Sociedad / 23 de febrero de 2018

Alejandro, hedonista: el excéntrico Sr. Roemmers

Lujos y fetiches de la oveja negra de la familia. Su ostentoso cumpleaños en Marruecos. Meditación a bordo de helicópteros. Espiritualidad VIP.

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Un ruido ensordecedor toma por asalto la tranquilidad del desierto del Sahara en Marruecos. No se trata de la caída de un avión, como el escritor Antoine de Saint-Exupéry relata en su famosa obra “El Principito”, y que tiene lugar en aquellas tierras. Muy por el contrario, el sonido, entre voces y música pegadiza, proviene de una exclusiva fiesta: el cumpleaños de Alejandro Roemmers. El magnate, hijo del empresario farmacéutico Alberto W. Roemmers, festejó su cumpleaños número 60 en Marrakech con un megaevento que reunió, al menos, a 450 personas que viajaron de todas partes del mundo, y duró tres días, entre almuerzos y cenas en lugares exclusivos; paseos exóticos por el desierto; una misa y shows con músicos internacionales. El lugar elegido tuvo que ver justamente con la obra de Saint-Exupéry, de la cual Roemmers es un profundo admirador. Aunque la vida de este millonario, que prefiere que lo llamen poeta y productor teatral, diste bastante del pequeño mundo en el que habitaba “El Principito”.

En el 2016, Alejandro renunció a su puesto dentro de la comisión directiva de los laboratorios Roemmers. La fortuna familiar asciende a los 1.800 millones de dólares, según el ranking 2017 de la revista Forbes. Pero el segundo hijo de Alberto decidió dedicarse a la literatura, a la espiritualidad y a vivir la vida. Entre sus preferencias conviven los gustos más opuestos: desde los cumpleaños con fines solidarios y la lectura de Osho hasta las fiestas opulentas, la invitación a pasear por el mundo a sus amigos, los autos de alta gama y la meditación en helicóptero. Privilegios que el millonario, por más que en varios momentos de su vida haya despotricado contra la presión del legado familiar, se resiste a abandonar.

Las mil y una noches

Los festejos de cumpleaños de Alejandro en Marruecos muestran el estilo excéntrico que rodea la vida del poeta. Algo que según relatan sus conocidos, suele hacer para todos sus cumpleaños. Pero este año, el cambio de década obligó a Roemmers a celebrar a lo grande: tres días de festejos en Marrakech, con estadía paga y/o pasaje de avión, según el grado de afinidad y posibilidades económicas de cada uno. A algunos se los invitó con dos noches pagas de hotel y a otros también se les incluyó el beneficio del pasaje de avión. “Qué amor que nos invitó, pero la verdad es que mucho no lo conocemos”, fue la frase de una de las invitadas, cuando recibió el mail con el flamante anuncio, en el que se le mostraba un video del hotel donde se hospedaría.

El lujo de los hoteles también fue elegido según la cercanía con el cumpleañero, aunque ninguno bajó de primera categoría. El hotel Royal Mansud, cuya habitación básica arranca desde los 700 dólares la noche, fue el designado para la familia Roemmers y amigos íntimos, como la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada. En “La Mamounia” se alojaron Ana Rusconi, Patricia Della Giovampaola, y Cristiano Ratazzi, entre otros, y, por último, el Mandarin Oriental fue el más económico de los tres.

El viernes 9 comenzaron las actividades con una travesía en camello por el desierto. El sábado 10, el empresario ofreció una cena en el “Palais Namaskar”, donde el dress code dictaba vestimenta en blanco y negro con un toque oriental de capas blancas para las mujeres y negras, para los hombres.

El broche de oro fue el domingo 11, el día del cumpleaños de Alejandro, que logró describir el contraste de sus dos pasiones, pero siempre de manera monumental: el fanatismo por Jesús y por el cine. Primero se realizó una misa en el hotel “La Mamounia”, donde la actriz Florencia Otero entonó el “Ave María”. A la noche fue el turno de la “Far West Party”, donde el diseñador de interiores Martín Roig, montó una carpa que demoró quince días en levantarse, y que simulaba un pueblo del lejano oeste con la oficina del “Sheriff”, el saloon y el casino. Dentro de lo exótico de la fiesta, los invitados debían llevar un toque vaquero en su vestimenta, algo que el cumpleañero cumplió a rajatabla al lucir el traje típico con sombrero y revólver, y hasta contó con la presencia de un caballo blanco. Al ingresar al lugar, un holograma en 3D que representaba el duelo entre Cronos y Kairós, protagonizado por Roemmers, dio la bienvenida a la fiesta. Durante la noche, y sin dejar de lado las extravagancias, el toque musical lo dieron la banda juvenil uruguaya Márama, Ricky Martin y el cantante Marko Silva.

Apenas se dieron a conocer las primeras imágenes de la gran fiesta trascendió extraoficialmente que habría costado unos 6 millones de dólares. Darío de la Cruz, designado como vocero para el evento, negó que se hayan manejado esos montos. Aclaró que tanto los artistas como el diseñador de interiores habían hecho su trabajo sin cobrar un peso. Y que el único pedido de Alejandro para ellos y los invitados fue una donación a una parroquia o a una ONG determinada por él.

Un millón y amigos

Esta no es la primera vez que Alejandro Roemmers demuestra su manera de ser “solidario”. Quienes lo conocen, cuentan que en su mansión de Victoria, de la zona norte del Gran Buenos Aires, sus amigos disfrutan sin restricciones de las instalaciones como la cancha de paddle, tenis, bowling y los juegos electrónicos. Aunque, cuentan sus allegados, “más generosos son sus viajes alrededor del mundo donde lleva a veinte amigos en un barco”.

Y si se trata de ser un buen amigo, en el 2017, se conoció un video donde se lo mostraba al magnate regalándole un auto de alta gama a un joven en Europa. El empresario, devenido en poeta, tiene entre sus hobbies coleccionar autos. En su haber contaría con, al menos, ocho autos de alta gama: un Porsche 918 Spyder, un Porsche 911 Turbo S Cabriolet, un Carrera GT, un Bugetti Veyron y un Chiron. Gran parte de esta colección la guarda en Andorra.

“No hay nada que le guste más que la ostentación”, aseguran dentro de su círculo íntimo. “Es un Ricardo Fort fino”, lo describen otros, en comparación con el empresario chocolatero fallecido.

Salvando las distancias, hay algo que une la vida de estos dos herederos de una empresa familiar: haber tenido que lidiar con un mandato que, según cuentan, les fue impuesto. Hijo de Alberto W. Roemmers y Hebe Colman, Alejandro es el segundo de cuatro hermanos, junto a Alberto Jr., Pablo y Christian, que falleció en 1998 mientras practicaba parapente. El poeta había sido uno de los elegidos por su padre para comandar las arcas familiares, aunque él desistió de ese rol y de los lineamientos paternos. “Sin querer soy un guía espiritual. Comencé con la poesía por una necesidad interior”, dijo Alejandro, en el 2009, en una entrevista con NOTICIAS, en la que confesó que tras una crisis de juventud, empezó a leer a Osho y a Jesús, al que considera el mayor revolucionario de la historia. Además, comenzó a meditar, aunque según cuentan, lo hace arriba de su helicóptero, el cual utiliza para movilizarse la mayoría de las veces.

Desde chico se interesó por la poesía y la literatura. De hecho, con 21 años publicó su primer libro en España.
Con ocho obras publicadas, Alejandro es presidente de la Fundación Argentina para la Poesía y presidente Honorario de la Asociación Americana de Poesía. Escribió el musical “Franciscus” que cuenta la historia de San Francisco de Asís. En el 2009, el escritor revolucionó el ámbito de la literatura con su libro “El regreso del joven Príncipe”, una especie de saga de la obra de Saint-Exupéry que se tradujo a 30 idiomas.

El impacto no fue tanto por la obra en sí sino por su presentación en La Rural, otra vez con el toque excéntrico “made in” Roemmers. Frente a mil personas, Juan Darthés y un niño que encarnaba al “Principito” hicieron la dramatización de la historia. Y allí, como en su excéntrico cumpleaños en Marruecos, Alejandro Roemmers dejó en claro que su vida lejos está de ser la de “El Principito”. Por el contrario, se parece más a la de un sultán.

 

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