Ciencia / 3 de diciembre de 2017

Humanidad amenazada: advertencia de la comunidad científica

Quince mil especialistas alertan sobre los diez problemas que acechan al mundo.

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Hace 25 años, la asociación estadounidense Union of Concerned Scientists y más de 1.500 científicos, incluyendo a buena parte de los Premios Nobel que vivían entonces, escribieron “La advertencia de los científicos del mundo a la humanidad”. Era el año 1992 y el documento advertía: “Sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quiere evitarse una enorme miseria humana”.

¿Qué era lo que especialistas de diversas disciplinas pedían controlar? Una serie de daños que ya en ese entonces estaban ocurriendo y que, preveían podrían agravarse de manera inminente: destrucción de la capa de ozono; problemas con la disponibilidad de agua dulce; colapso de la pesca marina; incremento de zonas muertas en los océanos; pérdida de masa forestal; destrucción de biodiversidad; agravamiento del cambio climático; crecimiento continuado de la población.

Los seres humanos, decían en su documento, estaban “empujando a los ecosistemas de la Tierra más allá de su capacidad”, llevándolos a traspasar un límite que ponía en riesgo la vida tal y como la conocíamos.

En ese momento los científicos aconsejaron una serie de medidas: estabilizar la población (que por entonces era de cinco mil millones), reducir las emisiones de gases efecto invernadero, eliminar los combustibles fósiles, disminuir la deforestación y revertir la extinción de la biodiversidad.

Un cuarto de siglo después llega un segundo documento, esta vez avalado por 15.000 científicos procedentes de 184 países. La descripción que hace es descarnada. “A excepción de la estabilización de la capa de ozono, la humanidad no ha logrado avanzar lo suficiente en la resolución de los desafíos medioambientales y, lo que es más alarmante, la mayoría de ellos están empeorando”. De hecho, la cantidad de agua dulce disponible en el planeta se redujo un 26%, la cantidad de zonas muertas en losocéanos aumentó un 75%, la población humana creció un 35%. “Especialmente preocupante es la trayectoria actual del catastrófico cambio climático de origen humano debido a las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción agrícola, principalmente por la ganadería de rumiantes y el consumo de carne”, puntualiza.

Peligro inminente

Hasta ahí, situaciones que en mayor o menor medida suelen tenerse en cuenta, aunque los gobiernos poco han hecho para mitigarlas. Sin embargo, hay otras situaciones con menos pantalla pero mucha gravedad. “Hemos desatado un evento de extinción masiva de especies, la sexta en unos 540 millones de años, mediante la cual muchas de las actuales formas de vida podrían ser aniquiladas o, cuanto menos, quedar seriamente comprometidas hasta el punto de la extinción para finales del siglo XXI”, advierten.

Los datos científicos son contundentes: el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces en los ecosistemas se redujo en un 29%. Edward Wilson, biólogo de la Universidad de Harvard (EE.UU) y firmante de la declaración, viene adviertiendo sobre esto desde hace años y califica a lo que está pasando como “la sexta gran extinción”, caracterizada por la pérdida de hábitats, la expansión de especies invasoras, la contaminación, la superpoblación y la captura excesiva de especies salvajes. Todo, producto de la actividad humana.

“Hay quienes podrán sentirse tentados a descartar esta evidencia y pensar que sólo estamos siendo alarmistas”, analiza William Ripple, profesor distinguido en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Estatal de Oregon (Estados Unidos) y autor principal del documento. “Los científicos están analizando datos y observando las consecuencias a largo plazo. Quienes firmaron esta segunda advertencia no están dando una falsa alarma. Están reconociendo las señales obvias de que estamos yendo por un camino insostenible. Esperamos que nuestro documento encienda un amplio debate público sobre el clima y el medio ambiente global”.

Y no hay forma de no preocuparse (bastante) cuando uno lee frases como: “Estamos poniendo en peligro nuestro futuro por nuestro desproporcionado consumo material y por no darnos cuenta de que el alocado crecimiento de la población mundial es el principal impulsor detrás de la mayoría de las amenazas ecológicas e, incluso, societales. Con su fracaso para limitar adecuadamente el crecimiento de la población, reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente, en reducir la emisión de gases de efecto invernadero, incentivar el desarrollo y uso de las energías renovables, proteger el hábitat, restaurar los ecosistemas, parar la extinción de fauna, frenar las especies invasivas, la humanidad no está tomando los pasos urgentes que necesitamos para salvaguardar nuestra muy amenazada biósfera”.

En resumen, la idea es que para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida, “la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente, porque la actual está centrada en los negocios”.

Las recomendaciones

Así como la pintura trazada en este documentos es cruda y alarmante, también aporta ideas de lo que habría que hacer para no ir directa y velozmente al abismo.

– Crear en todo el mundo grandes reservas protegidas “de una proporción significativa” tanto de hábitats terrestres, como marinos, de agua dulce y aéreos.
– Detener la destrucción de selvas, bosques, pastizales y otros hábitats naturales y restaurar comunidades con plantas autóctonas a gran escala, principalmente, bosques.
– Devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, con el objetivo de recuperar los procesos y las dinámicas ecológicos.
– Implementar políticas más eficientes para terminar con la caza furtiva y la explotación y el comercio de especies amenazadas, que están llevando a su desaparición.
– Idear y promover tecnologías no contaminantes y adoptar masivamente energías renovables y, al mismo tiempo, eliminar los subsidios a la producción de energía con combustibles fósiles.
– Al menos polémico es el consejo de “desinvertir en inversiones monetarias e invertir en iniciativas que promuevan cambio ambiental”. En otras palabras, la bicicleta financiera y la acumulación de capitales en paraísos fiscales no ayudan a reducir los riesgos que están amenazando al planeta, sino todo lo contrario.
– Reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras.
– Promover un cambio en el tipo de alimentación, para que se consuman más vegetales y menos animales.
– Aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza.
– También debatible, los científicos proponen en este documento promover “la reducción adicional de los índices de fertilidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar”.

Quienes firman la declaración llegan a sugerir que lo ideal es que cada mujer tenga dos hijos como máximo, algo que suena peligrosamente autoritario. Lo que sí es real y exige acciones urgentes, sin debate posible, es que casi un 40% de la población se enfrenta al hambre.

El llamamiento de los científicos tiene destinatarios específicos: los políticos y, en particular, aquellos que en los últimos años han adherido a las teorías negacionistas del cambio climático causado por los seres humanos, como Donald Trump.

 

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