Teatro / 5 de abril de 2018

El regreso de la excelencia

Excelente sucesión de rutinas, humor y una excelsa dirección configuran los ingredientes de Cirque du Soleil.

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★★★★★ La excelencia tiene una cita programada cada dos años; lapso que transcurre entre las visitas del admirable y mundialmente conocido Cirque du Soleil. Esta vez, el octavo desembarco de la compañía canadiense –si incluimos “Sép7imo Día”, concebido con música de Soda Stereo– es con “Amaluna”, que nuevamente trae un desfile de artistas asombrosos que logran alcanzar, con aparente facilidad, los parámetros más altos de la perfección técnica y artística.

La historia nos traslada a la isla homónima, un lugar idílico y misterioso gobernado por ciclos lunares y mujeres. En esos parajes reina Próspera, quien guía a su joven hija Miranda (Lullia Mihailova, deslumbrante en el número dentro de un cuenco de agua) a través de pruebas que deberá superar para comprender los valores esenciales de la vida. Una tormenta desatada por la soberana, trae un grupo de náufragos. Entre ellos, Romeo, que enamora a la muchacha. Inspirada en “La tempestad” shakesperiana, la trama resulta una excusa para seducirnos con las increíbles proezas de estos diferentes virtuosos, magníficamente ataviados por el sugerente vestuario de Mérédith Caron e iluminados, cual dioses del Olimpo, por el diseño de Matthieu Larivée.

Entre la excelente sucesión de rutinas, se destacan el trampolín doble con tres acróbatas que desafían la ley de gravedad, mientras surcan el aire colgados de cuerdas; las increíbles amazonas de las barras asimétricas; la impresionante cantante suspendida en aros metálicos; un homenaje al ritual indonesio donde bailarinas vestidas en blanco y plata, crean la ilusión de una figura con cientos de brazos. Asimismo, la hipnótica aparición de la “Diosa del equilibrio”, una mujer que, en oda al balance, sostiene con una sola mano más de una docena de cortezas de tronco de palmeras. Las levanta del piso, una por una, con los dedos de sus pies, hasta construir una figura y logra mantener en vilo la atención, no sólo por el prodigio, sino también ante su propia respiración amplificada.

Infaltable, el humor lo aporta la pareja de hilarantes clowns: Maïnha, una contundente dama; y Yorick, un escuálido y pequeño hombrecito, quienes recorren el escenario y la platea, y nos enseñan que el verdadero amor supera cualquier diferencia. La música en vivo es otro atractivo del espectáculo con una potente banda femenina.
Desde su excelsa dirección, la neoyorquina Diane Paulus, profunda conocedora del género musical, consumada regisseur y ganadora del Tony por su versión de “Pippin”, nos zamarrea el alma, deja que volvamos a ser niños y soñemos con un mundo donde todo es posible. Por un par de horas, al menos.
Estarán en Buenos Aires hasta el 8/4 y luego irán a Córdoba capital, del 26 al 29/4.

 

“Amaluna” dirigido por Diane Paulus. Por la compañía
Cirque du Soleil. Costanera Sur, Av. España 2230.

 

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