Costumbres / 19 de noviembre de 2017

El furor de los growlers, los botellones de cerveza artesanal

Con la explosión de las birrerías aparecieron grandes bidones de vidrio de dos litros y más económicos que en la barra.

Berna tiene sus propios growlers y una gran variedad de cervezas artesanales.
Berna tiene sus propios growlers y una gran variedad de cervezas artesanales.

El uso de growlers, los botellones gigantes de vidrio y casi dos litros de capacidad, se convirtió en tendencia de la mano del auge de las cervecerías artesanales.

“Los growlers la una opción perfecta si estás buscando una manera práctica de proveer cerveza artesanal fresca a muchas personas”, explica Pablo, dueño de Berna Brothers Co, en el barrio de Colegiales.

Aunque hay que tener en cuenta que la cerveza comienza a perder carbonatación rápido luego de que el growler se destapa, y que si no son limpiados adecuadamente pueden derivar en un mayor riesgo de arruinar la cerveza, el envase ayuda a mantenerla casi intacta hasta 48 hs. en la heladera, y en condiciones aceptables hasta el quinto día de llenado.

“Si la gente no limpia los growlers adecuadamente, la cerveza no tendrá buen sabor. Si esperan mucho para beberla, puede perder gas. Si estos envases se exponen al calor, la cerveza puede echarse a perder. Entonces no hay que culpar a la cerveza”, advierte el experto.

Inicios. Charlie Otto, dueño de Otto Brothers’ Brewing Company, la primera cervecería artesanal de Wyoming (EE.UU.), fue el pionero de los growlers en 1989. Su abuelo había fabricado licor ilegal durante los años de la ley seca en Estados Unidos, y los conocía bien. Los botellones de cerámica se reemplazaron por bidones de vidrio, y Otto se convirtió en el pionero de un modelo de negocio.

En la década siguiente los growlers se instalaron como tendencia en todo el hemisferio norte, pero a nuestro país tardaron casi veinte años en llegar. En Argentina, los growlers empezaron a conocerse en recién octubre de 2013, cuando Antares incursionó con este formato al presentarlo.

Y se necesitaron cuatro años, y que las cervecerías brotaran en las principales ciudades a montones (en algunos barrios casi de a una por cuadra), para que se convirtieran en tendencia. Hoy las cervecerías artesanales tienen sus propios diseños.

Marcelo Terren, dueño de “On Tap”, inspiró todo el concepto de su marca en la clásica tradición de bares de canillas de Estados Unidos. Después de seis meses viviendo ahí entre viajes de intercambio y de trabajo, decidió reproducir localmente los envases de vidrio: les grabó su logo y los incorporó a su primer local en Palermo.

Hoy rescata varias ventajas: “los dos litros son una buena medida para mantener el precio en línea y para que el peso no los vuelva difíciles de transportar. Además la cantidad es ideal, porque el growler tiene que ser consumido rápidamente, preferentemente en el mismo día. Una vez abierto empieza a perder gas como si fuera una gaseosa”, explica.

Furor. Las principales ventajas de los growlers son tres: llevarse la cerveza a casa (o a una fiesta); que esa cerveza sea una rareza; y ahorrarse unos pesos. Restando el precio del envase, la recarga es mucho más barata que su equivalente en pintas. Un vaso en la barra en promedio cuesta entre 70 y 120 pesos, mientras que las recargas (que equivalen a entre 4 y 6 vasos) rondan los 200 pesos a 240 pesos.

Sólo hay que tener cuidado con la pérdida de gas. La mayoría de los bares no cuenta con un sistema de llenado contra presión, por eso los growlers se venden llenos hasta el tope, para que la cantidad de oxígeno en la botella sea el mínimo posible.

 

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