Cultura / 26 de diciembre de 2017

Babasónicos: entre la rebeldía y el mercado

Cómo se desmarcan del sistema, desde sus inicios hasta hoy. Cómo dan hasta los sueños “por ver la farsa fallar”.

Por Roque Casciero

La primera regla de una banda de rock es que no hay reglas. O al menos así debería ser. Aunque, claro, quizás eso sería imponerle una regla. En todo caso, el ideal artístico propuesto desde los comienzos del rock es trabajar bajo las propias reglas, sabiendo incluso que están hechas para romperse de acuerdo a los designios de la voluntad y las musas. Y si hay Tablas de la Ley que imponen el mercado, las compañías discográficas, los Estados y los gobiernos, una buena idea es encontrar la manera de escurrirse por las grietas que deja ese mismo sistema, de ser posible con alguna molotov hecha con perfume para arrojar en el camino.

Precisamente esa es la imagen de la tapa de “Romantisísmico”, el último disco de estudio publicado por Babasónicos, que el año próximo tendrá a su sucesor en las bateas. La idea-fuerza transmitida por el arte y el título del álbum forman parte de lo que ya es una tradición de la banda liderada por Adrián Dárgelos: desestabilizar la mirada que se posa casual sobre un disco. “Miami”, publicado en 1999, traía el mapa de la Argentina inclinado, con la provincia de Misiones convertida en la península de la Florida, sueño húmedo de la década menemista. Y el reciente “Impuesto de fe”, con el que Babasónicos reinventó parte de su repertorio, mostraba un canuto hecho con un billete de 100 dólares. ¿Cuántas lecturas habilita algo así?

Algo similar sucede con las canciones del grupo, especialmente en este siglo: mensajes “incorrectos” aparecen envueltos en pequeñas gemas cancioneras, rock de guitarras fuertes, o explosiones de pop con programaciones y transpiración. Hits de adhesión inmediata que le discuten a la actualidad y le reclaman no desde la protesta sino desde la puesta en crisis, que buscan la llegada a las masas tanto para seducirlas como para plantar en ellas la semilla del cuestionamiento. Babasónicos, que como banda es cualquier cosa menos ingenua, juega el juego del mercado sabiendo que éste, más poderoso, puede usar la obra del grupo para sus propios propósitos. Y lo juega sabiendo que le reporta también beneficios, esquivando la sobre exposición y tratando de imponer sus propias reglas. Además, intenta –y a menudo logra- decir algo más que lo que roza la superficie desde esos lugares en los que logra ubicarse dentro del “sistema”. Por eso, por ejemplo, el ex director artístico del Colón, Darío Lopérfido, estalló y quiso suspender la presentación de la banda cuando Dárgelos dijo en una entrevista que entre Cemento y ese teatro “hay apenas veinte cuadras de diferencia, no más”. ¿La respuesta de Babasónicos? El show comenzó con “Posesión del tercer tipo”, una vieja canción cuyo estribillo reza: “Salvajes de traje me quieren educar”.

Gabo Manelli, bajista de Babasónicos hasta su muerte a principios de 2008, decía que Babasónicos era un “ente comprometido con que las cosas no estén siempre igual: construir un mundo de fantasía y hacer las cosas de manera no ortodoxa es un modo de forzar ese cambio”. “En términos artísticos, Babasónicos significa libertad. La riqueza interna está en que somos unos delirantes que logramos filtrar lo mejor del delirio de cada uno, la esencia, lo inasible, y esto colabora con la riqueza cultural. Por más que quieran taparlo con mierda, existe un hambre de cultura. Y nosotros, de alguna manera delirante, trabajamos para saciar esa hambre”, se plantaba.

En “Fan de Scorpions”, incluida en “Infame”, el disco más exitoso de Babasónicos, el cantante interpelaba al oyente: “Atrévete a lo poco claro / atrévete a querer lo raro / atrévete /atrévete a surcar el caos / que del otro lado te espero yo”. El estribillo de la canción decía que “la música no tiene mensaje para dar”, pero cerraba de manera optimista: “y sin embargo te lo da”. Ese mensaje llega, una y otra vez, incluso si el juego no se muestra tan abiertamente. Y ese lugar de cuestionamiento es inherente al rock, incluso a un rock domesticado y seducido por el sistema. Si es imposible “evitar ser insumido por el mainstream”, según Dárgelos, la respuesta de Babasónicos es, como durante sus 25 años de trayecto, “multiplicar el ataque” y “que te paguen por meter palos en la rueda”. O, en palabras más poéticas, dar hasta los sueños “por ver la farsa fallar”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *