Política / 22 de enero de 2018

El verano sabático de Sergio Massa

Perdió protagonismo tras salir cómodamente tercero en las últimas elecciones. Sus negocios con Giuliani y la obsesión de Macri.

Por

El celular de Sergio Massa suena. Una, dos, tres veces. En todas las ocasiones, el líder del Frente Renovador, cansado, atiende. Quien lo llama es siempre la misma persona: Mauricio Macri. El Presidente está enojado, pero intenta disimular su hartazgo para convencer al tigrense. “Sergio, necesitamos el apoyo de todos, seamos razonables, dale”, le pide el mandatario, que necesita el respaldo del bloque opositor para lograr que pase una ley clave. Massa se resiste, y finalmente los familiares de los funcionarios no quedarán dentro de la nueva legislación de blanqueo fiscal. Eso fue a fines del 2016 y, aunque luego el Gobierno emitió un decreto que les sacaba el impedimento a los parientes de los miembros del oficialismo para oficializar capitales, Macri jamás le perdonó el desplante. Desde entonces los políticos no se hablan, al menos no de manera directa.

Así cuenta Massa la actualidad de su relación con el líder del PRO ante quien se lo pregunte. Refugiado en Pinamar, Massa sigue eligiendo la costa bonaerense para pasar los primeros días del año. La rutina no cambió desde hace más de dos décadas, y todos los eneros se lo puede ver en la ciudad playera junto a Malena Galmarini, su esposa, sus tres hijos y el resto de su familia. Sin embargo, este 2018 se asoma con algo nuevo bajo el sol: su protagonismo, que era una constante desde que el líder del Frente Renovador se lanzó a la arena política con su nombre como marca, cuando ganó la intendencia de Tigre una década atrás, viene golpeado. En las últimas elecciones quedó en un lejano tercer lugar, y, a pesar de eso, el macrismo lo sigue teniendo como enemigo declarado. Preparen las armas.

En guardia

“Aprendí a no enojarme con la realidad, sino a pelear para intentar transformarla”, le dice Massa a NOTICIAS cuando se le consulta por su floja performance electoral, y asegura que “lo que fue un error el año pasado puede ser una virtud para las elecciones del 2019”. Al amparo del viento costero en el bar del balneario CR, uno de los últimos vestigios del esplendor pinamarense de los noventa, donde siempre para el tigrense, Massa toma un café y fuma un cigarrillo. Luego de las legislativas, el opositor se concentró en su estudio jurídico con el que está estrenando su reciente título de abogado, y en la consultoría en la que maneja los negocios en Sudamérica del ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Sabe que Macri tiene un encono personal con él, y que, por lo bajo, en off, los altos cargos del oficialismo lo acusaron de haber organizado los desmanes que ocurrieron en las afueras del Congreso durante el tratado de la reforma previsional. “Tiene una obsesión para convertir a toda la oposición en ‘kirchnerista’. Pero bueno, será que sabe que el Frente Renovador tiene espacio para crecer y ser una alternativa a su proyecto político”.