Personajes / 9 de abril de 2018

Kevin Johansen: “En la política soy ateo”

Las vidas del cantautor que hace del cruce de géneros su manifiesto. Madre antiimperialista, padre norteamericano y el mundo en llamas.

Nació en Alaska, se crió en California, vivió su adolescencia en Buenos Aires, se mudó a Montevideo, volvió, pasó los ´90 en Nueva York, volvió otra vez y se radicó en una de estas calles coquetas que le confieren a Belgrano, el barrio materno, impronta de Notting Hill porteño. Llega a la entrevista en su casa con gafas de sol oscuras, mate y termo bajo el brazo y en compañía de un yorkshire terrier lanudo llamado New, con el que acaba de dar un paseo. Decir que su música describe la trayectoria nómade de sus varias mudanzas es una obviedad necesaria: un reggae playero puede devenir carnavalito dentro de la misma canción o una cumbia spanglish mutar en folk para espagueti westerns. El propio Kevin Johansen se define como un cantautor “des-generado” y hace de ello un culto. En inglés o en castellano, su cancionero se explica mejor sobre un mapa que en una partitura: una ruta que atraviesa ritmos desde Fairbanks —ciudad donde llegó al mundo, de madre argentina y padre estadounidense— hasta el Río de La Plata.

En el living de su casa hay juguetes de Roy (3) —el menor de sus cuatro hijos— e instrumentos musicales. “En alguna canción dije que cuando escriba mi autobiografía va a ser una ´autogeografía´. Somos hijos de una época de muchas influencias musicales, de muchos cambios culturales. Mi vieja, que era docente y muy argentina, te colgaba las boleadoras de gaucho en el living de la casa de Alaska, y tenía discos de Hijitus, de Tita Merello y de Julio Sosa, mezclados con los Beatles, Joan Báez, Cat Stevens y lo que sonaba en la época. Es parte del ADN esa cosa des-generada”, recuerda Johansen mientras acomoda una guitarra de flamenco que le recomendó su amigo Jorge Drexler, y a la que deberá ir “faltándole el respeto” si quiere domarla. Es el flamante suvenir de su gira por Europa, que recaló en varias ciudades de España, París, Londres y Berlín, en donde presentó “Mis Américas Vol. ½”, el más reciente de sus siete álbumes.

Noticias: Llegó a la Argentina en 1976, con 12 años. ¿Cuál fue su primera impresión?
Kevin Johansen: Mis abuelos maternos tenían una casa en Olleros, entre Cabildo y Zapata, donde recalamos. Una señora en la panadería me preguntaba: “¿dónde te gusta más, allá o acá?”, ese síndrome de culo del mundo que tenía el argentino en los ´70. También recuerdos de la escuela, la ambigüedad sobre el de afuera, sobre todo viniendo de Estados Unidos: había pibes que te decían “che, ¿fuiste a Disney? Debe estar buenísimo”; y otros que te pasaban por al lado y te decían “yanqui, go home”. Esa dualidad porteña, entre la idealización y el desprecio. Yo venía muy argentinito por esa influencia de la vieja. Ella nos decía, a mi hermana y a mí: “No quiero que sean unos gringuitos, quiero que aprendan el idioma”. Mis abuelos eran conservadores, medio fachos, medio antisemitas, y mi vieja era la rebelde que se hizo feminista, socialista, antiimperialista, aunque tuvo la contradicción de casarse con un gringo de Denver.

Noticias: ¿Registraba entonces el trasfondo político?
Johansen: En segundo o tercer año ya veo de qué va el país. Las primeras salidas de adolescente a ver a Serú Girán o a Spinetta Jade en las que te pedían documentos por la calle y los primeros temores. Me acuerdo de cruzar la vía en la otra cuadra, que siempre había un cana; lo veía y temblaba. Tomé más conciencia con Malvinas, la locura de la marcha de la CGT contra el gobierno de facto y a los dos días todos festejando a favor del gobierno porque habían invadido las Malvinas. Después vino Alfonsín, soy hijo de la primavera democrática. Me alegré mucho cuando ganó Alfonsín, esa esperanza me la acuerdo muy bien, y después todas la decepciones venideras.

Noticias: Viviendo en Nueva York conoció a Hilly Kristal, dueño del CBGB’s, legendario club punk rock y new wave donde usted grabó y tocó como house band. ¿Cómo fue esa experiencia?
Johansen: Fue una confirmación muy linda que un tipo que había escuchado tantas bandas grosas me diga “I like what you do”, con la mano en el hombro. “Está bueno lo que hacés, laburá”. Te contaba que conocía a los Ramones y que al principio sonaban como el orto, y les dijo que ensayaran más. “Eran buenos pibes, divinos”, te contaba. “Acá, en el baño, encontré a Blondie haciendo el amor con el marido”, el tipo te lo contaba así. Fue un clic importante, un lugar donde me dijeron: “Acá podés grabar, curtirte, foguearte, tocar”… Llegué a tocar una vez por semana y grabé los primeros demos en cinta abierta.

Noticias: ¿Cómo llegó Down With my Baby a convertirse en cortina de “Resistiré” en 2003?
Johansen: Ese tema llega a la televisión por culpa de Lala (Franco, su mujer). Era productora de “Resistiré” y le dice al director: “Escuchá este tema de Kevin, qué bueno que está para el flechazo”. La culpable está en mi casa. Las vueltas de la vida hicieron que a los dos años nos conociéramos y tuviéramos dos hijos (Tom Atahualpa y Roy).

Noticias: ¿Cómo vivió esa notoriedad instantánea? Hasta entonces se lo conocía en un circuito más alternativo.
Johansen: Eso me llegó a los 37 años y me di cuenta de que uno nunca está preparado para el éxito, especialmente yo, porque nunca estoy preparado. En vez de siempre listo, nunca listo. La exposición siempre te agarra un poco por sorpresa. Los yanquis dicen “I´m ready for my close-up”, en mi caso, nunca estuve listo para mi primer plano. Muy difícil para el que le llega a los 20 no vivir en una nube de pedos y esperar que siempre sea así, porque lo naturalizás. Hay una anécdota, creo que de León Gieco, cuando hace su primer Luna Park y llega a la casa con el pecho inflado y en la heladera su mujer le había dejado un cartel que decía “Boludo, te olvidaste de sacar la basura”. Por suerte siempre tuve alguien que me ponía ese cartel como para no creérmela demasiado.

Noticias: La música le permitió conocer América latina en profundidad ¿Qué cree que nos define como región?
Johansen: De eso se trató “Mis Américas”, un disco que celebra las diferencias en un vasto territorio al que unifica el idioma. Fijate cómo cambió el mundo con la globalización tan defenestrada. El aspecto positivo fue conocernos más las mañas. El chileno se ríe del boludo nuestro, nosotros nos reímos del huevón del chileno o del güey mexicano y vas a México y te dicen boludo cariñosamente. Con la globalización hay menos desconocidos, y uno le tiene un temor innato a lo desconocido. La música es empatía y celebrar las diferencias. Eso lo veo en muchos músicos, desde Patti Smith hasta David Lebón, con quien estaba sentado al lado cuando fuimos a verla. Hay gente que está proponiendo muros y nosotros nos dedicamos exactamente a lo contrario, te combatimos la muralla como sea.

Noticias: ¿De qué modo se combaten esos muros desde la música?
Johansen: En el hecho creativo mismo hay algo de protesta. La fiesta es protesta. Proponer una canción alegre ya es protestar en estas épocas que están muy Darth Vader. Parece cerrar un círculo con los ´60, eso de volver a hablar del amor libre, trascender los prejuicios y el temor, porque la ecuación del fascismo es miedo más ignorancia. Tratan de mantenernos ignorantes y que tengamos miedo. En un momento del show de Patti Smith, dijo que la trataron muy bien, que conoció al ministro de Cultura, que la llevaron a pasear, entonces empezaron con el cantito contra el Presidente que está de moda y ella dijo: “Bueno, en mi país no puedo ver a nadie de mi gobierno”, como diciendo “ojo, tengan en perspectiva que por lo menos acá podemos dialogar”. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero en Estado Unidos está más jodido, muy oscuro. Personalmente no me gusta pelear, pero luchar voy a luchar siempre.

Noticias: En uno de sus recientes conciertos en Niceto el público también entonó el denominado “hit del verano” contra el Presidente, ¿cuál fue su reacción?
Johansen: Seguí tocando. Cada uno está en su derecho, pero cualquier revolución o protesta nace en el amor, para mí es otro el modo. No me parece que lleve a nada. Ahora, si existe una manifestación de descontento, hay que buscar por qué. Vengo de una familia muy particular. Fui criado por una madre socialista, casi comunista, atea, que se hizo contra de la generación de mis abuelos que eran muy conservadores. Yo en la política soy ateo. Descreo mucho porque nos han hecho descreer mucho. Tengo una idealización personal de poder repartir mejor las cosas, se nota demasiado que el mundo está en manos de pocos y eso va a traer quilombo siempre y me encantaría que para mis hijos y mis nietos haya el menor quilombo posible.

Noticias: La sociedad está atravesada por un debate sensible como es el de la despenalización del aborto. ¿Cuál es su posición?
Johansen: Mi hashtag sería “mi cuerpo es mío”. La soberanía de
cada uno es su propio cuerpo. Eso
es intocable, cada mujer decide sobre su cuerpo y ese es un derecho supremo.

 

Damián Richarte

@DamianRicharte

 

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