Opinión, Política / 26 de febrero de 2018

Gestión Macri: Los dos lados del mostrador

Los “conflictos de intereses” complican al Gobierno de los CEOs. Por qué la meritocracia en sí misma resulta un argumento falaz.

Por

En el día a día todo suele ser confuso. Engañoso. La inmediatez extrema es enemiga de la razón profunda. A riesgo de no entender nada, mejor sería ver las cosas en perspectiva. La escena nacional sigue condicionada por la instalación de un “nuevo” régimen de representación política surgido de la hecatombe del 2001. Hoy por hoy se trata de un seudo bipartidismo determinado más por personajes, clanes y familias en disputa que por partidos sólidos, si bien las estructuras tradicionales del PJ y la UCR, así como varios desgajamientos de ellos, conservan cierto valor cultural y, sobre todo, administrativo. Lo que llamamos “grieta” no es más (ni menos) que un experimento aún en marcha, resuelto a partir de dos identidades supuestamente antagónicas, una de mirada “social” en zigzagueante retirada y otra de pretensiones “eficientistas” todavía sin techo.

El kirchnerismo, último engendro heterodoxo del peronismo clásico, validó con desparpajo algo que todo el mundo sabía pero en carácter de tabú: la lucha por el poder cuesta muchísimo dinero y los dueños del dinero condicionan el funcionamiento del Estado. Así, bajo el paraguas bienpensante del estallido de la convertibilidad, demonizó a unos empresarios, condicionó a otros y destinó miles y miles de millones a delinear una “burguesía tropa propia” basado en la convicción de que es imposible hacer política con cierta autonomía sin hacer negocios propios. La idea generó simpatía y un amplio consenso. Su aplicación (ambiciosa, eternizante) superó el límite de lo pornográfico.

Casi desde la cuna, Mauricio Macri aprendió que era imposible hacer negocios duraderos sin influir en las decisiones gubernamentales. Por más que no le convenga, es el hijo mayor de Don Franco, adalid de una burguesía prebendaria nacional que pactó con todos, militares y civiles, arriba de la mesa y por debajo de ella. Hoy le toca encabezar el primer intento heterodoxo de un empresario por conducir el país sin la incómoda intermediación de caudillos megalómanos e insaciables punteritos.

“Negocios para la política” y “política para los negocios” parecen formulaciones tan antagónicas como la docotomía kirchnerismo-macrismo. Sin embargo, ambas se unen en un punto: sentar a los que mandan a ambos lados del mostrador. El Caso Caputo es, tal vez, la expresión más flagrante de los “conflictos de incompatibilidades” que le toca enfrentar por decenas al Gobierno de los CEOs. Porque hubo mentiras. Porque hablamos del financiamiento del país. Porque en Toto Caputo se entremezclan la compra y la venta de deuda externa.

En las preocupadas entretelas de la Casa Rosada, intentan minimizar el asunto con una afirmación resignada y una pregunta retórica. Uno: “Y bueno, los hombres de negocios hacen negocios. ¿Qué querés que hagan?”. Dos: “¿Está mal que el talento desarrollado en la esfera privada trate de enderezar los disparates acumulados en el Estado?”.

Es cierto: en términos generales, el Estado carece de la disciplina y la eficiencia que caracterizan a las empresas exitosas. También es cierto: no todos los que ocupan cargos públicos por decisión política están capacitados para ejercerlos. Pero el Estado no es una empresa o, si se prefiere, es una cuya efectividad radica en resolver conflictos y equilibrar diferencias. Y la meritocracia, declamada como un valor absoluto, resulta un argumento falaz. Hasta la más pura y más capaz de las personas tiene intereses. Además de capacitado y probo, un funcionario debe exhibir garantías previas de que actuará con ecuanimidad y sin mezquindades. Ese, al menos, es el sentido de la Ley de Ética Pública en vigencia. Hasta la Oficina Anticorrupción de la ultramacrista Laura Alonso se ve forzada a intervenir en el Caso Caputo.

No sólo es normal sino ante todo deseable que los ministros gocen de la confianza del Presidente de la Nación. Y que este los defienda sin dejarse llevar por el qué dirán. Ahora bien: sustanciada la hipotética mentira de Luis Caputo en cuanto a la propiedad de sus fondos de inversión, ¿por qué lo protege a rajatabla Macri, tan afecto a prometer “la verdad”? ¿Por su destreza y lo delicado de la función que ejerce? ¿Por la lealtad familiar-financiera que lo une a Los Caputo? ¿Por ambas cosas?

*Jefe de Redacción de NOTICIAS

 

9 comentarios de “Gestión Macri: Los dos lados del mostrador”

  1. En una entrevista de LN, el filosofo Tomás Abraham, recordaba que los EMPRESARIOS ARGENTOS, no son del mismo tipo que los Nordicos, sino que tienen TODAS las mañas Argentinas de todos los tiempos para sobrevivir.Por eso no es extraño que tengan cuentas en el exterior o sociedades en otros paises.Forma parte de una idiosincracia de cierto empresariado a cierto nivel. De todos modos, se supone que igualmente los CIUDADANOS DEBEMOS SER EXIGENTES CON QUIENES NOS GOBIERNAN Y EXIGIRLE, PROBIDAD CON LOS FONDOS QUE AHORA ADMINISTRAN EN NUESTRO NOMBRE. Es por ello que casos como el de TRIACCA no tiene JUSTIFICACION, en sus “cinco minutos” de poder sobre el SOMU como Interventor, puso a un familiar a una empleada para “mejorarle” el sueldo. ¡¿ué pasará en el Ministerio que tiene a su cargo?¡IMPERDONABLE!

  2. La dura realidad?

    Un vecino comentaba:

    —Los K y los M han saqueado al Estado, … pero con los k yo tenia el negocio lleno, … y ahora lo tengo vacío y a punto de cerrar.
    ..con qué ladrón me quedo?,… cuál delincuente nos conviene?

    La dura realidad?

  3. Venimos de muchos años de “Roban pero algo dan” y después esto, la idiosincrasia argentina siempre termina ganado, por eso estamos siempre empezando de nuevo.

  4. Los cambios culturales, sociales y políticos tienen sus tiempos. Setenta años de amañamiento político, social y económico de franca decadencia no se revierten en 5 ni 10 años. No hubo tirano, líder o estadista que lo haya hecho. Apenas algunos lograron incitarlos.

  5. Se puede llegar al día desde la noche salteando el amanecer? Setenta años de amañamiento social, político y económico con clara decadencia expuesta, puede ser corregida en cinco o diez años? Los tiempos socioculturales son prolongados, nunca hubo ni líder, ni estadista, ni tiranos que los acelerara. Sólo apenas los incitaron.

  6. Asumamos por un momento que algunos funcionarios van a robar en su funcion.
    que es inevitable. que no se puede detener.

    Prefiero que robe alguien capaz, y que de una ruta se lleve el 10%, y no un inutil, que inventa una ruta a ninguna parte, y no sirve de nada.
    entre una ruta terminada que agilize los tiempos de la gente, y una mina de carbon con una planta de energia que no va a funcionar nunca, y a la que rompieron para hacerla dar dos vueltas en la “inauguracion”…. que quieren que les diga.

    1. Su comentario da lastima, no se si lo hace a propósito, pero en su escrito obvio cronológicamente los tiempos de la década infame, por lo cual ya huelo lo que a Ud. le gustaría para la sociedad Argentina…. y como sumatoria de cosas también decidió obviar los periodos dictatoriales…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *