Costumbres / 6 de marzo de 2018

La energía en crisis

Bajo la dirección docente de Leila Guerriero, un grupo de periodistas investigó todos los aspectos que contribuyen a agravar los problemas de energía en la Argentina. El resultado puede leerse en el libro “Voltios”. Aquí una reseña.

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En diciembre de 2013, el Apocalipsis parecía haber llegado a Buenos Aires. El cemento se convertía en lava ante una ola de calor sostenida, la más extrema desde 1906, con picos que superaban los 45 grados de sensación térmica. Y sumado al calor, los cortes masivos de luz comenzaron a extenderse por toda la ciudad, sumida en el nervio y la desolación de una novela de Corman Mc Carthy. Pero para las casi 12 millones de personas -usuarios de las empresas Edenor y Edesur- que quedaron días y hasta semanas y meses sin luz, lo que luego se dio en llamar el “megacorte” no fue una escena de una novela distópica, sino una pesadilla que se empezó a temer en Buenos Aires cada verano, una pesadilla que sólo se compara en toda América Latina con los cortes de luz que sufre un país de 600 mil habitantes: Jamaica.

Dos años y medio después, en un departamento de Villa Crespo –uno de los barrios más afectados por los cortes-, donde funciona un taller de periodismo narrativo comandado por Leila Guerriero -una de las periodistas más reconocidas de Latinoamérica-, un grupo de dieciséis periodistas de los ámbitos más diversos comenzaron a darle forma a Voltios. La crisis energética y la deuda eléctrica, una investigación que publicó Editorial Planeta a principios de este año – en otro verano de cortes y olas de calor- que se planteaba responder, con la rigurosidad de la investigación periodística y las armas de la narrativa, una pregunta que, como quien oye llover, como quien enfrenta un designio de la naturaleza, ya nadie en Buenos Aires y el conurbano parece hacerse excepto los que sufren cada vez que la temperatura se corre unos grados hacia arriba o hacia abajo: ¿por qué se corta la luz?

La respuesta es que, tras meses de investigación y más de ochenta entrevistas a directivos de Edenor y Edesur, a cuadrillas, asociaciones de consumidores y funcionarios públicos –entre otros, las últimas entrevistas al ex Ministro de Planificación Julio De Vido, a su mano derecha Roberto Baratta y al ex Secretario de Energía Daniel Cameron antes de que en octubre de 2017 la justicia los procesara en el marco de la investigación por la millonaria compra de barcos gasíferos a Rusia – y a usuarios y víctimas de lo que Guerriero llama en el prólogo una “impiadosa y subrepticia forma de violencia social”, es que no hay una única respuesta. Los dieciséis periodistas -Carola Birgin, Paula Bistagnino, Camila Bretón, Manuel Buscalia, Carolina Cattáneo, Dolores Caviglia, Solange Levinton, Juan Manuel Mannarino, Marina Navarro, Guido Piotrkowski, Nicolás Rotnitzky, Ezequiel Siddig, Nicolás Salvarrey, Pablo Tomino, Lina Vargas y Mónica Yemayel- exploraron todos y cada una de los hilos de una trama que se teje tan complicada que la única manera de entenderla para el ciudadano común –hasta este libro al menos- era resignarse como quien oye llover, como quien enfrenta un designio de la naturaleza.

Lo que hay en Voltios, sino respuestas, es un panorama desolador, donde empresas de distribución de la electricidad y funcionarios y ex funcionarios del Estado se tirotean con acusaciones: que las empresas no invirtieron en años a pesar de los subsidios y las millonarias condonaciones de deuda, dice el Estado; que el Estado maniató a las empresas al no aumentar en catorce años las tarifas mientras el consumo crecía desmedidamente, dicen las empresas. Que el consumo desmedido tuvo su base en la reactivación económica, dicen los funcionarios kirchneristas; que la importación de gas para transformar en energía llevó al cepo cambiario, dicen los funcionarios del nuevo gobierno. Un panorama donde el cableado de Buenos Aires, con 24 millones de metros cúbicos nuevos construidos desde 2004 en su mayoría en forma de edificios electrodependientes, tiene más de 40 años. Donde el ENRE (Ente Nacional Regulador de la Electricidad) nunca funcionó como debía. Donde en una década el promedio de la cantidad y duración de cortes de luz se triplicó. Donde entre 2004 y 2014, los subsidios al sector energético representaron más dinero que la suma total destinada a cultura, educación y salud. Donde el actual gobierno tiene cerca del 90% de los más altos cargos del Ministerio de Energía y Minería ocupados por ex altos cargos en empresas que operan en el mismo sector que ahora deben gestionar

Y en el medio, los cortes de luz masivos continúan. En el medio, por ejemplo, barrios pobres sin urbanización y sin punteros fuertes donde la municipalidad y las empresas proveedoras se acusan mutuamente de no poder reemplazar un transformador de 500 kilovatios por uno de 800 después de que mueren cuatro nenas en un incendio provocado por una vela. En el medio, personas conectadas a un respirador artificial que deben mudarse con la angustia de si les alcanzará lo que le resta de energía al aparato para sobrevivir. En el medio, un vecino de Caballito que sufre cortes de luz semanales hace veinte años, ancianos atrapados en departamentos sin agua, negocios que pierden toda su mercadería, hospitales atendidos bajo el haz de las linternas, cooperativas y teatros y librerías que ante las facturas de luz imposibles de afrontar bajan sus persianas para siempre. En el medio, cada verano, Buenos Aires y el conurbano a oscuras y en llamas.

“Sin investigación no hay texto, sin una buena prosa no hay investigación sólida que llegue a buen puerto”, sostiene Guerriero. Con esa premisa, sumergidos en un tema complejo, los dieciséis periodistas que estuvieron ocho meses tras un pedido de información pública, que entrevistaron a muchos funcionarios en off como si la crisis energética fuera la más intrincada, sensible y peligrosa intriga de negocios turbios y negligencia política –que acaso sea es una discusión que el libro deja abierta- van llevando al lector a deconstruir una trama que va más allá de la electricidad: Voltios habla del país del parche sobre parche, donde los que sufren la ausencia de regulación siempre son los mismos, y uno de los aciertos de este libro –en sus pasajes tal vez más conmovedores- es visibilizarlos. “No hay una conciencia plena de cómo en el siglo XXI estar sin luz te devuelve a las épocas de las cavernas de una forma más contundente que en los 50. No hay una conciencia de lo que desaparece cuando desaparece la luz”, dice Guerriero en una entrevista.

Según la Revisión Integral Tarifaria, con los aumentos en 2018 se “daría por normalizada la concesión en términos del ingreso que requieren las distribuidoras para cumplir durante cinco años con la recuperación de la calidad”, dijo hace un año el Secretario de Energía Eléctrica Alejandro Sruoga. Los cortes de luz en Buenos Aires este verano, según informes del ENRE, superan por un 66% al anterior. El calor da paso al otoño, el tema desaparece de los medios. Los contratos del Estado con Edenor y Edesur, que siguen sin especificar inversiones, vencen en 2087. Y Voltios marca un hito en un conflicto que no parece tener final.