Economía / 15 de diciembre de 2017

Historias de sospechas sobre las fundaciones políticas acá y en EE UU

En la Argentina fue denunciada la campaña de Menem de 2003. Polémicas con Trump y Hillary Clinton en 2016.

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La polémica sobre las fundaciones de los políticos viene de larga data y no sólo se desata aquí sino en todas partes del mundo. En la Argentina, en 2007 el entonces fiscal nacional de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, pidió que la Justicia investigara la campaña de cuatro años atrás por presunto lavado de dinero entre Jorge Brito, dueño del Banco Macro, y la fórmula presidencial Carlos Menem-Juan Carlos Romero, que abandonó el ballotajge ante Néstor Kirchner-Daniel Scioli. Garrido puso entonces la lupa sobre la Fundación Argentina Solidaria, que había fundado el ahora senador salteño del PJ y que había costeado en 2003 casi todo el proselitismo del llamado Frente de la Lealtad. Argentina Solidaria había aportado 10,8 millones de pesos (3,6 millones de dólares de entonces) para pagar los avisos en televisión, radio y medios gráficos. Además, la cifra superaba ampliamente la permitida por la ley de financiamiento de los partidos.

Garrido sostenía también que la fundación se había financiado con fondos de la provincia de Salta, que entonces gobernaba Romero, y con depósitos en efectivo de sujetos no identificados. La entidad operaba con tres cuentas bancarias que tenía en una sede porteña del Macro. El banco, que era agente financiero de Salta, había omitido la emisión de registros de operaciones sospechosas (ROS) ante la Unidad de Información Financiera (UIF). Argenitina Solidaria experimentó en 2003 un salto del 3.500% respecto de sus donaciones anuales desde que había sido fundada, en 1992. A pesar de las sospechas, la causa judicial no prosperó. El juez Marcelo Martínez de Giorgi estuvo a su cargo.

En los Estados Unidos también hayse consiguen ejemplos de fundaciones de políticos bajo sospecha. Al igual que muchos empresarios, Donald Trump tenía una fundación, pero esta protagonizó un fuerte salto en sus ingresos en el año en el que se candidateó a presidente. En 2016 juntó 2,9 millones de dólares, tanto como había recolectado en la suma de los cuatro años anteriores. Además, duranteen el año electoral donó 3 millones, más que lo que había distribuido en total entre 2013 y 2015.

Dos tercios de las donaciones a la Fundación Donald J. Trump en 2016 provinieron de un empresario del juego de Las Vegas y de la esposa del presidente de Marvel Entertainment, Laura Perlmutter, que aportaron el dinero en un evento a beneficio de veteranos de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, una parte de lo recaudado habría terminado en manos del entonces candidato presidencial republicano, según la investigación del fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman. Así fue que un mes antes de los comicios, Schneiderman denunció que la Fundación Trump había violado la regulación sobre recaudación y le ordenó que dejara de pedir fondos. Después de la victoria electoral y para evitar más conflictos de interés, Trump anunció que cerraría la entidad benéfica, a la que había dejado de donar en 2008.

En la mayor potencia mundial, la opacidad de las fundaciones de políticos tampoco respeta grietas. La Fundación Bill, Hillary y Chelsea Clinton también estuvo en el ojo del huracán en la campaña de 2016. Cuando la candidata presidencial demócrata había asumió como secretaria de Estado en 2009, firmó un documento en el que se comprometía a no intervenir en ningún asunto que directa o indirectamente tuviese que ver con la fundación familiar, que lleva recaudados más de 2.000 millones de dólares desde 1997. Sin embargo, fueron aparecieron casos que levantaron sospechas.

En 2010, el Departamento de Estado aprobó que la empresa rusa Rosatom comprara una minera de uranio canadiense con proyectos en los Estados Unidos. Lo hizo después de que un banco ruso ligado cona Rosatom pagara 500.000 dólares a la fundación por una conferencia del ex presidente de Estados Unidos en Moscú. A su vez, el dueño de la compañía canadiense había donado un millón a la Clinton Foundation. El equipo de campaña de Hillary respondió que la compra fue aprobada no sólo por el Departamento de Estado, que ella dirigió hasta 2013, sino por otros organismos gubernamentales norteamericanos. Otro caso se desató cuando se descubrieron mails de un empleado de la fundación a una funcionaria de la cancillería estadounidense, que además era contratada de la entidad benéfica, para pedirle que la secretaria de Estado recibiera a tres donantes. Los demócratas negaron que esas audiencias terminaran concertándose. No obstante, reconocieron que 85 de las 1.700 entrevistas que había mantenido Hillary en sus primeros dos años como secretaria habían sido con aportantes de la fundación.

Bill Clinton había prometido que si su mujer llegaba a presidenta, la ONG dejaría de aceptar recursos de contribuyentes extranjeros o corporativos. También suspendió en la campaña sus conferencias y sus eventos con líderes de diversas áreas para debatir sobre los desafíos mundiales como la pobreza y el cambio climático. Pero incluso políticos demócratas le pidieron que cerrara la fundación si ganaban las elecciones. Trump aprovechó para pegarle a su rival en la campaña: “Ahora está claro que la Fundación Clinton es la mayor empresa de corrupción en la historia política. Lo que estaban haciendo durante el torcido tiempo de Hillary como secretaria de Estado estaba mal entonces, y ahora está mal”. El FBI comenzó a investigarla pocos días antes de los comicios y aún están por verse los resultados. En todos lados se cuecen fundaciones.

 

 

Esta investigación fue realizada para Chequeado.com y se publica en forma conjunta con NOTICIAS. Chequeado es una organización dedicada a la verificación del discurso que busca mejorar la calidad del debate público en la Argentina. Este artículo forma parte de la iniciativa “Chequeado Investigación-Etapa II”, que codirigen Hugo Alconada Mon y Laura Zommer y cuenta con el apoyo de Open Society Foundations (OSF).

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