Sociedad / 3 de enero de 2018

Photoshop sin filtro: Susana irreal

En una campaña de lencería aparece con un cuerpo de 20. Abuso de los retoques digitales.

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La piel tersa, la figura escultural y el busto firme. Si no fuera porque su rostro es uno de los más conocidos de Argentina, se podría decir que el cuerpo que está en la publicidad no es el de Susana Giménez. A sus 73 años la diva se animó a posar en ropa interior y sorprendió a todos. No sólo porque volvió a protagonizar una campaña publicitaria en paños menores después de mucho tiempo, sino porque las imágenes reflejan a una Susana irreal.

Las fotos que pueden verse en tamaño gigante en marquesinas de la Panamericana y también en la General Paz, publicitan la marca de lencería Lody, la cual decidió para este verano contratar a la diva de los teléfonos como su modelo. Para retocar las imágenes se usó photoshop.

“Hay una delgada línea que separa el uso del abuso en lo referente a los retoques fotográficos”, explica el cirujano y catedrático español Julio Terrén, el primero en asociar el exceso de edición fotográfica con la dismorfofobia, un trastorno que consiste en “una preocupación importante y fuera de lo normal por la imagen corporal”. En este caso, las fotos de Susana no son sólo un ejemplo de la imagen irreal que ella elige crear sobre sí misma, sino que también son un peligro para el resto de la sociedad. “El ideal de belleza que nos hacen llegar los medios de comunicación, y lo que muchas personas interiorizan como normal, es una realidad distorsionada”, explica el especialista, que asegura que quienes acaban creyendo en este mundo irreal, pueden desarrollar problemas alimenticios, de autoestima o incluso volverse adictos a las cirugías.

Esta afección, también llamada Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) lo padecen entre el 2 y el 3 por ciento de la población mundial y los especialistas aseguran que se irá expandiendo en tanto sigan vigentes los actuales ideales de belleza fuera de los parámetros normales.

Historia

El exceso de bisturí digital de Susana no es una novedad. De hecho, tanto ha sido retocada su imagen que acumula varios episodios extraños. En 2006 la diva fue tapa de una revista haciendo topless en su chacra en Punta del Este. El retoque sobre la figura semidesnuda fue tal que su ombligo desapareció. Pero a este suceso, el primero en el país que puso en relevancia los abusos del photoshop, le siguieron otros. En 2013, otra portada de revista le borró un brazo. En 2015, otra publicación transformó la fisonomía de la diva y esta vez por partida doble: en una imagen la cabeza no coincidía con el resto del cuerpo y directamete no se veía el cuello. En la otra, se la veía con un pantalón que le marcaba una cintura inverosímil –tipo avispa– y arriba de un jarrón de vidrio que claramente no la podía sostener.

A mediados de este año, la edición digital de Susana volvió a quedar patente cuando en uno de los afiches para anunciar la vuelta de su programa, le borraron un pie.

Lejos de estas preocupaciones, Susana ya descansa en Punta del Este, donde recargará energías de cara a un 2018 que la tendrá nuevamente en pantalla y photoshopeada.

 

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