Mundo, Opinión / 14 de enero de 2018

Donald Trump: Páginas malditas

El presidente se peleó con un libro que lo describe como ignorante y desequilibrado. Los cruces con Bannon y su intento por censurarlo.

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Trump está en guerra con un libro. En un despliegue descomunal de negligencia, el presidente norteamericano hizo exactamente lo que el autor de “Fuego y Furia” deseaba que hiciera: estallar de indignación, gritar que el contenido es un amasijo de infamias y anunciar que hará todo lo posible para impedir que llegue a los estantes de las librerías. ¿Resultado? la demanda se disparó a niveles estratosféricos y el libro que describe la Casa Blanca de Trump por dentro se convirtió en best seller antes de salir a la venta.

No todo fue contraproducente en la guerra de Trump contra “Fuego y Furia”. La imagen de Steve Bannon, el ideólogo populista que lo creó como político y luego se convirtió en su archienemigo, quedó pulverizada con la retractación que hizo sobre sus dichos en el libro de Wolff.

Bannon había acusado de “traición a la patria” al hijo, al yerno y a otras figuras del entorno del magnate que se reunieron durante la campaña electoral, en el piso 25 de la Trump Tower, con rusos allegados al Kremlin. Pero la ofensiva furiosa del presidente y varios funcionarios de la Casa Blanca, lo hizo capitular de una manera bochornosa.

Más allá de esa victoria necesaria para su defensa en el Rusia-gate, el libro describe escenas delirantes que parecen escritas por los Monty Python. Un presidente ignorante y desequilibrado del que se burla su hija, al que padece su esposa y al que muchos colaboradores consideran un estúpido.

El autor, Michael Wolff, es un articulista y escritor cuyas postales sobre los poderosos suelen transitar la cornisa del amarillismo y la exageración, cuando no la mentira lisa y llana.
Cualquier otro presidente hubiera ignorado la difamación escrita por un cazador profesional de escándalos. Pero Trump no puede con su genio. O, mejor dicho, no puede con su negligencia. Por eso le regaló a Wolff la mejor publicidad para el libro en el que lo describe como un personaje grotesco.

Entidad

El mayor problema del presidente con “Fuego y Furia”, es que la descripción que hace de él resulta creíble. Ni siquiera hace falta leerlo para imaginar que la Casa Blanca por dentro es hoy como la describe Wolff. Y el magnate que la habita se encargó inmediatamente de confirmar la veracidad de esas descripciones, en las que predomina la superficialidad y lo banalmente anecdótico pero que, en la suma, muestra a un hombre que no tiene las condiciones mentales y morales para ocupar el cargo que ocupa.

Para desmentir que sea un hombre ignorante y negligente, Trump afirmó que es “un genio”. La Norteamérica que se avergüenza de tenerlo como presidente, no podía creer lo que leía en ese twitt desopilante: “Yo pasé de ser un muy exitoso empresario a una gran estrella de televisión y a presidente de Estados Unidos. Creo que esto se calificaría, no como inteligente, sino como un genio”, escribió generando un océano de estupefacción. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, es un refrán que conoce todo el mundo, menos el presidente norteamericano.

Meses atrás había cometido el mismo error, a propósito del trascendido de que Rex Tillerson lo había llamado “imbécil”. La respuesta de Trump confirmó la razón de su secretario de Estado, porque lo desafío a realizar un test de consciente intelectual. Increíble pero cierto. Por eso resulta verosímil Wolff al afirmar en su libro que el dueño de Fox News, Rupert Murdoch, lo describió como un “jodido idiota”. Cómo dudar de la veracidad de tales revelaciones, si el propio presidente norteamericano se encarga permanentemente de confirmarlo. Por caso, en los mismos días, Trump respondió a una bravuconada del líder norcoreano, diciendo “yo tengo un botón rojo más grande y poderoso”.

Botón rojo

Kim Jong-un había señalado, en un párrafo de un mensaje público, que tenía el “botón rojo” en su escritorio. La referencia a ese imaginario dispositivo para ordenar un ataque nuclear, usado por primera vez por Lyndon Johnson y convertido en un símbolo de la Guerra Fría, equivalía para el líder norcoreano a colocar su régimen en el lugar de la Unión Soviética.

Las potencias nucleares son varias, pero el botón rojo sólo hacía referencia al poder de decidir una guerra nuclear que tenían quienes ocupaban los despachos principales del Kremlin y la Casa Blanca. Por lo tanto, al mencionar su “botón rojo”, Kim Jong-un se estaba colocando en el lugar de Brezhnev o cualquier otro líder soviético; algo, en definitiva, menos desopilante que la respuesta que le llegó desde Washington. Una frase más acorde con una discusión de niños que con un intercambio entre líderes en referencia a una posible guerra atómica. El nivel de negligencia y ridiculez de haber reaccionando diciendo que tiene un “botón rojo más grande”, se remarca en el contraste con la reacción del presidente surcoreano ante el mismo mensaje de Kim Jong-un.

Deparando que en ese mensaje del líder norcoreano, el alarde del botón rojo no era lo más significativo, sino una frase que anunciaba disponibilidad para el diálogo, Moon Jae-in reaccionó de inmediato proponiendo iniciar una negociación directa entre Seúl y Pyongyang. Y así, vertiginosamente, el régimen norcoreano y el gobierno de Corea del Sur organizaron la ronda de contactos que ya se puso en marcha y parte de temas como la participación de atletas del norte en los juegos olímpicos de invierno que se realizarán en el sur.
La reacción del presidente Moon resaltó, por contraste, la negligencia de la reacción de Trump. El mandatario surcoreano vio la parte más importante del mensaje, mientras el jefe de la Casa Blanca se quedaba en el lugar común: la frase amenazante. Y le respondía de un modo tan inadecuado y desopilante, que sumó razones para dar credibilidad al personaje negligente y desequilibrado que describe el libro al que Trump le declaró la guerra.