Cultura / 21 de noviembre de 2017

Jorge Fernández Díaz, un espía muy exitoso

El periodista vuelve a la ficción con el mismo protagonista de “El puñal”. Servicios de inteligencia, política y el peso de la mirada paterna.

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Fotos: Juan Ferrari

Sentado entre espías, Jorge Fernández Díaz supo que no se había equivocado en su descripción del inquietante mundo de los servicios de inteligencia. Su imaginación superaba la realidad. Apenas un error de inexperto en la primera versión de Remil, el héroe hijo de re mil putas de “El Puñal” (Planeta) que ahora conoce el sabor del fracaso en “La Herida”, su nueva novela. La Glock 9 milímetros no se martilla, le objetaron unos agentes de elite con los que almorzaba en La Parolaccia. Cuatro Remil de carne y hueso que, después de leer “El Puñal”, lo habían contactado, de puro cholulos, para que les firmara un autógrafo.”¿Querés que te muestre la que tengo en la guantera?”, propuso uno.

La conversación transcurría distendida hasta que le preguntaron cómo se había enterado de un secreto guardado en el bajofondo del espionaje argentino: la muerte de unos piratas del asfalto que por error robaron un camión con cocaína y que, en la novela, Remil asesina a sangre fría. “Eso es ficción”, contestó Fernández Díaz. “No es ficción, eso pasó y lo sabíamos sólo tres personas en el país”, fue la inesperada revelación. Un escalofrío le corrió por la espalda. Había imaginado una muerte real. Esto lo convenció de que tenía que seguir adelante con ese personaje contradictorio pero fascinante, un canalla encantador, que en esta nueva entrega sumerge al lector en la zona más oscura e hipócrita de la política argentina.

“La Herida” (Planeta), mezcla de thriller político y novela policial, es una apuesta editorial inédita para el mercado argentino. Con una tirada de 35.000 ejemplares, en su primera semana fue el libro más vendido del país, superando a Dan Brown, bestseller mundial. Se presentará en toda América latina y en una gira por España, algo que no se hizo nunca con un autor local. “El Puñal” llegó a vender 90.000 ejemplares.

Noticias: ¿Por qué cree que son tan exitosas estas novelas?
Jorge Fernández Díaz: Muestran el lado de atrás de lo que vemos en los medios de comunicación, la trastienda. Yo confieso algo, no quiero frivolizar el tema, pero creo que el caso Maldonado era para Remil. Pero Remil, ¿qué hubiera hecho? Hubiera contado el lado de atrás, lo que los medios, la televisión, no alcanzan a mostrar. Yo necesitaba contar el entramado mafioso de la Argentina. Cuando la gobernadora María Eugenia Vidal leyó “El puñal” me dijo: “Qué suerte que lo leí antes de haber entrado en la gobernación para saber a qué me enfrentaba”.

Noticias: Es temerario que un político haya tenido que leer un libro para saber a qué se enfrentaba.
Fernández Díaz: Es que este entramado mafioso está contado en estas novelas de manera integral, cómo funciona el sindicalismo con el narcotráfico, con el funcionariado. Yo se lo dije al Presidente en un off que tuve hace poco: “Ustedes estaban preparados para arreglar la economía, cosa que no sé si van a conseguir, pero no para enfrentar a las mafias”.

Noticias: ¿Alguien que llega a la presidencia no sabe cómo funcionan las mafias?
Fernández Díaz: Puede ser que lo presintieran, pero se dieron cuenta de que se enfrentaban a mafias muy grandes que no son colaterales de la política. Eso es lo que cree la gente: que son colaterales. Las mafias están metidas en la política y eso tiene consecuencias económicas importantes.

Noticias: ¿Por qué contar el hoy?
Fernández Díaz: Porque me parece que es muy interesante dar cuenta del presente. La literatura argentina da cuenta del presente de un modo, casi te diría, sociológico, pero no político, sindical.

Noticias: Después del encuentro con los Remil comprobó que su imaginación no distaba de la realidad.
Fernández Díaz: Los espacios donde no hay pruebas se los llena con imaginación histórica, con un saber conjetural. Después de haber estudiado mucho, cuando vos entrás en esta lógica, adivinás las cosas, intuís cómo son. Estos personajes tienen un sabor a realidad. Yo leo un diario y digo: “Esto es para Remil”. Voy llenando mi casa de papeles. La realidad es una novela negra.

Malditos

Jorge Fernández Díaz tiene algo de Remil. Lo descubrió tarde, después de haber escrito “El Puñal”, cuando su consejero, amigo y escritor español Arturo Pérez Reverte le preguntó en público: “¿Vos sos Remil?” y él no supo qué responder. Tuvo que hablarlo en terapia para reconocer el maldito que todos llevamos dentro. “Quién no tiene un canalla delicioso que reprime todos los días, quién no tiene ganas de matar, de cruzar los límites, de pecar, de corromper al otro, el que diga que no se está mintiendo a sí mismo”, se anima ahora.

Noticias: ¿Y cuál de los dos se parece más a usted? ¿El primero, infalible, o el segundo, que falla?
Fernández Díaz: Remil está más golpeado en “La herida”, lo golpeó el amor. Se parece más a mí. El primero no había conocido todavía lo que era el fracaso, el fracaso verdadero que es el amoroso, que es muy pedagógico.

Noticias: Como periodista le da mucho valor a la emocionalidad, aún en sus artículos políticos. ¿Se permite la emoción en su vida?
Fernández Díaz: Cada vez más, de “Mamá” para acá. Yo creo que durante muchos años llevé una doble vida: era un gerente periodístico, que escondía sus emociones, manejaba la tropa, las investigaciones, típico periodista editor y escribía novelas nocturnamente, los fines de semana, en las vacaciones. Con “Mamá” sentí el impacto de la emocionalidad, de la sinceridad y de la identidad. De la emocionalidad porque era una bomba emocional; de la identidad, quiénes somos, exponer nuestra vida llena de canallas, de mártires, de tipos espectaculares, mostrarnos en calzoncillos. Eso fue un salto mortal para mí.

Noticias: ¿Y en qué lo cambió eso?
Fernández Díaz: Sufrí un montón de cosas que no volvería a pasar. Cómo uno se traiciona a sí mismo por amor; aprendí lo que es esperar al otro, cuando el amante espera una decisión del otro es como estar en el banco de suplentes, te quema. Lo que es extrañarse con otra persona, ver en otro lo que el otro no es.

Noticias: ¿Fue un héroe infame en el amor?
Fernández Díaz: No, pero sé que he hecho daño y me han hecho daño.

Noticias: En “La Herida” la clandestinidad es uno de los temas fuertes…
Fernández Díaz: Es la presencia de un tercero, a veces fantasmal y a veces real. Hay varios terceros, curiosamente todas las relaciones son triangulares. A veces el tercero es Dios, a veces es el fantasma de la moralidad y a veces es real.

Noticias: ¿Cómo es su relación con la clandestinidad?
Fernández Díaz: Para mí tiene varios sabores. De chico me hacían bullying en el colegio por ser asturiano y a partir de ahí me enseñaron a que no se me notara, esa clandestinidad de ser distinto. También fui un clandestino en el periodismo, ser el editor que estaba atrás. Después fui un clandestino en el amor. No sé qué me depara la vida, pero creo que decir lo que uno piensa es riesgoso. Casi cualquier cosa es pecado cuando, en realidad, los verdaderos pecados no se hablan.

Desde joven, Fernández Díaz lucha contra un pecado al que hace un tiempo pudo ponerle palabras: ser escritor. Su padre, un mozo de bar, se distanció de él cuando, a los 15 años, le contó su vocación irrefrenable. Para Marcial, un asturiano chapado a la antigua, eso era cosa de vagos. Dejó de hablarle durante mucho tiempo hasta que, paradójicamente, la literatura volvió a unirlos. Lo llamó para saber el final de unos folletines policiales que el hijo escribía en La Razón. “En el bar todos lo leen y me encomendaron saberlo”, le dijo.

Remil también lucha contra una mirada paterna que desaprueba. Su gran mentor profesional, ese que lo salva de la locura y del infierno, lo da por perdido después de una serie de errores de principiante.

Noticias: Usted traspasó su dolor al protagonista. ¿Lo sigue padeciendo?
Fernández Díaz: Yo creo que sí. Hay mandatos fantasmales que te persiguen toda la vida. Por eso “La herida” es la herida fundamental que todos tenemos, es una piedra que no podemos remover, a lo sumo podemos tratar de limarla. Cada uno tendrá la herida que diga, hay varias heridas, pero hay una que con un poco de introspección se puede descubrir.

* EDITORA de Información General.

 

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