Cultura / 20 de febrero de 2018

Fernando Aramburu, la grieta trágica

En su novela “Patria”, el escritor español le cuenta al mundo cómo fue vivir bajó la amenaza de ETA. Reconciliación y olvido, ¿son posibles?

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Un hombre muere asesinado en la calle de un pequeño pueblo del País Vasco. El crimen no es accidental. Ha sido largamente premeditado por miembros locales de ETA, uno de los grupos terroristas más temidos del siglo XX. El muerto no es policía, ni juez, ni político. Es un pequeño empresario que se niega a pagar el “impuesto” que, a cambio de inmunidad, la organización nacionalista cobra para financiarse. El crimen divide al pueblo tanto como ETA separa a los vascos. Una grieta insalvable que se lleva por delante familias, amigos, vínculos políticos y religiosos.

Este asesinato imaginario pero muy verosímil es el que pone en marcha el motor narrativo de “Patria”, la notable novela de Fernando Aramburu que desde su publicación en España, en 2016, no ha abandonado jamás los primeros puestos en el ranking de bestsellers. “Según me dicen, se ha convertido también en tema de discusión de las mesas de familiares y de amigos”, cuenta su autor. “Tanto que, el que no lo ha leído, corre a comprarlo para poder participar en la conversación”. Sin las impactantes cifras de venta de España, en Latinoamérica, y especialmente en la Argentina, el libro ha tenido una excelente acogida.

“Patria” es la novena novela de Aramburu y el tercero de sus textos que se ocupa de los estragos sociales del terrorismo. Antes lo hizo con la colección de cuentos “Los peces de la amargura” y luego con “Años lentos”, relato ganador del Premio Tusquets.

El autor tiene 58 años y desde 1985 vive en Alemania, donde trabaja como docente y ha formado su familia. Hijo de un obrero y una ama de casa, ni él ni los suyos tuvieron jamás ningún tipo de militancia política. Ni siquiera habla euskera, la particular lengua del País Vasco, símbolo -como el catalán- de una identidad separatista.
En 2011, ETA cesó en su actividad armada y en 2017, anunció su desarme definitivo. Llegó el tiempo de curar las heridas. Para muchos, “Patria” es la novela de la reconciliación. De su éxito y su construcción, habló Fernando Aramburu con NOTICIAS en su reciente visita a la Argentina.

Noticias: ¿Tiene miedo de quedar atrapado en el éxito de “Patria”?
Fernando Aramburu: No me da ningún miedo. No me va a ocurrir. De hecho, después de “Patria” he escrito otro libro, sin el deseo de publicarlo rápidamente. No puedo permitir que un libro trastorne toda mi carrera.

Noticias: ¿Por qué cree que conmueve, fuera de las fronteras de España, esta historia con tanto sabor local?
Aramburu: Mi impresión es que consigue que numerosos lectores se encuentren a sí mismos en el libro, por empatía o rechazo. Ha de haber un ingrediente universal en esta historia. Lo que se está contando es de una gran densidad humana.

Noticias: La realidad del País Vasco es similar a la de Cataluña. ¿Porqué estas colectividades desean tanto su independencia?
Aramburu: La diferencia entre ambas es que en el País Vasco se ejerció la violencia durante décadas y la sociedad se fracturó de una manera muy dramática. Ahora mismo, el caso catalán no nos ha contagiado porque estamos muy ocupados en rehacer nuestros lazos afectivos y sociales. A mi juicio hay un conflicto generado por una pulsión nacionalista, por el deseo de replegarse a un territorio y quedarse a solas los que se supone que armonizan con ese paisaje. Es una historia muy antigua que se remonta a los romanos.
Conflictos constantes. A mí me resultan vecinales.

Noticias: El hecho de tener una lengua propia parece jugar un papel importante.
Aramburu: En la actualidad, sí. No obstante, cuando el nacionalismo vasco surgió a finales del siglo XIX el ingrediente identitario era la raza, que se manifestaba en un determinado grupo sanguíneo. Los apellidos. Los vascos suelen estar muy ocupados mostrando sus apellidos.

Noticias: ¿Decidió irse a vivir a Alemania para huir de la problemática de su país?
Aramburu: Yo tenía ganas de irme a cualquier sitio. Pero la razón principal de que yo me marchara fue que conocí a una chica alemana bellísima, con la que por fortuna todavía vivo, y que me dio dos hijas.

Noticias: ¿Alguien de su familia tenía militancia en ETA?
Aramburu: No. Nunca me atrajo la política, todavía no me atrae. Pienso que la política, a la hora de tratar de explicar la realidad, es necesariamente simplificadora y por otro lado, no creo que la misión del político sea de índole filosófica. Tampoco ética. El político va a lo suyo, que es obtener poder. Y después, tal vez, si es generoso y limpio, tratará de mejorar la vida de los ciudadanos.

Noticias: ¿Por qué la historia de su país de origen se le impone como tema literario?
Aramburu: Lo que yo no quiero, de ninguna manera, es convertir la historia del País Vasco reciente en un monotema. Pero este tema me duele mucho. Es como un dolor interno y hasta cierto punto obsesivo y cada cierto tiempo vuelvo a él o él viene a mí.

Noticias: Usted mantuvo conversaciones públicas con Héctor Abad Faciolince, el autor de “El olvido que seremos”, un libro donde el escritor colombiano relata la muerte de su padre en un atentado político. ¿Qué tienen en común los duelos que ustedes retratan?
Aramburu: Hay una diferencia entre los dos, él perdió a su padre. Habla desde la convicción de la víctima. Yo, en cambio, escribo desde la compasión. Siempre tengo una especie de incomodidad que probablemente Héctor no tiene. Él está legitimado a escribir “El olvido que seremos”. Le ocurrió algo y está en su derecho de contarlo. Pero a mí no me ha ocurrido lo mismo. Y tengo como una espina clavada. En el sentido de que a veces me reprocho estar valiéndome del dolor de otros para hacer mi libro. Esto me crea una cierta incomodidad que confieso. Y quizás para compensar tengo tendencia a acercarme a las víctimas del terrorismo. Si me invitan a sus congresos trato de ir. Si me piden un prólogo para un libro siempre digo que sí. Les muestro afecto y solidaridad, sin temor a que esto me pueda traer enemistades en otros rincones ideológicos.

Noticias: Seguramente ha recibido críticas de los sectores más nacionalistas.
Aramburu: No podía ser de otro modo. De hecho considero que algunas críticas negativas me honran.

Noticias: La ficción a veces se acerca más a la verdad que otros discursos.
Aramburu: Yo no afirmaría eso, pero creo que cumple una tarea específica que ningún otro género puede cumplir. Cuando leo libros historiográficos no acudo a ellos para experimentar emociones o para tener un conocimiento de cómo vivía una persona. Si quiero informarme con rapidez acudiré al periodismo. Pero si quiero tener una impresión inmediata de lo que supone haber estado en un determinado lugar y en una determinada época, entonces tengo que recurrir necesariamente a la ficción. Sólo en ella puedo tener una impresión más o menos intensa o incluso sentimental inmediata de lo que supone ser la viuda de un asesinado o tener un hijo en la cárcel. La ficción se calza vidas ajenas, se mete en los dormitorios, en las cocinas de la gente. Por eso a mí me fascina tanto como lector y como escritor.

Noticias: Los alemanes han tenido que lidiar con un pasado de violencia dificil de elaborar. ¿Qué aprendió de esa experiencia?
Aramburu: Confieso que he prestado mucha atención a la manera cómo los ciudadanos alemanes enfrentaron desde finales de la Segunda Guerra mundial hasta hoy su pasado atroz. Hay un hecho que no me gustaría que ocurriese en España respecto de la historia del terrorismo: que se eche una capa de rápido olvido para hacer como que no ocurrió nada. Y que, entonces, el agresor pueda reescribir la historia a su favor mostrándose en aspectos de héroe y haciendo creer a futuras generaciones que no tuvo más remedio que usar la violencia. Para que esto no ocurra, aquellos que estuvimos cerca de los hechos históricos, deberíamos crear los testimonios, que es lo que al final solamente perdurará. El presente de la historia desaparece. Lo que queda son los testimonios.