Opinión, Política / 21 de febrero de 2018

Día M de conflicto (de intereses)

La calle fue el escenario de una pulseada simbólica entre el Gobierno y el gremialismo opositor más convocante de turno.

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Como en toda jornada de movilización sindical masiva, la calle fue el escenario de una pulseada simbólica entre el Gobierno y el gremialismo opositor más convocante de turno. Ambos bandos llegaron a este día D (o M, por Moyano, Macri y miércoles), con sus demostraciones de fuerza activadas, pero también con un punto débil convergente: la transparencia.

Aunque parecen muy distintos a los ojos de sus respectivos simpatizantes, tanto el clan Moyano como el macrismo coinciden en el momento de mayor debilidad de sus relatos identitarios. El líder sindical ya no convence a nadie de que él es apenas un representante de los empleados camioneros, y no un empresario con intereses cruzados entre su rol gremial y los rediatuables emprendimientos familiares asociados. Por su parte, el Presidente está quemando los últimos cartuchos de la credulidad popular en su presunta cruzada contra la truchocracia, mientras sostiene a miembros de su entorno con flagrante conflictividad de intereses.

Moyano y Macri se conocen bien, acaso demasiado, desde hace muchos años y en la intimidad de los acuerdos de negocios. Por eso el camionero viene jugando en sus declaraciones públicas al guiño cómplice de recordarle a la familia presidencial sus cuentas pendientes con la transparencia. “No tengo plata fuera del país”, ironizó Moyano en su gran acto de autodesagravio que cortó la 9 de Julio.

Si algún resultado arrojó el choque de fuerzas de esta semana, fue el reempoderamiento del cinismo como gran ideología nacional: a un lado y otro de la ya muy bastardeada “Grieta”, nos estamos condenando a creer de mentira en las leyes y las consignas políticas, a conformarnos con discursos que cada vez explican menos las zonas oscuras de las finanzas del poder, sea oficialista u opositor. Y eso hace más daño que la inflación.