Costumbres, Cultura, Mundo, Turismo / 28 de marzo de 2018

Fobia a los turistas en Europa

El exceso de visitantes ha vuelto un infierno la vida en ciudades como Barcelona o París. “Overturismo” es el nombre del fenómeno. ¿Tiene remedio?

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ARCHIVO - Turistas en la plaza de San Marcos en Venecia. Foto: Andrea Warnecke/dpa-tmn/dpa

La situación transcurre en Roma. Verano europeo. “Es la única pregunta que te voy a contestar. Pensalo bien”. Un turista perdido en las callecitas italianas tuvo el atrevimiento de interrumpir una charla para consultar por el camino hacia el Coliseo. El que responde con esa fiereza no es un político acusado de corrupción, ni un mafioso acechado por la prensa. Es simplemente un vecino del barrio Monti, en el centro de la capital italiana, harto de todos nosotros, harto de la invasión. Es lo que muchos conceptualizan ahora como un “turista fóbico”. El fenómeno, bautizado en inglés como “overtourism” -algo así como el exceso de turismo- ya es un problema concreto en Venecia, Barcelona, o la croata Dubrovnik, conocida e invadida por ser la locación de King’s Landing en “Game of Thrones”.

Roma recibe, en promedio, unos 40 millones de turistas al año. Cualquiera que la haya visitado sabe perfectamente que no importa el mes o el clima, siempre, constantemente, transitar sus calles, visitar sus monumentos, será una experiencia más cercana a los autitos chocadores que a un plácido recorrido de vacaciones. Algo similar, aunque en menor escala, sucede en Venecia, donde 24 millones de personas llegan al año a un lugar donde solamente hay 55 mil residentes. La ciudad de los canales fue escenario de una singular protesta. Hace poco más de un año, los residentes hicieron un “maletazo” contra la presencia de los turistas. Los manifestantes pretendían que la actividad se regulara y que se estableciera un cupo de ingresos; es decir, quieren que se prohíba la entrada de turistas una vez alcanzado un determinado número de personas. Si bien los reclamos quedaron en suspenso, todavía se pueden ver carteles en alguna que otra casita de la ciudad que dice, sin rodeos, “tourist go home”.

Invasión. Torsten Kirstges, profesor de turismo en la universidad alemana de Bremerhaven, cree que ese tipo de medidas no tienen mucho sentido. “Restringir los números de visitantes sólo es posible en determinadas atracciones turísticas. Se puede restringir el acceso de cruceros a una isla o la entrada a parques nacionales”. Sin embargo -continúa el docente- “la mayoría de los destinos de vacaciones, sobre todo las ciudades, tienen una sola limitación: el número de alojamientos y camas. En este caso, lo que se puede hacer al menos es procurar que la estancia sea más cara o más difícil”.

En Barcelona, con 30 millones de turistas al año, también alzaron la voz en contra de esta industria que representa el 12 % del PBI local. Según un estudio realizado por las autoridades de la ciudad, el turismo es el primer problema para los habitantes locales después del desempleo y la precariedad laboral. Para tratar de frenar esta suerte de contaminación turística, el Ayuntamiento decidió no renovar los permisos para albergar pasajeros en casas; principalmente a través de Airbnb.

Desde 2016, la Asamblea de Barrios por un turismo sustentable de Barcelona viene trabajando para masificar y concientizar sobre las consecuencias del actual modelo turístico económico de la ciudad. Uno de los puntos más conflictivos tiene relación con la contaminación producida por los cruceros que amarran en el puerto catalán. De acuerdo a los datos de la Plataforma por la Calidad del Aire, el puerto de Barcelona es el lugar con mayor presencia de los gigantescos barcos de lujos en todo el mediterráneo, desde donde bajan 2.68 millones de personas al año.

Globalización. Víctor Hugo Espejo, documentalista especializado en Turismo y expositor en la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene una mirada muy crítica al respecto. “Creo que este fenómeno es el resultado de que el capitalismo más feroz haya conocido al turismo. La burbuja económica actual del turismo es insostenible. Oporto (Portugal), por ejemplo, pasó de ser una ciudad bohemia, aparentemente decadente pero llena de color, a una ciudad plagada de ‘instagramers’ y grandes cruceros. Hoy, los negocios clásicos han sido reemplazados por restaurantes para turistas, los alquileres han subido y el bar de siempre es ahora una cafetería ‘hipster’ con precios altos”, explicó Espejo a NOTICIAS.

Espejo no considera que el turismo en sí mismo sea nocivo sino que “su mala gestión es lo peligroso; viajar es algo impresionante y necesario para los tiempos que vivimos. Se debe abogar por un turismo sostenible en el tiempo, uno que brinde una experiencia genial al turista que viene a visitar pero que respete al ciudadano que vive en la ciudad cada día”.

Sobre las razones de este fenómeno, el profesor Kirstges agrega que “los problemas para la población local se reflejan en largas colas, concentraciones de gente, ruido, ‘turistificación’, basura, conductas inapropiadas y el aumento de precios”.

Además, señala que “en Europa, el turismo de masas es el efecto de un orden social recreacional. Este incluye la libertad de viajar y, básicamente, esto es algo bueno. Todo el mundo quiere ir a lugares de los que se dice que son fantásticos. El resultado, sin embargo, es que los viajes se realizan a escala masiva”

Si bien los rankings de las ciudades más visitadas varía según la empresa u organización que lo elabore, lo cierto es que el Top 10 suele repartirse entre las mismas. Ahí figuran, peldaño más, peldaño menos, Barcelona, Roma, Bangkok, París, Dubai, Tokio, Nueva York, Venecia, Estambul. En todas, la irrupción de Airbnb en el mercado inmobiliario turístico generó grandes polémicas y muchos lo ven como el acelerador final del “overtourism”. Un estudio realizado por la asociación empresarial Exceltur indicó que en 2016, por primera vez, hubo más reservas en los albergues de departamentos y casas privados que en hoteles y hostales tradicionales.

El profesor alemán, sin embargo, no ve en la famosa web de alquileres on line el origen del problema. “Airbnb de ninguna manera explica por qué algunos lugares están atestados de turistas. No se puede atribuir la culpa a un solo tipo de alojamiento”.

En Argentina. Por otra parte, en Argentina el hastío a los turistas todavía no parece haber explotado. El consultor de turismo Gabriel Cohen dijo a NOTICIAS que “hay ciudades como Mar del Plata, Bariloche o La Angostura, que se saturan en alta temporada, pero aún no llegan a los niveles de Roma, Barcelona u otras ciudades europeas”.

De todas maneras, la incomodidad entre los pobladores locales existe. “El turismo genera trabajo, es la famosa ‘industria sin chimenea’, y genera desde negocios emergentes como alquileres de casas de familia hasta compañías aéreas con los vuelos low cost. Pero para que la población local esté contenta en su conjunto todos deben percibir que el turismo es algo bueno y que genera beneficios. Caso contrario, siempre habrá sectores hostiles para los visitantes, que muchas veces sin pretenderlo, atentan con su mera presencia contra el estilo de vida del lugar visitado”.

Esteban Bengochea, director de Bens, consultora de revenue management hotelero, es más optimista sobre el desarrollo de la actividad en Argentina. “No existen ciudades saturadas por el turismo hoy en día, aún hay mucho lugar para crecer en todo el país. Es muy probable que si continuamos con la reactivación económica y el tipo de cambio ayuda, Buenos Aires, Iguazú y Mendoza tengan muy buenos años de negocios turísticos a mediano plazo”, dijo a NOTICIAS.

A diferencia de lo que sucede en el mercado europeo, Bengochea entiende que Airbnb “se ha convertido en un canal más y si bien afecta la hotelería tradicional, también satisface un segmento diferente que no desea ir a un hotel. Las últimas novedades de Airbnb hablan de que se abren al mercado hotelero, con lo cual el impacto será aún menor que el actual. No lo veo como una amenaza sino como un canal más que acompaña el crecimiento turístico”.

Emiliano Gullo