Costumbres / 28 de enero de 2018

Hábitos saludables: cuáles son los mitos de la alimentación

Hay preconceptos tan difundidos sobre la comida que ya parecen verdades absolutas.

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Todos lo escuchamos: meterse al mar después de comer puede generarnos un calambre y por consiguiente, podemos ahogarnos. Debe haber pocos niños que no hayan esperado la consabida hora después del almuerzo para volver al agua. Y sin embargo, no hay evidencia científica de que esto sea verdad.

Como este, tantísimos otros mitos pueblan el mundo alimenticio. Si bien el cuento de los calambres parece hecho a medida de las madres que querían un descanso de vigilar a los chicos en el agua, otros realmente son creídos sin dudar por una enorme cantidad de adultos.

Demonizar o endiosar

“Uno de los mitos más comunes que escucho es que la banana quita los calambres”, comienza Alexia Guazzone, nutricionista. Si bien este alimento posee potasio, un aliado en la lucha contra estas contracciones involuntarias del músculo, la verdad es que hay otros que lo tienen en mucha mayor medida, como los frutos secos. “Es ideal comer un puñado variado antes de hacer deporte, por ejemplo”.
También en el orden de las “propiedades” de los alimentos, se les atribuye al chocolate y la mayonesa el sacar granos. Y aunque seguramente una persona que consuma solo frutas, verduras y carnes magras tenga una muy buena piel, dados todos los nutrientes y vitaminas que está incorporando, estas comidas en sí mismas no generan acné. “Sí, alimentos con grasas pueden ayudar a tener más reserva de grasas en el cuerpo, pero es un tema mucho más hormonal que alimenticio, no son productos a desestimar por este tema”.

En este sentido, es muy común demonizar ciertos platos o costumbres aludiendo a que engordan, o, por el contrario, alabarlos pensando que son clave para adelgazar. Una de las ideas más propagadas, por ejemplo, es que luego de un día de comer mucho, conviene hacer ayuno. O que no comer de noche puede hacernos bajar de peso. “Definitivamente no”, desmiente la nutricionista, “lo mejor es siempre realizar las cuatro comidas, y, si es posible, dos colaciones. Saltearse una hace que el metabolismo se estanque”. Esto es especialmente válido para el desayuno: “es el primer alimento que le damos al organismo para activar el metabolismo tras 8 o 10 horas sin comer; es como el combustible vital del día”. Elegir no tomarlo, en cambio, ralentizará todo el sistema digestivo.

Ojo con el manejo

Otro gran espectro de mitos, en tanto, se tejen alrededor del manejo de los alimentos. Esto lo han estudiado bien Mariana Koppmann, María Claudia Degrossi y Roxana Furman en su libro “Cazabacterias en la cocina” (Siglo XXI). Allí atienden varias de estas creencias arraigadas, como por ejemplo, la idea de que para eliminar bacterias peligrosas se debe lavar el pollo antes de cocinarlo. “Es erróneo. La potencial contaminación microbiana será eliminada o reducida a niveles seguros durante la cocción. Lavar el pollo tiene el potencial riesgo de contaminar superficies de la cocina donde luego apoyamos otros alimentos”, ilustran. O el concepto de que si en un producto crecieron hongos, quitar la parte dañada será suficiente. “Ese hongo puede producir toxinas que se difunden al resto del alimento, por lo cual es difícil decir cuándo cortar. Un producto enmohecido ya es un desperdicio y debemos desecharlo”.

Asimismo, pesa la premisa de que si es natural, es inocuo. “Podemos preguntarnos si la lechuga de la verdulería sigue siendo natural, ya que fue regada, cosechada y transportada, entre otras operaciones, durante las cuales podría haber tenido lugar algún tipo de contaminación”, concientizan las especialistas. En general, esta denominación se utiliza para aquellos alimentos con menos procesamiento que uno industrial, pero los ingredientes y aditivos suelen provenir de la naturaleza, ya que es más sencillo extraer lo que ha fabricado que sintetizar o fabricar una sustancia nueva. “El cianuro o las toxinas marinas que causan la marea roja son naturales, de modo que no todo lo que viene de la naturaleza es saludable”, sintetiza Degrossi.

Mitos que se derrumban y otros que se clarifican. En un contexto en el que todos parecemos querer saber más de cocina, es vital dejar de repetir preconceptos como verdades absolutas. La información veraz, por suerte, está más al alcance que nunca.

 

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