Cultura / 23 de mayo de 2018

Philip Roth: “La lucha ha terminado”

Ayer, a los 85 años, murió uno de los más grandes escritores de los Estados Unidos. Sus obsesiones y textos fundamentales.

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Todos los años, los periodistas culturales de todos medios del mundo, esperaban con ilusión que Philip Roth se quedara finalmente con el Premio Nobel. Un reconocimiento que le fue esquivo, como a Borges, pero que del mismo modo que a él, no le hacía ninguna falta. No sólo se había ganado ya los principales galardones literarios de los Estados Unidos y del mundo (National Book Award, Pulitzer, Pen Club, Príncipe de Asturias de las Letras, entre otros) sino que además, era considerado uno de los más grandes escritores de su país, y por qué no, del planeta.

En 2012 declaró que dejaba de escribir para siempre. “La lucha con la escritura ha terminado” decía la incripción que pegó en su computadora. Y bien merecido tenía el descanso este inagotable narrador que escribió más de 20 novelas y libros de cuentos, de sostenida e impecable calidad.

Su obra narrativa es tan vasta que resulta difícil elegir sólo unos pocos libros indispensables para recomendar a quienes nunca lo hayan leído. El consenso general indica que “El mal de Portnoy” (en algunas traducciones, “El lamento de Portnoy”), la trilogía de “Pastoral americana”, “Me casé con un comunista” y “La mancha humana”, “La conjura contra América” y “Patrimonio” están entre los preferidos por muchos.

Su estilo era un contrapunto entre la ironía, el humor y el sentido trágico de la vida. Aunque le molestaba que se lo etiquetara como un escritor judío, las problemáticas y peculiaridades de la colectividad en la que había crecido eran una marca registrada de su obra. El sexo, las relaciones entre hombres y mujeres, la culpa, las neurosis fueron algunas de sus obsesiones narrativas. El proyecto político norteamericano, un tema al que volvió una y otra vez en sus textos.
En una de sus últimas novelas, la bellísima “Elegía” (que Random House editó junto a otras 3 nouvelles con el título “Las Némesis”), un anciano enfermo del corazón, avanza hacia la muerte, sin darse cuenta: “Pensó en la luz del día que lo penetraba todo, un día veraniego tras otro en aquel mar vivo y deslumbrante, un tesoro óptico tan vasto y valioso que era como si mirase, a través de la lupa de joyero con las iniciales grabadas de su padre, al perfecto, de incalculable valor, planeta en sí mismo: a su hogar, ¡el planeta Tierra con sus miles de millones, billones, trillones de quilates! Se sumió en la inconsciencia sintiéndose lejos de haber sido abatido, en absoluto condenado, deseoso de realizarse plenamente una vez más; sin embargo, no se despertó”.

Ayer, a los 85 años, Philip Roth murió en Manhattan de una insuficiencia cardíaca. Y allí está la infinita vitalidad de sus novelas, para mantenerlo con nosotros para siempre.

 

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