Economía / 28 de febrero de 2018

Unicornios y algo más: cómo globalizar las empresas argentinas

Más allá de las nuevas estrellas de los negocios digitales, el país necesita más compañías exitosas en el mundo.

Por

Mauricio Macri y Marcos Galperin.

En los últimos años se ha venido resaltando el éxito y la importancia de los unicornios argentinos. La Argentina cuenta con 4 unicornios: Mercadolibre, Despegar, Globant y OLX. Los tres primeros aún mantienen sus casas matrices en el país. Estas empresas están caracterizadas por su relativa juventud, sus actividades vinculadas a tecnología, su capitalización de mercado superior al billón de dólares y su éxito más allá de las fronteras del país. El grado de competitividad internacional, un rápido crecimiento y el hecho de realizar actividades donde el conocimiento y valor agregado son altos le otorgan mayor trascendencia a estos casos. La Argentina se encuentra en la vanguardia regional en términos de unicornios, lo cual resulta muy alentador para el desarrollo del país. Sin embargo, estas empresas aún tienen un tamaño moderado en términos de facturación o empleados, especialmente si se lo compara con otras empresas nacionales que también han tenido éxito en su internacionalización. La facturación y la cantidad de empleados de los unicornios que aún radican en el país sumados es inferior a la de empresas más tradicionales como Arcor o Techint. Para que la internacionalización de empresas tenga un fuerte efecto en el desarrollo del país, la misma debería abarcar un número mayor de empresas, idealmente en diferentes actividades y con mayor demanda de investigación y desarrollo y trabajo local.

Rezagados. Lamentablemente, el desempeño de la Argentina en términos de grandes empresas internacionalizadas resulta bastante pobre. Según el último ranking elaborado por la revista América Economía, apenas un 7 % de las 100 multilatinas de la región son Argentinas. Incluso Argentina es superado por países más pequeños como Chile o Colombia. ¿Qué explica este retraso relativo con respecto a otros países de la región? Las respuestas pueden ser múltiples. Una primera respuesta reduccionista, y muy común en charlas informales en nuestro país, es que el empresariado de la Argentina es cortoplacista, se recuesta sobre la zona de confort que implica el mercado interno, y por ende mira poco la economía global. Esta respuesta resulta fácilmente descartable si observamos el ya destacado caso de los unicornios y la infinidad de notables ejemplos de emprendedores que posee el país, muchos de ellos destacados globalmente.

Otra respuesta podría estar vinculada a la maduración de las empresas y el país. La internacionalización surgiría de un proceso madurativo de la empresa en donde debería ganar competitividad y tener dominio del mercado interno previo a la expansión al exterior. El auge de las empresas que ya nacen enfocándose en el mercado externo (born global) y el hecho de que muchas de las principales empresas internacionales son relativamente jóvenes iría en contra de este argumento. Además, la Argentina debería posicionarse mejor que varios países de la región si este fuera el caso. Mientras que Chile tenía una magra inversión extranjera directa hacia el exterior a mediados de la década del ochenta, la Argentina estaba entre los líderes regionales para el mismo período. Hoy Chile supera ampliamente a la Argentina en términos de internacionalización de empresas.

Lo que falta. Considero que el elemento clave para entender el retroceso argentino está vinculado a la falta de incentivos que se le dan al sector empresario en general, y al emprendedor en particular. Los incentivos son amplios y diversos. Tienen que ver con ayuda directa para la expansión al exterior (como hizo activamente Brasil durante los últimos 15 años), pero también con las condiciones que se le otorga al empresario para extender su horizonte inter temporal de inversión. En un artículo que fue publicado en el 2017 en el Journal of World Business, realicé un estudio comparativo sobre la internacionalización de empresas en la Argentina, Brasil y Chile. Allí expongo cómo Brasil y Chile tienen resultados favorables en términos de internacionalización de empresas con un rol del Estado muy disímil. Brasil, con políticas públicas más directas y activas, y Chile, con políticas pro-mercado, tuvieron resultados mucho más favorables que la Argentina que se caracterizó en las últimas dos décadas por su constantes cambios y reversión de políticas públicas. Estos elementos inciden tanto sobre el nivel de competitividad como también sobre el nivel de capital disponible para que las firmas inviertan en el exterior.

En conclusión, la gran capacidad emprendedora que se observa en la Argentina y el surgimiento de los unicornios es un elemento auspicioso para nuestro país. Más optimismo aún genera la gran cantidad de proyectos con orientación global que florecen a pesar de los desafíos producidos por la debilidad institucional y la inestabilidad económica y política.

No obstante, para tener un efecto significativo en el desarrollo del país, es necesario que empresas de diversas actividades y tamaño acompañen este proceso. Aquí los incentivos y la coherencia inter-temporal de políticas públicas son cruciales para ampliar el horizonte de inversiones que un proceso más sistemático de internacionalización requiere.

 

(*)El autor es profesor de la Escuela de Administración y Negocios de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet.