Economía / 19 de marzo de 2018

Por qué el peso y la deuda argentina están castigados en los mercados

Presión sobre el dólar y dificultad para tomar crédito fuera tras la nueva meta de inflación.

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El último día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anunció las metas de inflación del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, sentado en la misma rueda de prensa, y a partir de entonces comenzó la inquitud de operadores locales y extranjeros por la independencia de la autoridad monetaria, un atributo que para algunos de ellos resulta señal de sustentabilidad de la política económica.

A partir de entonces se aceleró la devaluación del peso frente al dólar y comenzaron a aparecer dificultades para que la Argentina tome deuda en el extranjero, a diferencia de los últimos dos años. El riesgo país subió más que en otros países emergentes, también castigados por la suba de tasas de interés internacionales, de 349 puntos el 28 de diciembre a 403 el 15 de marzo. El dólar trepó de 18,61 a 20,61.

Presente en aquella conferencia de prensa y atento al nuevo escenario local e internacional, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, demostró su habilidad en el manejo de los mercados y se apuró en colocar 9.000 millones de dólares fuera en los primeros días de enero. Pero el ministro, bajo fuego de la oposición por sus sociedades offshore no declaradas, debió viajar el 8 de marzo a Nueva York a tranquilizar los ánimos. Allí constató que los mercados estaban reticentes a prestarle alegremente y que debía poner en marcha su promesa de 2017 de empezar a endeudarse más en la plaza local.

“No se acabó el financiamiento externo”, aclaran altas fuentes del oficialismo. “Sólo que se entendió que había un castigo desproporcionado a los activos argentinos desde fines de enero y que eso tenía que ver con una disonancia entre la percepción del mercado y la realidad de los fundamentales de la Argentina. Como el mercado estaba algo inquieto, infudadamente, por una potencial sobreoferta de papeles argentinos, incluyendo Nación, provincias y empresas, se quiso dar una señal fuerte de que tanto Nación como provincias podíamos manejarnos con financiamiento en el mercado doméstico y fuentes alternativas de financiamiento a la colocación de bonos (N. de la R.: préstamos bancarios). Y eso es lo que vamos a hacer. Cuando percepción y realidad vuelvan a acomodarse, se verá”, agregan.

En el mercado también descartan que esté cerrado el acceso al financiamiento del exterior. “Todavía no se acabó, pero los inversores están más cuidadosos con la Argentina y más atraídos por invertir en Brasil”, comenta un operador. Un asesor de inversores externos adjudica la tensión en el mercado cambiario y en el de deuda al cambio de metas de inflación, aunque también menciona otras razones. Algunos operadores se enojaron porque la devaluación les hizo perder mucho a quienes apostaban a la bicicleta financiera de ganancias fáciles en dólares con las Letras del Banco Central (Lebac). En el Gobierno presionaron para que subiera el dólar, de modo de mejorar la competitividad de la producción de bienes y servicios. La batalla campal por la reforma previsional provocó dudas sobre la gobernabilidad.

“No es que se haya acabado el financiamiento externo, pero está claro que en algún momento va a escasear y lo lógico es que el Gobierno vaya tratando de limitar lo que pide afuera”, opina Francisco Eggers, profesor de la Universidad de La Plata. “El usar menos el mercado internacional puede ayudar a que los bonos emitidos vayan digiriéndose: es demasiado lo que la Argentina ha emitido en los últimos dos años. Sin perjuicio de que desde el punto de vista de la sostenibilidad es más o menos lo mismo emitir en dólares bajo ley argentina o bajo ley extranjera”, agrega Eggers.

Frenkel. Desde el punto de vista de la apreciación cambiaria también es lo mismo, según Roberto Frenkel, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes). Incluso si se emite deuda en pesos, dado el pequeño mercado argentino y las grandes necesidades de cubrir el déficit fiscal, entran capitales externos a suscribirla y entonces también se aprecia el tipo de cambio, según Frenkel. La Argentina ya no está tan cara como estuvo a lo largo de 2017. El tipo de cambio multilateral recuperó el nivel de abril de 2016, es decir, cuatro meses después de la salida del cepo, o de noviembre de 2014, diez meses después de la devaluación del gobierno de Cristina Kirchner (ver infografía). Pero la Argentina está mucho más cara que cuando en 2011 la alimentaria Arcor exportaba latas de tomate a medio mundo. Ahora esta se queja de la importación y provoca tensión con el Gobierno.

“El Central intervino fuerte para frenar el dólar, pero antes decía que el modelo ideal era la flotación pura”, recuerda Frenkel. “Ahora dice que el dólar impacta en la inflación. Antes decía que no. Ahora hay un claro riesgo de que suban los precios y busquen el ancla cambiaria de la inflación, como en 2016. Esperemos que no. Deberíamos dar una señal a los exportadores y sustituidores de importaciones de que este será el tipo de cambio real a largo plazo, para que decidan inversiones”, pide el economista.

Entre los pocos colegas suyos que esperaban un salto del dólar en 2018, Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica, y Matías Surt, de Invecq Consulting, elevaron su predicción para fin de año de más de 21 pesos a 22,50 por impulso del resto de los precios de la economía. Sería un alza del 10% respecto de la actualidad, menos que la inflación prevista. 

 

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