Tecnología / 25 de diciembre de 2017

Alerta adictos a la pantalla

Nuevos estudios muestran que los smartphones pueden modificar la química del cerebro. Depresión, abstinencia y déficit de atención.

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Foto transmitida por Gentil

El sentimiento es muy común. Cuando el teléfono celular queda fuera de la vista, la ansiedad se apodera de muchos usuarios de smartphones. Una sensación de “algo que falta” que se calma apenas el aparato vuelve a las manos. Si eso es algo que le ocurre a quien lee este artículo, considérelo como una señal amarilla.

De acuerdo con una investigación hecha en la Universidad de Seúl, en Corea del Sur, y dado a conocer hace pocos días, la dependencia de los smartphones ya puede ser clasificada como una adicción.
¿Por qué? Porque, dicen los investigadores, el uso excesivo de los dispositivos produce alteraciones químicas en el cerebro, con reacciones similares al síndrome de abstinencia y características parecidas a las causadas por la adicción a las drogas.

En el trabajo, los científicos surcoreanos usaron un tipo particular de resonancia magnética que analiza la composición química del cerebro para observar los hábitos de un grupo de adolescentes clínicamente diagnosticados como adictos al celular. Los expertos compararon luego los resultados con los obtenidos dentro de un grupo de jóvenes que usan smartphone pero que no estaban calificados como dependientes. En el estudio también se tuvo en cuenta qué tanto afectaba la tecnología àreas como el contacto con familiares, con la productividad y la forma de manejar las emociones.

Como resultado previsible, los adictos presentaron mayores niveles de depresión, ansiedad, insomnio e impulsividad. Pero la mayor novedad fue el descubrimiento de que la nomofobia (el término con el cual se describe la dependencia a los smartphones, dado que el tèrmino describe la fobia que produce el estar sin el teléfono móvil) afecta a la química del cerebro.

Los jóvenes dependientes presentaron oscilaciones en la cantidad de ácidos gama-aminobutírico, glutamato y glutamina, todos ligados a dos neurotransmisores responsables del funcionamiento de la actividad cerebral. Cuanto mayor es la alteración en el nivel de dichas sustancias, más grave se presenta el cuadro de dependencia.

Considerando que, en los países desarrollados, el 92% de los adolescentes acceden a internet todos los días, y en general por medio de teléfonos móviles, es factible tener una dimensión más completa del problema. Un usuario típico acostumbra tocar más de 2.600 veces por día la pantalla del celular

Millenials. El uso constante del dispositivo perjudica especialmente a los más jóvenes, miembros de una generación que nació conectada, cuya mente y hábitos aún están en formación, por lo cual puede influir en los procesos de aprendizaje.

Estudios muestran que los adolescentes que usan los teléfonos móviles en exceso presentan mayores tendencias a desarrollar déficit de atención, fobia social, depresión y compulsión por acceder a las redes sociales.

El año pasado, investigadores de la Universidad de Kaohsiung (Taiwan) publicaron un trabajo en el cual relacionaban la dependencia con los trastornos mentales. Por el análisis del comportamiento de 2.300 adolescentes, los especialistas llegaron a la conclusión de que el 10% de los chicos y chicas poseían algún tipo de alteración cognitiva ligada a la nomofobia.

Estudios como ese intentan confirmar una sospecha: ¿es posible que la ascensión de las redes sociales y de los smartphones tengan relación directa con el aumento de casos de depresión y ansiedad entre los jóvenes? A lo largo de la última década, la cantidad de niños y adolescentes internados en hospitales por sospecha de cuadros depresivos aumentó más del doble. En paralelo, la tasa de suicidios entre los individuos de la misma generación también creció con igual intensidad.

Se sospecha que el aislamiento que provocan las nuevas tecnologías esté influyendo en el aumento de esos índices. En los Estados Unidos, el tiempo medio que los jóvenes dedican diariamente al celular pasó de la hora y media registrada en el 2012 a las dos horas y media, en el 2016. La Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico, ligada con las Naciones Unidas, considera que Inglaterra presenta el escenario más grave: uno de cada tres adolescentes ya puede ser considerado adicto por estar online más de seis horas al día.

Señales de alarma. ¿Cómo saber si un hijo sobrepasó los límites? Una de las diferencias entre el uso saludable y la dependencia está dado por el nivel de inquietud cuando el teléfono no está cerca de la mano. Para los adictos, las manifestaciones emocionales que aparecen cuando no es posible acceder al dispositivo, como cuando se termina la batería, son semejantes a las que se presentan durante los casos de abstinencia de drogas como el alcohol. El individuo acostumbra a exhibir alteraciones como ansiedad, irritabilidad y comportamiento agresivo, explican psicólogos que han intervenido en estas investigaciones.

Un caso extremo, que hoy es referencia para las investigaciones, fue registrado en el año 2012. El inglés Danny Bowman, que por entonces tenía 16 años, trató de matarse, según su propio testimonio, por no haber logrado sacarse “la selfie perfecta”. El chico dedicaba, en esa época, diez horas por día a conseguir las mejores fotos de su rostro a partir de autofotos hechas con el teléfono celular. Durante ese período, abandonó el colegio, perdió peso y se alejó de sus amigos y amigas.

La cura pasó por una abstinencia forzada: Bowman recibió un tratamiento muy estricto que consistía en evitar el contacto con cualquier teléfono celular.

En el aula. En el 2016, la Universidad de Singapur realizó un estudio para comprobar si la inclusión de dispositivos tecnológicos en las aulas ayudan o perjudican el desempeño de los estudiantes. Los investigadores monitorearon el comportamiento de cerca de cien alumnos, de entre 18 y 29 años, mientras estaban con y sin el celular dentro de la clase.

Los resultados mostraron que aquellos a los que se les impidió tener el smartphone presentaron, durante las pruebas académicas, calificaciones un 17% menores que los que fueron autorizados a llevar el dispositivo consigo.

La conclusión de los especialistas es que los jòvenes están tan conectados que forzar un hábito diferente, como permanecer offline, los pone demasiado ansiosos, a punto tal de afectar sus capacidades cognitivas.

Otra investigación realizada en la London School of Economics (Gran Bretaña) con 130 mil esudiantes, halló que el uso de celulares sin monitoreo hace que la nota de los jóvenes que recurren al smartphone sea un 14% más baja. Otro estudio, esta vez desde Stanford (EE.UU.), mostró que la solución para modernizar la enseñanza sin hacer que los profesores se vean en la situación de disputarse la atención de sus alumnos con los teléfonos móviles, podría estar en el término medio: permitirlos, pero con fiscalización. Una posibilidad es la creación de aplicaciones que permitan el acceso sólo para estudiar el contenido presentado en las clases.

De ese modo, los jóvenes podrían tener el smartphone, tal y como lo desean, pero para darle un uso estrictamente pedagógico.
Tratamientos. En diferentes países hay, hoy por hoy, clínicas que hacen estipo de tratamientos: Estados Unidos, Inglaterra, Japón y China son los referentes en este campo, donde la nomofobia es tratada como un problema de salud pública. En California (EE.UU.) las clínicas especializadas en el tratamiento contra la nomofobia son cada vez más populares. En el Japón, el Ministerio de Educación lanzó un proyecto en las escuelas para ofrecer psicoterapia a los jóvenes que sienten que son dependientes del celular.

Sin embargo, los especialistas advierten que, sin importar la edad, es muy difícil que una persona tenga noción, por sí sola, de que está siendo dependiente de las nuevas tecnologías. Algo a tener en consideración para encender las alertas es advertir si el uso excesivo del smartphone está interfiriendo en la productividad laboral o en el tiempo que se le dedica a la familia o a los amigos.

Si ese fuese el caso, será señal de que, tal vez, las cosas no están bien. Como todo en la vida, también para el celular vale un consejo de oro: úsese con moderación.

 

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