Ciencia / 23 de noviembre de 2017

Invertir en la primera niñez

El Nobel de Economía James Heckman asegura que es la mejor política de estado.

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El estadounidense James Heckman, de 73 años, es tan respetado en el área que le valiera un Premio Nobel en el año 2000, la Economía, como en la Educación, que investiga a tiempo casi completo. De hecho, Heckman creó método científicos para validar la eficacia de programas sociales y se dedica a los estudios sobre la primera infancia que es, para él, un gran divisor de aguas. Es que Heckman considera que invertir en el crecimiento y desarrollo saludable de los bebés y niños hasta los seis años es algo que cambia la realidad de los países.

Periodista: ¿Por qué dice usted que los estímulos en los primeros años de vida son tan decisivos para tener una buena vida adulta?
James Heckman: Es una fase en la que el cerebro se desarrolla a una velocidad frenética y tiene un enorme poder de absorción, es como una esponja maleable. Las primeras impresiones y experiencias de la vida preparan el terreno sobre el cual se van a desarrollar luego el conocimiento y las emociones. Si esa base es frágil, la chance de éxito disminuye; si es sólida, se dispara en la misma proporción. Por eso es que defiendo los estímulos desde muy temprano en la vida de los bebés.

Periodista: ¿Cuán temprano?
Heckman: Puedo parecer exagerado, pero la ciencia ya reunió evidencias para asegurar que esa cuenta comienza en negativo, es decir, cuando el feto está aún dentro del vientre materno. La probabilidad de que tenga una vida saludable se multiplica cuando la madre es disciplinada en el período prenatal. Hasta los cinco, seis años, la criatura aprende a un ritmo vertiginoso y lo que incorpore será importante para el resto de su vida. Por desgracia, es una fase que acostumbra a ser poco considerada, las familias más pobres no reciben ni siquiera una orientación básica acerca de cómo enfrentar el desafío de criar un bebé, faltan buenos jardines de infantes y, sobre todo, el empujón justo en el momento adecuado.

Periodista: ¿Cuál es el precio de esa negligencia?
Heckman: Altísimo. Los países que no invierten en la primera infancia presentan índices de criminalidad más elevados, mayores tasas de embarazo adolescente y de deserción en la enseñanza media, y niveles de productividad menores en el mercado de trabajo, lo que es fatal. Como economista, hago cuentas todo el tiempo. Una que es especialmente impresionante es que cada dólar invertido en un niño o niña pequeños trae un retorno anual de más de catorce centavos durante toda su vida. Es una de las mejores inversiones que se pueden hacer, mejor, más eficiente y segura, que apostar al mercado financiero.

Periodista: Pero si eso está tan claro, ¿cómo se explica la falta de cuidado a la primera infancia a nivel gobiernos?
Heckman: Hay una ignorancia total sobre el tema. Algunas décadas atrás, la propia ciencia era poco clara con el tema. La idea que predominaba, y que hasta hoy tiene peso, es que la familia se debe encargar sola de los primeros años de vida de los hijos. El énfasis en las políticas públicas es una fase que suele venir más tarde, en la enseñanza primaria. Y así se pierde la chance de preparar a la criatura para esa nueva etapa, justamente cuando su cerebro absorbe mucho más las novedades.

Periodista: ¿Cree usted que los políticos suelen evitar la primera infancia por considerar que esa inversión es menos visible en el corto plazo?
Heckman: Los políticos pueden, sí, considerar eso, pero están ciegos. Los niños y niñas pequeños responden rápido a los estímulos de calidad. Para quien tiene el poder de tomar decisiones, dejo aquí una provocación: no invertir con inteligencia en los primeros años de vida es una decisión muy poco inteligente desde el punto de vista político. Basta con usar la matemática para darse cuenta.

Periodista: ¿Y qué muestra?
Heckman: Vamos a poner como ejemplo a la seguridad pública. Hay al menos dos caminos para mantenerla en buenos niveles. Uno de ellos es contratar policías, que deben cuidar el cumplimiento de la ley. El otro es invertir mucho en la primera niñez, para que los chicos adquieran habilidades, como por ejemplo, una buena capacidad de juicio y autocontrol, que los ayudarán a integrarse a la sociedad lejos de la violencia. La opción por la primera infancia cuesta hasta la décima parte que la opción por un ejército de policías. Caemos siempre en la misma cuestión, que es ¿prevenir o remediar? Siempre es mucho mejor prevenir.

Periodista: Hay quien puede opinar que usted suena fatalista, porque o bien los niños y niñas son estimulados desde antes del nacimiento o se pierden oportunidades únicas para su aprendizaje…
Heckman: Aunque la discusión abre un margen para hacer esa interpretación, lo cierto es que no se trata de eso. El mensaje jamás puede ser que después de cinco años, fué. Desde el momento en que la criatura está viviendo en sociedad, aprende todo el tiempo. Existe en la especie humana una enorme capacidad de extraer beneficio del medio ambiente. Solo que no podemos dejar de tener en cuenta el hecho de que los niños que hayan sido incentivados conquistarán una ventaja para el resto de sus vidas.

Periodista: ¿Está usted en desacuerdo con la idea de algunos científicos en cuanto a que hay ventanas de oportunidad para aprender?
Heckman: Hay una exageración en ese concepto, como si tuviésemos en el cerebro ventanas que se abren por entero en una fase y que se cierran por completo en otra. Aunque sí es cierto que hay momentos más favorables para la adquisición de ciertos conocimientos, si alguien quiere hablar un idioma nativo, es mejor que comience a los ocho años y no a los dieciséis.

Periodista: A propósito de los ocho años, Adam Smith decía que los chicos eran todos esencialmente iguales hasta esa edad. ¿Acuerda?
Heckman: No. Smith tenía una visión idealista según la cual todos seríamos iguales por naturaleza hasta punto de la vida y, sólo entonces, comenzaríamos a diferenciarnos de los demás. Pero la ciencia ya dejó en claro que hay capacidades innatas que nos distinguen, como la noción espacial o la habilidad numérica o el talento para el piano, las artes o el ajedrez. Reconocerlas e incentivarlas es lo que brinda ventajas en la madurez.

Periodista: ¿Qué tipo de política pública en la primera infancia ha surtido más efecto?
Heckman: El gran impacto positivo viene de programas que involucran a familias pobres, jardines de infantes y preescolares, centros de salud y otros órganos que, integrados, canalizan incentivos para los niños y niñas, y no sólo a nivel material. El programa americano Perry, de la década del ’60, es un ejemplo clásico de que la inversión en una buena preescolarización produce óptimos resultados.

 

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