Cultura / 2 de mayo de 2018

Leonardo, Tiziano, El Greco y muchos más

Hasta el mes de julio podrá verse en el Museo de Bellas Artes un destacado conjunto de obras que son patrimonio de Hungría.

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Buda y Pest -ciudades de la orilla occidental y oriental del Danubio- se unificaron como la hermosa Budapest en 1873. La fusión del Museo de Bellas Artes de Budapest y la Galería Nacional de Hungría data de 2012. Los trabajos edilicios permitieron el viaje de parte de su vasta colección a museos europeos y a estas playas, única sede de Latinoamérica.

“Obras maestras del Renacimiento al Romanticismo. Colección del Museo de Bellas Artes-Galería Nacional de Hungría” es una notable muestra pensada con la mirada de los curadores Florencia Galesio y Ángel Navarro, del MNBA. La selección reúne 58 piezas y brinda un panorama del desarrollo de la historia del arte. Se exhibe una bien realizada línea de tiempo con movimientos artísticos, hitos, que contextualizan las obras de la exposición: Renacimiento, Manierismo, Barroco, Rococó, Romanticismo.

Grandes autores -Tiziano, Rubens, Goya, Tiepolo, Zurbarán, Lorenzo Lotto- y algunas extraordinarias piezas para seis ejes temáticos, que abarcan desde fines del siglo XV hasta mediados del XIX. Tal como señala Navarro, aparecen los grandes temas del arte: pintura histórica, historia bíblica -como “La Anunciación” (1600) de El Greco-, mitología, retrato, paisaje, naturaleza muerta, vida cotidiana.
Con el tiempo, surgen distintos géneros y nuevos coleccionistas, Iglesia y nobleza son reemplazados por los burgueses. Florecen intenciones moralizantes como en las “parejas desparejas” de Lucas Cranach el Viejo; temática a la que recurrió con frecuencia. En “Pareja amorosa desigual: hombre viejo y mujer joven” (1522), el hombre cegado por la lujuria es robado por la joven de apariencia inocente; al lado hay una pintura con el par opuesto. Se pintan fantasías, como “El emir del Líbano” (1843) del retratista y fotógrafo József Borsos. Es el magnífico retrato de un noble húngaro fascinado por Oriente, tal como se estilaba entonces; una entre la decena de pinturas de artistas húngaros, como Mihály Kovács, Károly Brocky.
“David y Abigail” (ca. 1616), de Guido Reni y taller, llama la atención en cuanto se ingresa a la sala. En este tema bíblico, la decaída Abigail pide clemencia a David por su marido Nabal, un jefe local insensato que insultó al rey. Casi enfrente, a distancia y en otro eje temático, está el bello “Bodegón con frutas y copa Römer” (1644), trabajo en colaboración de los holandeses Pieter Claesz y Roelof Koets.
Bartolomé Esteban Murillo retrata una escena doméstica en “La Sagrada Familia con San Juanito” (1665-1670): José trabaja la madera, María hace costura y los niños juegan. Con esta pieza -similar a las que se hallan en Museo del Prado de Madrid y Bellas Artes de La Habana- y otras de la Colección, como las de El Greco, Reni, Cranach, se constata que los artistas hacían varias pinturas con el mismo tema.

Entre los papeles exhibidos se encuentran “Estudio para decoración efímera” (1508-1509) de Rafael y “San Jorge y el dragón” (ca. 1535) de Perino del Vaga. Pluma y tinta sobre papel también en las “vedutas” (vistas), postales urbanas que se llevaban de recuerdo los viajeros.

En la excepcional “La bodas de Caná” (1566) -óleo sobre tabla de enorme belleza y pequeño formato-, el pintor y arquitecto Giorgio Vasari representa el milagro de Jesús convirtiendo el agua de las vasijas en vino. Vasari escribió y publicó en 1550 cerca de 200 biografías de arquitectos, pintores y escultores italianos.

Una única escultura concita todas las miradas: el bronce “Guerrero a caballo” (1500-1550) atribuido a Leonardo da Vinci.

Los organizadores -Museo Nacional de Bellas Artes y Museo de Bellas Artes-Galería Nacional de Hungría, con apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación y Asociación Amigos del Bellas Artes y la contribución del Banco Galicia- están orgullosos, pero también contentos. El esfuerzo de traer la muestra (costó 18 millones de pesos) desde Europa valió la pena, el Museo está repleto de visitantes. Con programa de actividades culturales del MNBA y de la Embajada de Hungría y Ars Hungarica; la muestra se puede ver gratis hasta el 29 de julio.

También Guillermo Roux

Reconocido por su técnica impecable y creador de composiciones con cierto aire de nostalgia, tanto en murales como en pequeñas acuarelas, Guillermo Roux (Buenos Aires, 1929) exhibe, también en MNBA, “Diario Gráfico”. Con muy buen montaje, la muestra presenta 290 dibujos en birome sobre hojas de 21,5 x 13,5 cm., seleccionados por la curadora Cecilia Medina. Buscándose a sí mismo cuando regresó a su casa tras una internación, el artista completó 12 cuadernos visuales de bitácora. Explora su rostro y cuerpo de hombre mayor, se detiene en objetos domésticos, elementos y personas de su rehabilitación, libera sus fantasmas e ilusiones, describe mujeres. En un sentido, vuelve a sus inicios de joven ilustrador. La muestra tiene su correlato, con 177 dibujos de la misma serie, en Casa de la Cultura Popular Villa 21-24, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación. En coincidencia, presentó el libro “Guillermo Roux en sus propias palabras” (Ariel), testimonio de vida recogido por María Paula Zacharías.

Fotos: Gentileza Museo Nacional de Bellas Artes.