Libros / 2 de diciembre de 2017

“La comedia de una madre”: Nadie se atreva

De Guillermo Piro. Aquilina, 140 páginas. $ 260.

Por

★★★★ El autor ocupa un lugar especial, esquinado y afecto a distintos márgenes, tanto en la literatura como en el periodismo gráfico y radial de Argentina. Dentro de la primera publicó poesía, narrativa (la novela “Versiones del Niágara” y los cuentos de “Guillermo Hotel”, muy buen libro) y ensayo, con títulos que subrayan el desmarque de toda solemnidad: “Instrucciones para doblar una esquina” y “Qué cómico resultaba cuando era un muñeco”. Es sobre todo traductor del italiano, de Salgari a Manganelli, de Lampedusa a Casanova. Incluso insiste en subrayar su condición de dedicado a la difusión de Héctor A. Murena. En la radio dirige un programa ágil y extenso. En el diario Perfil tiene una columna para ejercer la condición de paseante entre agudo y levemente peleador. En Facebook recopila escenas memorables del cine de todo origen y color.

No es de asombrarse, por lo tanto, que al integrar la colección Negro Absoluto de novelas policiales, presente una de cuño muy original. Los elementos están: doce violadas, un culpable aparente, una madre defensora, otro culpable por parecido idéntico. Lo que la separa es el modo en que se maneja el lenguaje, y se esquiva justamente los lugares comunes de la policial. Los datos crudos (fecha, hora, identidad, edad y lugar de residencia del supuesto culpable, reconocido por todas sus víctimas) ocupan la primera docena de líneas.

A partir de allí las frases se van enroscando como una especie de sonido continuo, no sólo de medios diversos (en especial la televisión) sino de costumbres del habla de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. El argumento no escasea. Una madre está convencida de la inocencia de su hijo y emprende una investigación con el ardor de una cruzada. Pero usa la intuición, la convicción, hasta le certidumbre del deseo, más que la inducción o la deducción. En todo caso no habla ella, sino esa voz permanente no sólo culta (hay citas varias de grandes escritores) sino también culterana de la napa popular.

También está presente todo el tiempo el manejo humorístico, directo o sutil, del humor. Un animador de TV se llama Alexis de la Guarda. La madre épica, Angélica. En la mezcla abunda la ironía más bien tierna, contenida: todo es lugar común, acciones mucho más esperadas que inesperadas. Quien sepa dejar de lado exigencias rígidas para los géneros, disfrutará de un sabor único.

 

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