Empresas / 20 de marzo de 2018

Una fábrica de peluqueros: dos escuelas con cursos de hasta ocho meses

El estilista Marcelo Cuggini abrió su segundo centro de formación, en el que se enseña hasta química.

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El estilista Marcelo Cuggini abrió en octubre pasado en Ramos Mejía su segunda escuela de peluqueros. La primera está en Tribunales, en la ciudad de Buenos Aires. “Somos la mejor escuela del país y enseñamos un oficio al alcance de todos, en estos tiempos de empleo en crisis”, afirma.

Cuggini es uno de esos emprendedores que se hizo de abajo y mezcla calle, pasión y talento en dosis bien repartidas. Y como buen emprendedor, es tozudo y a veces va a contramano de estos tiempos.

Por eso en momentos en que no sobran las inversiones productivas en la Argentina, Cuggini puso una fábrica.

“Tengo una fábrica, sí, de peluqueros, vamos a fabricar los mejores peluqueros del país”, dice, al referirse a la escuela que inauguró en Ramos Mejía.

Se trata de la segunda que abre este reconocido peluquero y la primera en el conurbano bonaerense, territorio castigado si los hay por el desempleo y una economía que está estancada desde hace años y que ahora rebota pero sin mover mucho la aguja del mercado laboral.

Por eso Cuggini dice que lo suyo, un poco es un emprendimiento, pero otro poco es responsabilidad social.

“Este es un oficio que da grandes satisfacciones y le asegura a cualquiera un sustento. Ser peluquero te da satisfacciones económicas, pero también sociales, porque hacés muchas relaciones. Uno no le puede tocar la cabeza a una persona sin antes tener una empatía, una relación personal, cercana”, explica Cuggini.
Es un oficio donde muchas veces, el peluquero hace amigos de todas las clases sociales, incluyendo gente de alto poder adquisitivo que pueden aparecer con algún negocio alternativo, “extra peluquería”, dice el estilista.

Pero además señala que se puede ser peluquero y vivir de ese oficio con muy poca inversión. “Cualquiera puede abrir un salón en el garaje de su casa, lo único que necesita son sus conocimientos y una tijera, incluso si se va a otro país puede vivir de esto”, afirma.

Creatividad e iniciativa. Cuggini nació hace 54 años en Ramos Mejía. Estudió en el colegio técnico aeronáutico Jorge Newbery, pero en tercer año abandonó. Hijo de un inmigrante italiano que se jubiló como metalúrgico y le inculcó la cultura del trabajo, Cuggini se empleó a los 15 años como cadete y pronto entró en el mundo de los salones de peluquerías, de donde no salió más.

Siempre tuvo una veta por lo estético y por el lado emprendedor. Y en algún momento llegó a diseñar y construir casas, para luego venderlas. “Hice como cinco”, recuerda, con una sonrisa.

El proyecto de la escuela surgió hace cinco años porque Cuggini tenía problemas para encontrar buenos peluqueros para su salón. Entonces empezó a pergeñar un “método Marcelo Cuggini” de enseñanza del oficio.
“Nosotros sabemos desde adentro todos los secretos de esta profesión, por eso somos una de las mejores escuelas del país o la mejor”, señala.

Entre otras cosas, diseñó su propio plan de estudios, grabó videos y elaboró cuidadosos power point para desplegar durante las clases. También importó de China unas cabezas artificiales para que los alumnos hagan sus primeras prácticas, antes de pasar a las personas de carne y hueso.

“Incluso tenemos un poco de química en nuestras materias de estudio, porque hay que saber preparar una tintura, hay que analizar la composición de un cabello o un cuero cabelludo. Un ser humano es un laboratorio ambulante. Nosotros sabemos cómo lograr el punto exacto en un color”, afirma.

Los cursos que ofrece la Escuela de Marcelo Cuggini tienen una duración máxima de ocho meses.

Hay también seminarios de perfeccionamiento de dos y cuatro meses y jornadas de un día también, para que los que actualmente ejercen el oficio puedan mejorar sus habilidades.

Los cursos incluyen: estilista masculino, estilista femenino, peinados recogidos, corte y brushing, colorimetría, barbería, maquillaje social, manicura y belleza de pies. La nueva escuela queda en Rivadavia 14.108, pleno corazón de Ramos Mejía. Mientras que la escuela porteña de la avenida Córdoba 1525 ya funciona desde hace dos años. Además, Cuggini tiene su salón en Tucumán 1671, también en la ciudad de Buenos Aires.

“En el futuro pensamos en franquiciar la marca, con un método y un know how y también abrir sucursales en el interior”, aventura.
Para llevar adelante la escuela, Cuggini tiene a su hijo mayor, Luciano, como director creativo. Es su mano derecha y sucesor. “Tiene talento”, vende su padre, pero además, cuenta que “se crió dentro de una peluquería”.

Siempre es interesante conocer la opinión que tiene sobre la coyuntura económica un emprendedor y empresario pyme como Marcelo Cuggini. Acostumbrado a apagar mil incendios, lidiar con empleados, impuestos o la caída del poder adquisitivo que se nota rápido en la calle. Además, como los taxistas, el peluquero tienen buen oído y habla con mucha gente de diversos ámbitos.

Cuggini afirma: “Los argentinos no tenemos que esperar que vengan las inversiones de afuera, que nos vengan a salvar, tenemos que ponernos a trabajar nosotros, ahora, por el país que les queremos dejar a nuestros hijos. Quizás nosotros no vayamos a ver los beneficios, pero nos vamos a quedar tranquilos de que arrancamos por este camino”. Todos los días le vienen a pedir trabajo, con frecuencia, ciudadanos de otras nacionalidades. “Los bolivianos son muy trabajadores, puntillosos y cumplidores”, afirma.

En su salón tiene un cartel de Ayn Rand, escritora y filósofa (Rusia 1905-Estados Unidos 1982), que dice: “Cuando adviertas que para producir necesitas autorización de quienes no producen nada; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que al contrario, ellos están protegidos de ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio; entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.

 

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