué? Porque si hay algo que caracterizó a la revolución leninista fue que no necesitó una avanzada sociedad industrial ni un movimiento laboral organizado. Bastó con una fuerza militar para imponerse al Estado. Ese es el atractivo de la Revolución de Octubre en el Tercer Mundo durante el Siglo XX, el énfasis en el poder militar, el terror, el uso de la guerra civil para pulverizar al otro e instaurar gobiernos revolucionarios.

Noticias: Usted es muy crítico con el stalinismo. ¿Hay alguna herencia positiva en el régimen soviético?
Figes: Los rápidos avances que se produjeron en la década del ’20. En especial en educación. La electricidad también se propagó realmente rápido. El avance en materia de ciencia y tecnología, aunque creo que son cosas que hubieran pasado de todas maneras. Hay un montón de historiadores que describen lo que pasó durante el gobierno de Stalin y sus preguntas descartan todo tipo de respuesta negativa. Eso termina pareciéndose a una justificación del sistema: mataron a un montón de gente, generaron toda esta destrucción, pero crearon los tanques que derrotaron a Hitler. O lograron una sociedad industrializada moderna. Tomemos una cuestión específica como la colectivización, tal vez la política más dañina de la Unión Soviética. Por ella las cosas se pusieron “patas para arriba”, miles de personas perdieron su calidad de vida, sus propiedades y hasta la vida. Varios historiadores la justifican como un esfuerzo superior por el bien del país. En mi opinión, esa es una manera muy problemática de mirar la historia. Sin la colectivización, también podrían haber salido adelante. Se trató de una guerra contra los campesinos y lo enmascararon en una razón más compleja. Hoy podemos entenderlo como un holocausto social.

Noticias: ¿En qué momento se abrieron por completo los archivos soviéticos para los investigadores?
Figes: La primera vez que fui a Moscú, en 1994 (yo era un estudiante recién graduado) me resultó muy difícil investigar. Me dejaron acceder a una parte muy pequeña de los archivos y nos hacían trabajar en habitaciones separadas de los archivistas e historiadores rusos. Además, trabajabamos sobre lo que ya habían hecho otros historiadores. Cada pedido de un archivo que se realizaba pasaba por la KGB, así que uno recordaba siempre dónde estaba trabajando realmente. Yo tuve suerte porque tenía conexiones con otros historiadores distinguidos. Ellos me contactaron con archivistas que me facilitaron la consulta de materiales inaccesibles. Además, trabajando en Rusia, coincidía con ellos en las cantinas. Me iba al baño a fumar y los archivistas estaban muy contentos de compartir mis cigarrillos. Eso me ayudó a estrechar relaciones. En 1997, fui el primer historiador occidental que tuvo acceso al catálogo de archivos del período revolucionario. Entonces comenzamos a trabajar sistemáticamente. Hay que tener en cuenta que los rusos habían abierto sus archivos, solo para ellos, recién en 1991. No había pasado tanto tiempo. La apertura rusa era tan novedosa que de repente muchos historiadores de todo el mundo se interesaban en investigar la Unión Soviética. Esto hizo también que “misteriosamente” mucho material desapareciera dentro de ese caos.

Noticias: ¿Cuándo comenzó a interesarse en la “micro” historia, la historia de las personas?
Figes: Creo que es necesario entender el pasado con la perspectiva de los individuos. No en términos de los movimientos de masas, las ideologías o los partidos, sino la historia como un evento humano. Esa fue mi idea desde mi primer libro y por eso la necesidad de plasmar las tragedias de la gente, para que se vea y entienda a la revolución como un drama humano enorme. Muchos colegas tienen una mirada “desde arriba”. Están parados en un Olimpo y dicen que tal o cual cosa significa esto o aquello y que sucedió por tal motivo. Esta manera de hacer historia carece de un componente emocional.

Noticias: ¿Ha recibido críticas por hacer este tipo de historia?
Figes: Sí. A muchos académicos mi método de comunicar y difundir la historia no les gusta. Pero no es mi prioridad conformar a la academia. Hace 20 años, cuando publiqué “La revolución rusa (1891-1924). La tragedia de un pueblo” muchos colegas desaprobaron la obra porque buscaba comunicarse con un público más amplio. Y hoy debo decir que muchos tratan de escribir de esa manera, porque amplía su horizonte de lectores.

Noticias: Sus libros también tienen algo de la escritura periodística y la literatura.
Figes: Me gusta la buena literatura. Y tengo que decir que el 90 por ciento de la escritura académica de historia es virtualmente ilegible. Me baso en hechos reales y documentados y esto es central en mi investigación. Pero es sólo la base, después viene la escritura.

Noticias: Su libro “Los que susurran” tuvo una muy buena acogida en la Argentina. Es una obra apasionante, en la que uno puede sentir como vivieron los rusos durante medio siglo.
Figes: He tenido una respuesta muy interesante del público latinoamericano con ese libro. Una cosa muy particular, también, es que fue muy exitoso en China. Creo que la razón es que los chinos no tienen permitido hablar de lo que sucedió bajo el mandato de Mao y en “Los que susurran” encontraron la manera de discutirlo de manera solapada. Ellos encuentran analogías entre el proceso soviético y las políticas chinas.

 

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