Política / 1 de diciembre de 2017

Insólito: Macri y Schoklender fueron compañeros en el jardín de infantes

Así lo revela el libro de Franco Lindner, que habla de la infancia del Presidente en Tandil. El bullying por ser rico y su primera novia.

El dato era desconocido hasta ahora. Mauricio Macri y Segio Schoklender no solo pasaron su infancia en el mismo lugar, Tandil, sino que fueron juntos al jardín de infantes de esa localidad de la provincia de Buenos Aires.

Así lo revela el periodista Franco Lindner en su último libro, “La cabeza de Macri”, aparecido hace pocas semanas y editado por Planeta. La investigación sostiene que el Presidente y el parricida y ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, ambos nacidos en 1959, compartieron la sala en el establecimiento preescolar del lugar, junto con otro compañerito que recuerda esas épocas borroneadas en la mente de Mauricio: el mediático abogado y hoy diputado Mauricio D’Alessandro.

Según D’Alessando, los registros de aquella época del jardín de infantes no sobrevivieron a un incendio que hubo en los años posteriores, pero las maestras de allí aún recuerdan a la hoy famosa camada.

El libro también rescata otras perlas del pasado del Presidente en Tandil.

Macri y D’Alessandro compartían las tardes de pileta en el club “Los 50”, donde el pasartiempo para los ya entrados en la adolescencia eran las rondas de Mirinda con cerveza, una costumbre que el Presidente conserva (aunque hoy la gaseosa anaranjada que consume sea la Fanta).

Cuando tenía 12, a los amigos de Macri les llamó la atención un detalle: fuera del club siempre lo esperaba el Mercedes Benz de su padre Franco, el primero de esos autos de lujo que se vio en el pueblo. La primera vez que sus amigos avistaron el Mercedes, con el chofer al volante, él no la pasó bien.

D’Alessandro lo señaló con el dedo para escracharlo:

—Che, decime, ¿cuánto gana tu viejo? ¿Un millón de pesos?

Las risotadas del resto del grupo acompañaron el comentario.

Macri se quedó en silencio. Lo estaban estigmatizando por ser el nene rico del lugar, por viajar en un Mercedes en vez de una común y corriente bicicleta.

Unos pocos días después, la madre del nene rico, Alicia Blanco Villegas, la del apellido con alcurnia, fue a hablar con la señora de D’Alessandro.

De madre a madre le comunicó:

—¿Vos sabés lo que tu hijo le dijo al mío?

—No, ¿qué? —interrogó la otra.

—Le preguntó cuánto gana mi marido, una desubicación total. Vos deberías saber que de esas cosas no se habla…

Y se volvió a su casa en el Mercedes, sin esperar las disculpas de la otra.

El nene de 12 años le había contado todo a mamá, y mamá fue a defenderlo.

Falta mencionar al primer amor que Macri tuvo en su tierna adolescencia en Tandil. Ella se llama Carolina Elissondo y quien la presentó en sociedad hace un tiempo también fue el mediático Mauricio D’Alessandro.

Los dos Mauricios estaban juntos en el programa de televisión del periodista Fabián Doman, que le preguntó a Macri:

—¿Quién fue tu primera novia?

—Preguntale a él —lo señaló Macri a su amigo y tocayo.

Y D’Alessandro soltó el nombre de la chica al aire.

Poco después, una joven abordó al abogado mientras hacía un trámite en el banco:

—¡Mi mamá te quiere matar! ¡La quemaron en la tele!

—¿Y vos quién sos? —le preguntó D’Alessandro.

—La hija de Carolina Elissondo —dijo la chica.

Los dos rieron.

La hija le dijo a D’Alessandro que su madre no estaba enojada, pero que le costaba acostumbrarse a su súbita fama.

—¡La están volviendo loca!

El autor del libro le preguntó a D’Alessandro sobre aquella antigua “love story” de la que él fue testigo.

—Mauricio tenía trece o catorce años —dijo el abogado—. Duró poco, unos seis meses.

—¿La chica era rubia o morocha?

—Morocha. Y muy linda.

—¿De familia rica?

—Sí, pero no tanto… Un campo de 2.000 hectáreas tienen, pero entre cinco hermanos.

—¿Macri estaba enamorado?

—Él dice que sí.

La morocha de Tandil fue la que le dio su primer beso a Mauricio. Y eso no se olvida.

 

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