Mundo / 26 de noviembre de 2017

Cataluña: ¿Brote indepe desactivado?

Siguen representando al menos a un 35% de la sociedad y se rearman para ir a las urnas.

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Ahora sí. Todo luce más claro en el movimiento independentista catalán. O al menos en su ala sistémico-partidaria: el soberanismo político supuestamente razonable (PdeCAT, ERC) se ha bajado del caballo, y asume a viva voz que no estaban preparados para efectivizar la independencia. Ni en términos logísticos, ni financieros, ni internacionales ni -en general- de ninguna de las maneras. Pero esto no es todo: los mismos partidos que llegaron promulgar leyes de ruptura y transitoriedad hacia la nueva República, reconocían el pasado catorce de noviembre que nunca tuvieron mayoría social suficiente para concretar este pretendido nuevo Estado mediterráneo.

Partidos

Todo lo cual, ya como colofón, fue dicho públicamente en el mismísimo Congreso de los Diputados del Estado español. Allí donde sólo las CUP (Candidatures d’ Unitat Popular), partido revolucionario antisistema, se abstienen de presentar lista electoral: hasta la izquierda abertzale vasca -hoy con la plataforma electoral Bildu- tiene representación parlamentaria en Madrid.

Tanto el Partit Demcráta Europeu Català del aun reclamado como presidente legítimo, Carles Puigdemont; como Esquerra Republicana de Catalunya -cuyo líder y ex vicepresidente se encuentra en prisión- consumaron ayer, pues, la falaz estafa que propagaron alegremente durante los últimos cinco años. Sin duda, este jarro de agua fría no puede todavía ser calibrado en su justa medida. Pero, de lo que sí hay certeza, es de que el castigo -o no- que pudiesen recibir, sería ad hominem, puesto que ninguno de los detenidos o procesados políticos ha sido inhabilitado.

¿Y las elecciones del 21D? A nivel de bloques pareciera razonable que el independentismo volvieses a ganar de forma muy ajustada, con un esquema más o menos similar al actual. En el bando ‘unionista’, por su parte, el PP se mantendría en 10-13 bancadas, Ciudadanos en 22-26 y el PSC (federación catalana del PSOE) 15-20. Ergo las chances de formar gobierno para los constitucionalistas puros, requerirían a priori de algún cisne negro a su favor (nada descartable); o de un acto de generosidad política mancomunada que no suele registrarse en estas tierras.

El PDeCAT bajaría hasta las 15-20 bancas, con sus ex votantes basculando a ERC (40-45) y la abstención. Es decir, seguirían obligados a negociar duramente con los diputados de las CUP (7- 13), pero sin necesidad a priori de la nueva candidatura de Catalunya en Comú+Podem (10-15) para llegar a equilibrios. Lo cual es una suerte para este nuevo espacio político, que hasta el momento la mayor de sus virtudes es haber convertido la ambigüedad política en el undécimo arte.

Aun así, reiteraremos que tras este última y sorpresiva semi-claudicación del independentismo mainstream, resulta imposible hacer futurología electoral. Máxime cuando centenares de miles de catalanes -cuanto menos- creyeron que la independencia podía concretarse de forma inmediata. O lo que es igual, que amplias franjas del electorado independentista aun necesita digerir el nuevo marco, no exento de nuevos virajes.

Para peor, no sólo se les dijo que el Estado catalán sería algo tangible, sino que esto se conseguiría de forma pacífica, intachable -siendo esto bastante cierto en cuanto al cómo, no así respecto al quid de la cuestión- y políticamente ejemplar (no comments). El nuevo país brillaría en su excelencia y eficiencia burocrática y tecnocrática; lo cual -por caso- permitiría igualar estándares de vida nórdicos.

Para más inri, este engaño masivo y su correspondiente tablero imaginario de correlaciones de fuerza, incluido el plano internacional, fueron vitales para consolidar apoyos en amplios sectores de la ciudadanía catalana que no se identifican como tal en términos político-culturales. Este target socio-electoral abreva en las migraciones españolas internas, y a su vez en las externas; principalmente Latinoamérica, Mediterráneo magrebí, Europa del Este, India-Paquistán, y China.

Como agravante, vale destacar que tan sólo setenta y dos horas antes de la rendición no forzada del PDeCAT y ERC, las fuerzas vivas del soberanismo habían consumado la mayor demostración de fuerza callejera de las últimas semanas, a colación de la libertad reclamada para los ‘presos políticos’: alrededor de un millón de personas (reales) dejaron claro que a pesar de que ‘la competencia’ se ha desmelenado como nunca, les ganan por goleada incontestable.

Fuerza

Hagan lo que hagan Puigdemont desde Bélgica o Junqueras desde prisión -en territorio español, no catalán-, la consolidación sociológica del nicho social plenamente convencido de querer romper con España y constituirse como república, representa -cuanto menos- un 35% de la sociedad. A esta cifra cabe incluirla dentro del 45-50% de apoyo social que recibe el ya casi auto-marchitado ‘Procés’ (al menos en su actual configuración). Junto al sostenido y apabullante respaldo del -casos y sesgos más, casos y sesgos menos- 75-85% de los catalanes, que se muestran plenamente de acuerdo con poder decidir libremente su futuro. Es decir que respaldan la celebración de un referéndum de autodeterminación legal y con garantías jurídicas, posibles negociaciones bilaterales o internacionales, etc.

En este marco, y a la espera de las posibles reacciones y movimientos tectónicos derivados de esta claudicación superestructural, el futuro del movimiento independentista parece estar mucho congraciado y dinamizado por las CUP, que por los partidos sistémicos o la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Dicha plataforma social, aglutinadora del espectro independentista no partidario, y que ha sido vital a lo largo de estos años, van hoy en cierto punto a remolque de los jóvenes revolucionarios cuperos.
Como puede imaginarse, la organización izquierdista se encuentra -en este parcialidad específica- de enhorabuena: nunca vendieron a sus votantes las fantasías utópicas del PdeCAT (heredero de CiU, partido orgánico de la España post franquista, que se sube a la ola social independentista en el año 2012) ni de ERC (quienes, más allá de su intensa historia y sus potentes siglas, son un flan político-identitario o partido-cáscara vacía, de gran rendimiento electoral por radicalización de electorado y errores flagrantes de la ex Convergència i Unió (CiU).

Sacrificios

Por el contrario, los auténticos indepes siempre alertaron de los sacrificios que requeriría semejante gesta histórica. Sacrificios que, aun sin victoria nacional, saltan a la vista: alrededor de 2.500 empresas catalanas han trasladado su domicilio social a otras comunidades españolas; y de entre éstas rondan el millar las que han traslado también su domicilio fiscal. Respecto a los postulados de la ‘izquierda indepe’, como suele autodenominarse el amplio espacio militante que sustenta al instrumento partidario, éstos siempre consideraron el ‘Procés’ como un paso sociohistórico fundamental para la consolidación del independentismo sociológico posmoderno, o no guerracivilista. La Declaració Unilateral d’Independència (DUI) fue, para ellos, la consagración histórica de una etapa de gran acumulación popular, y por ende el final de la misma. Tal como declaran desde su sede central, nunca ‘tragaron con el cuento’ de la Independencia ‘ya’.

Así pues, según a quien se consulte, precisamente éste será, a medio plazo, el verdadero problema del independentismo catalán. Las Candidatures d’Unitat Popular (independentista y rupturista desde su fundación) son el único partido europeo con representación parlamentaria que se declara abiertamente antisistema, anticapitalista, feminista y revolucionario… Y además, lamentan algunos desde el fatalismo, tendrán vía libre para hegemonizar el soberanismo, y con el campo intensamente sembrado de amargo descrédito hacia los partidos tradicionales.

Bien por el contrario, reconocen públicamente que están en el sistema para darle vuelta a la tortilla; son chavistas, ‘evistas’ y en general latinoamericanistas. Pro-palestinos, pro-zapatistas y -grosso modo- defensores de toda causa nacional, popular y antiimperialista. El kirchnerismo, por caso, fue para ellos demasiado reformista, aun con ribetes comunicacionales y populares interesantes.

Dicho lo cual, no habría que llevarse a engaño: su militancia resulta muy simpática a nivel municipal, tanto por su actitud como por el trabajo social que realizan. Sus portavoces tienen aspectos peculiares, cierto, pero están muy bien formados y son más respetuosos que sus pares del establishment parlamentario. Sus campañas en general, y las electorales en particilar, orillan por momentos la genialidad: tanto en los lemas, formatos audiovisuales, como en las acciones de calle, consiguen grados de viralización como ninguna otra, con reconocible punch satírico.

En síntesis, a este espacio político lo instituyen un compendio de las mejores esencias de toda militancia social y política auténtica y efectiva: empatía popular, ausencia de intereses privados, honestidad e impecabilidad con los dineros públicos e incluso con los patrimonios privados de sus dirigentes, democracia interna máxima, vasta inserción socio-territorial en ausencia de competencia, trabajo popular de base reconocido por propios y extraños, dureza programática y simpatía a nivelmunicipal… El sueño dorado de unas cuantas ‘orgas’ sociales y políticas argentinas, sin duda.

* ECONOMISTA POLÍTICO. El hijo del líder montonero asesoró a la
formación política Podemos.

 

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