Tecnología / 4 de febrero de 2018

Internet y vida cotidiana: Amazon lanzó un supermercado sin cajeros

Los objetos se conectan a la red y se vuelven inteligentes. El dilema de la seguridad. La vida secreta de las cosas.

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Las cosas ya no están solas. La nube, el big data y la inteligencia artificial se unieron para crear una plataforma donde los objetos tienen sensores que les permiten acceder a lo más supremo de la inteligencia artificial. Mientras ese mundo se va construyendo, Amazon sorprendió a los habitantes de la ciudad de Seattle (en los EE.UU.) con la inauguración de AmazonGo. Se trata de un supermercado de ocasión, o sea no una gran tienda sino algo que compite con los almacenes barriales. La gran novedad es que la tienda no cuenta con línea de cajas.

“No es sólo que no hay cajeros. Ya hay tiendas en los Estados Unidos y otros países donde el cliente pasa los productos él solo por el lector láser y al finalizar su compra pasa su tarjeta de crédito, embolsa los productos y se va. Pero en este caso hay que hacer la cola y se necesita personal dedicado que asiste y también vigile que el cliente no se lleve productos sin pasarlos por el lector”, explica Gianna Puerini, vicepresidenta de Amazon.

Lo nuevo aquí es que el objeto “sabe” que un cliente se lo está llevando y comunica su estado a la plataforma de Amazon por lo cual queda cargado en el changuito virtual del cliente. Es por eso que no hay línea de cajas, ni lector láser, ni personal asistente.

Velocidad y mutaciones

Por ejemplo, si uno simplemente quiere comer un sándwich rápido la experiencia de compra puede ser poco agradable, dado que por lo general una persona demora más en pagar que en elegir el producto y en comer. “En AmazonGo uno puede entrar y salir de la tienda con su sándwich en 5 segundos”, se jacta Puerini, con cierta exageración.

En AmazoGo tampoco hay carritos físicos adonde ir almacenando lo que se compra: el cliente va recolectando sus productos en la bolsa donde se los llevará a su casa. Si se arrepiente de una compra sólo debe devolver el producto a la góndola y el valor de ese objeto es automáticamente descontado del total de su cuenta. Para poder utilizar el servicio se debe contar con una cuenta de Amazon e instalar la App Amazon Go en el smartphone. A medida que la persona va tomando los objetos y el precio de los mismos se carga en el changuito virtual del usuario, se va calculando el total del gasto que queda pagado con los fondos depositados en la cuenta.

El avance no es un lecho de rosas. De hecho, se da la paradoja de que hay cola para entrar al local de AmazonGo para tener la experiencia de comprar “sin hacer cola”. Esto tiene que ver con la novedad, aunque en las redes sociales también trascendió que la gente ha podido llevarse cosas sin pagarlas.

Es notable cómo Amazon fue expandiendo su negocio de venta de libros por internet a todo tipo de servicios. Y cabe la pregunta porqué no lo hizo Wall-Mart. Al gran retailer no le falta ni dinero ni conocimiento del mercado. Quizá la respuesta está en Jeff Bezos, dueño de Amazon y el hombre más rico del mundo con una fortuna estimada en 90 mil millones de dólares. Un ejemplo fue AWS, (Amazon Web Services) su compañía de servicios en la nube para empresas de software, que no tiene absolutamente nada que ver con sus orígenes. Bezos siempre buscó la forma de reaprovechar sus recursos de la venta de libros a la de todo tipo de objetos. Para eso tuvo que crear una tecnología de clase mundial alojada en la nube. Ello hizo que luego vendiera los servicios que creó internamente a terceras empresas desde AWS. Un vendedor de libros por Internet atacando el corazón del negocio de las empresas de tecnología. Nadie lo previó.

Otis

Para brindar todo este tipo de servicios en los que internet, la conectividad, las redes y la nube son centrales, es preciso que se produzca el cambio que está dándose en el concepto mismo de red. Esto se vió en CiscoLive, un megaevento que nucleó a más de 5.000 personas que trabajan en empresas de América Latina. No es solo que hoy por hoy hay muchos más dispositivos conectados, sino que además el tipo de demanda y el tráfico son cada vez más complejos.
“Por eso estamos trabajando para crear lo que denominamos la red intuitiva: es una analogía acerca de cómo responde el ser humano intuitivamente a diferentes situaciones, la red va a tener que hacer lo mismo para que pueda satisfacer de forma inmediata a las diversas demandas que le llegan, como el tipo de tráfico que pasa por ella.

En este caso, la seguridad ocupa un rol central. En la actualidad se ve a la seguridad como un habilitador para que la transformación digital ocurra. Es decir que si no hay una percepción de que la red es segura, tanto usuarios como empresas van a tener temor a volcar sus procesos a la red.

“La analogía que podemos mencionar es la del ascensor Otis, que fue el que inventó el freno para que, en caso de que el ascensor cayera, pudiera frenarse. Eso hizo que naciera la industria del ascensor, porque si no hubiera existido ese freno la gente no subía. La seguridad habilitó el negocio. Ahora pasa lo mismo, por eso la seguridad de la red es un tema crucial”, comenta Gabriel Sakata, presidente de Cisco Systems para Argentina, Uruguay y Paraguay.

La tarea no es sencilla, en la actualidad hay más de 45 fabricantes cada uno con su paradigma de seguridad lo cual no sólo fragmentó el mercado sino que aumentó la confusión. “El tráfico que va por las redes suele estar encriptado y eso ha sido tomado como una ventaja por los hackers para generar brechas de seguridad ya que al no poderse ver el contenido pueden camuflar mejor sus ataques. Por eso la red debe ser intuitiva y darse cuenta de la amenaza incluso a pesar de que ese tráfico esté encriptado y su contenido no pueda ser analizado. Por ejemplo, si la red observa que datos que provienen de una videocámara están entrando en la base de datos de recursos humanos de una empresa ya intuitivamente, sin mirar el contenido, no lo debe permitir. “Esto requirió una gran inversión en desarrollo de softwares con técnicas de inteligencia artificial, es como si ahora entendiéramos el lenguaje corporal de la red. Así como reaccionamos intuitivamente los humanos estamos trabajando para que también lo hagan las redes”, explica Juan Pablo Estevez director Regional de Cisco Systems.

Inteligencia

La experiencia de AmazonGo es resultado de la tecnología conocida como Internet de las cosas en la cual un objeto al estar conectado a la red pasa a ser parte de un sistema que mejora la toma de decisiones. Por ejemplo, un cultivo envía a la red su estado y el sistema reacciona de acuerdo con los datos que le envía. Pero los nuevos adelantos se focalizan en que el objeto no sólo ingrese a la red sino que también piense y actúe. Esto es lo que sucede si sumamos la tecnología de Internet de las cosas a IBM Watson (un sistema informático de inteligencia artificial que es capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural, desarrollado por la corporación IBM), u otros sistemas de inteligencia artificial equivalentes que estén desarrollándose. Las cosas acceden a la nube (al cloud) pero allí viven objetos como Watson, y entonces sucede la disrupción. Una cosa, cualquier cosa, por ínfima que sea, accede a la red; o sea a lo supremo del cómputo que a su vez está evolucionando hacia lo cognitivo.

Por ejemplo, una radiografía ya no tendrá que esperar al médico, la misma radiografía podrá señalarle al paciente qué le está pasando y los primeros cuidados. Luego irá al médico, que no será el médico que conocemos ahora sino un profesional mucho más potenciado al contar con la ayuda de sistemas cognitivos como Watson.

En esta nueva era de la “cognitividad de las cosas” habrá un cambio en la forma de trabajar. Algo de esto ya se ve en AmazonGo. En la compañía cuentan que tienen la misma cantidad de empleados que sus competidores. No disminuyeron su fuerza laboral sino que la emplean para hacer otras tareas. Pueden, según cuentan, tener más gente dedicada a la preparación de comidas. O aún mejor, acompañar a los clientes que necesiten consejos o ayuda.

El desafío para las empresas será encontrar el nuevo rol de cada empleado. Cumplir con la poesía de Zelma Gueñol que se puede escuchar en Youtube en la imponente voz de Rudy Carrié: “Hombre busca empleo de humano. Sin mutilaciones. No de tornillo ni de tuerca. De viviente que mira que refleja. Que se niega a mentir su reflejo”. Ya entonces no habrá trabajos de automatismos. Ser humano, poder mirar a los ojos y dar empatía es el gran desafío que propone la tecnología para que ya no trabajemos de estar solos.

 

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