Mundo / 17 de mayo de 2018

Trump rompe el acuerdo nuclear

La gravedad de que Washington abandone un compromiso asumido y que Irán estaba cumpliendo. Falacias en el argumento del Presidente estadounidense.

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Donald Trump

La gravedad de que Washington abandone un compromiso asumido y que Irán estaba cumpliendo. Falacias en el argumento de Trump.

Trump cumplió otra de sus promesas de campaña. Pero eso no es precisamente bueno. Lo mejor que podría pasar con muchas de sus promesas electorales, es que no las cumpla.

Por caso, habría sido bueno que no cumpla lo que prometió sobre los inmigrantes. Pero está cumpliendo y por eso hay miles de deportaciones que los devuelven a esos países a los que Trump llama “agujeros de mierda”. También habría sido bueno que faltara a su compromiso de amurallar la frontera con México, o retirar a Estados Unidos de acuerdos como el de París sobre cambio climático.

En lugar de esos razonables incumplimientos, el magnate inmobiliario ha cumplido sus promesas más demagógicas y extremistas. Y eso es malo para los norteamericanos ni para el mundo.

Tampoco es bueno para el mundo que haya tomado una decisión coherente con su demoledora crítica electoralista al acuerdo nuclear con Irán. Sin pensar que a ese pacto lo firmaron los líderes de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China, además de Obama, a quien profesa un aborrecimiento oscuro y viscoso, el presidente norteamericano lo ha descripto como una reverenda estupidez que no sirve para nada.

Sin embargo, haber ofendido a las potencias descalificando el acuerdo de ese modo, no fue lo peor. Lo peor fue que actuara en consecuencia. Además del pacto por el que la OIEA lleva años monitoreando la actividad nuclear de Irán, lo que ha quedado herido de muerte es la negociación y el acuerdo como instrumentos para evitar conflictos.

Retórica. La decisión de Trump intenta justificarse esgrimiendo un argumento implícito y otro explícito. Pero los dos parecen insuficientes para justificarla.

El explícito tiene dos componentes. El primero es que el acuerdo es incompleto, porque no abarca ni los misiles iraníes ni la presencia militar iraní en Siria, ni la financiación del fortalecimiento de Hizbolá en el Líbano. Lo que responden los defensores del acuerdo, es que la negociación fue sobre la cuestión nuclear. Las otras cuestiones, sin dudas preocupantes, pueden ser negociadas posteriormente. El segundo componente del argumento explícito es que el régimen mintió al negar, desde un principio, que su plan nuclear contuviera un programa militar secreto. A esta tesis la apuntala el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mostrando unos archivos iraníes obtenidos por el Mossad. Esos archivos revelan que Irán tenía un plan secreto, a pesar de las veces que lo negó.

Al respecto, además de recordar que Netanyahu aseguraba que Saddam Hussein conservaba sus jamás encontradas armas de destrucción masiva, se debe señalar que el informe del Mossad no dice que Irán “tiene”, sino que “tuvo” ese plan. Y en eso no hay ninguna novedad.

Obviamente, si las potencias que negociaron con la teocracia persa le hubieran creído cuando lo negaba, no habrían tenido razones para negociar y buscar un acuerdo que permitiera evitar que Irán produjera un arsenal nuclear.

Si negociaron hasta que Teherán aceptó ponerse bajo la observación permanente de los expertos de la ONU en cuestiones nucleares es, precisamente, porque nunca le creyeron. En rigor, ningún Estado responde “si” a la pregunta de si tiene un programa secreto para fabricar bombas atómicas. Por eso, precisamente, se habla de plan “secreto”. Esa es la razón por la cual, cuando se trata de regímenes oscuros como sin duda lo es el régimen de los ayatolas iraníes, hay que negociar hasta que desistan de sus planes sobre armas de destrucción masiva y se dejen inspeccionar para que haya verificación internacional del cumplimiento.

Futuras negociaciones sobre misiles, presencia militar en Siria y apoyo a organizaciones como Hizbolá, son posibles si todas las partes cumplen lo acordado en la negociación sobre el programa nuclear. La posibilidad negociadora crece si los resultados del acuerdo repercuten positivamente en la economía iraní, entre otras razones, porque fortalece al ala moderada que expresa el presidente Hassan Rohani. Pero el incumplimiento por parte de Estados Unidos crea una dificultad gigantesca para cualquier futura negociación, entre otras muchas razones, porque refuerza al ala más fanática y belicista de esa teocracia, amparada nada menos que por el ayatola Alí Jamenei.

Retroceso. Que la negociación y el acuerdo como instrumento para evitar conflictos haya quedado herido por la decisión de Trump, afecta no solo la posibilidad de una contención a Irán. ¿Por qué otros regímenes belicosos aceptarían negociar sus arsenales, si una potencia tan gravitante como Estados Unidos se permite romper un acuerdo aunque la contraparte no lo haya violado?

¿Por qué el régimen norcoreano aceptaría desmantelar su arsenal nuclear en pos de un acuerdo con un país que borra con el codo lo que firma con la mano?

En cuanto al argumento implícito, ese que nadie dice pero los enemigos del acuerdo hacen flotar como un fantasma amenazante, se trata de equipararlo con el Pacto de Münich, firmado 1938 con Hitler por el primer ministro británico Neville Chamberlain y su par francés Edouard Daladier, para evitar una guerra a cambio de entregar la región checa de los Sudetes a la Alemania nazi.

El objetivo de tal comparación es afirmar que Irán hará lo mismo que el Tercer Reich: traicionar lo acordado. Sin embargo hay dos detalles que ponen en duda esta argumentación.

Primero, la que traicionó el Pacto de Münich fue Alemania, no Gran Bretaña o Francia, mientras que en éste caso es Estados Unidos el que rompe unilateralmente un compromiso asumido.
Una cosa es no firmar un acuerdo y otra muy distinta es retirarse de un acuerdo firmado.

Segundo, Alemania traicionó el acuerdo ocupando el resto de Checoslovaquia inmediatamente y, menos de un año más tarde, invadiendo Polonia. En cambio, el acuerdo nuclear con Irán ya cumplió tres años y, hasta aquí, ha sido cumplido por el régimen.
El hecho de que Irán lleve tres años enriqueciendo uranio en la medida permitida por el acuerdo y dejando que los inspectores de la ONU lo verifiquen in situ, da más seguridad a los enemigos de Irán en Oriente Medio que el terreno incierto al que acaban de ser lanzados la región y el mundo por la demagogia de Trump

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