Teatro / 10 de diciembre de 2017

“Bajo el bosque de leche”: Bello y sensible mundo onírico

De Dylan Thomas. Con Ingrid Pelicori y elenco. Versión y dirección: M. Stolkiner y G. García Mendy. Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.

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★★★★ Quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras”, declaró Dylan Thomas (1914-1953), uno de los mayores referentes del lirismo irlandés. Su vida no fue sencilla; el caos y los excesos sellaron muy pronto su destino aunque le inspiraron algunas de las páginas más geniales de un universo creativo en el que religión, muerte y leyenda, entre otros tópicos, se aúnan con una calidad y frescura inusitadas. Incursionó en varios ámbitos literarios e incluso demostró particular talento en la radiofonía.

Precisamente para la BBC escribió “Bajo el bosque de leche” (Under Milk Wood), definida por él mismo como una “comedia para voces” en la que un narrador omnisciente invita a escuchar los sueños y pensamientos íntimos de una pequeña localidad galesa a orillas del mar. Llareggub, el pueblo imaginario, es un anagrama sonoro que significa algo semejante a una imprecación.

En esta cantata, los personajes son simbólicos y representan, con cierto sentido trágico del humor, un mundo onírico en el que los tonos, el diseño sonoro, la imagen cinematográfica y la música en vivo, son los ejes centrales de un montaje abrumadoramente bello y por momentos conmovedor.

La narradora (Ingrid Pelicori, dueña de mil tonos y una de las voces más dulces de nuestra escena) desgrana miserias y virtudes del viejo Capitán Cat (Luis Campos), quien revive sus recuerdos de marino y ansía volver a ver a Rosie Probert (Belén Pasqualini), legendario y único amor del pasado. En tanto Polly Garter (Alejandra Perlusky) suspira por su amante muerto mientras Cherry Owen (Iván Espeche) comparte una tediosa existencia con su esposa (Abril Piterbarg), mientras la taberna del pueblo, con el resto de los parroquianos, es el reducto donde las penas se alejan al zambullirse en cerveza. Esta es sólo una breve descripción de los más de treinta roles que el elenco, de homogénea calidad, asume con naturalidad y valor.

Forjadores de este universo desbordante de imaginación visual son la escenografía espléndida de Magalí Acha, la exacta iluminación de Julio López, el logrado video de Pauli Coton y, fundamentalmente, la admirable dirección creativa de Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy.