Cultura / 30 de mayo de 2018

Federico León: autor local de vuelo internacional

Es uno de los creadores más interesantes de la dramaturgia argentina. Autor, actor y director, sus obras nos representan en el mundo.

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Federico León
Federico León

La batalla por marcar la frontera entre vida cotidiana y trabajo, entre un espacio cualquiera y la creación que lo transforma, entre la habitación y la escena, termina siempre con el triunfo del arte. Dramaturgos, directores y docentes como Claudio Tolcachir y Timbre 4, Daniel Veronese y Fuga Cabrera, Lisandro Rodríguez y Elefante pasaron por esa experiencia y otros como Federico León, dos veces supo que “sala mata casa”, aunque parece que esta última vez, con Zelaya, la separación es definitiva.

“Siempre se me mezcló la casa con el lugar de trabajo. Me había pasado con Falsa escuadra, en Mario Bravo y Guardia Vieja, y cuando me mudé a la casa de Zelaya (3134, Abasto) pensé que nunca más iba a suceder. Pero, de a poco, sucedió y se aceleró a partir de 2015 cuando estrené ‘Las ideas’ en el estudio del fondo, donde había ensayado y porque tenía que ver con la obra: un artista en su estudio. La sala expulsó a la casa, no era sano, no había corte. Y tomé la decisión este año, me mudé a Parque Chas y Zelaya quedó como centro cultural”, dice León sobre su centro donde en el ex living funciona el bar y en el ex dormitorio, el depósito de escenografías.
Este es el último fin de semana para ver “Las ideas”, antes de la gira por Praga. “La sala te atrapa, pensás en la programación, en lo que podés hacer. Un amigo me dijo que debería pensarla como una obra”, dice León en su escritorio, frente a la notebook y un libro de Krishnamurti.

Carrera. Ganador de varios prestigiosos premios, a los 22 años ya había estrenado su primera obra, “Cachetazo de campo”, a la que siguieron entre otras “Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack”, “Yo en el Futuro”, “Las multitudes”, “Las ideas” y, en preparación para marzo próximo, “Yo escribo, vos dibujás”. También rodó “Todo juntos” (2001), su primer largometraje como actor, director y guionista; luego “Estrellas”, codirigido con Marcos Martínez, premio especial del jurado en Bafici 2007; y en 2008, con su amigo Martín Rejtman, “Entrenamiento elemental para actores”.

Antes de los diez años, sus padres lo mandaron al Lavardén, escuela artística por donde también pasó por la misma época Tolcachir. A los 16, empezó a tomar clases de actuación con Norman Briski y después, con Ricardo Bartís. Siempre le interesó la mirada integral del teatro. Ya en “Cachetazo de campo” dejó de actuar para volver, quince años después, con “Las ideas” porque sentía que solo podían ser él mismo y Julián Tello.

“Cuando me encontraba con Julián, mi amigo y músico, me mostraba cosas que había hecho, yo le leía textos y en algún momento me di cuenta que ese proceso era la obra. Empiezo informalmente siempre y después toma forma”, dice el artista sobre la obra en la que dos amigos charlan sobre la verosimilitud teatral, provocando risas y complicidad con el público. “Cuando decimos ‘¿qué pasa si fumamos un porro, la gente se dará cuenta, sabe si es de verdad o no?’, son las preguntas que de inmediato se hace el espectador, pero nunca llegás a la respuesta. Cuando la hicimos en Francia nos preguntaron si el whisky que tomábamos era de verdad. Puedo invitarte a probarlo pero siempre existe la posibilidad de que pienses que cambié la botella a último momento”, explica.

Criado en Catalinas Sur, muchas veces con su familia vio las obras del grupo de teatro comunitario Catalinas en la plaza Malvinas, donde se presentaba al aire libre, antes de tener sala propia. Esa diversidad y cruce de generaciones se ve en “Las multitudes” (2012), donde se mezclaban 120 personas de todas las edades: “me interesan las miradas diferentes del teatro y la vida porque siempre hay un encuentro, aun en lo que creemos más ajeno a uno mismo. En las clases trabajo eso porque casi siempre los alumnos tratan de repetir lo que les sale bien o salir con el parecido a ellos y trato de evitarlo. Si todo funciona igual, siempre pasará lo mismo. Hay que poner en duda lo que damos por sentado porque si no, no hay prueba, no hay experimentación”.

Actor. En su taller, León aborda qué se pone en funcionamiento en cada actor en su particularidad e idiosincracia, es decir, un trabajo a partir de las personas, conocer su naturaleza para poder después ir en contra de ella: “En yoga, cuando te piden observar la respiración, dejás de hacerlo normalmente, la modificás. Cuando yo me observo, ¿quién es el que observa? Cuando un actor pasa a hacer una improvisación, en general, no le gusta lo que le salió. Pero desde afuera se vio otra cosa. Por eso, otra premisa grande para mí es que no hay que hacerse caso todo el tiempo. Esa parte más ansiosa y lógica trata de tapar lo más profundo, que lleva más tiempo, que es más intuitivo. Y yo creo que esa es la parte que hay que dejar salir”.

Más espectador de cine que de teatro, en la adolescencia, cuando terminó la secundaria comenzó a estudiar no solo actuación sino tambien dirección de cine en el Cievyc. Pero no la terminó. De los 30 que comenzaron, en segundo año solo quedaban cuatro. “Encontré en el teatro, y no en el cine, la posibilidad de armar grupos donde todos puedan aportar algo, mezclar roles y no trabajar a reglamento. Todo es cambio. Antes me influían más las películas que las obras que veía. Y ahora es más importante para mí la filosofía, Jung, el yoga. Antes hacía una pelicula, una obra, alternado; ahora no y no me imagino haciendo una película”, dice León, hijo de un arquitecto aficionado a las filmaciones en Super 8 en las que la familia quedó retratada a lo largo del tiempo.

En uno de esos videos, muy chiquito, dijo que algún día estaría del otro lado de la cámara: “Yo no me acuerdo, me lo contaron. Todavía no encontré ese video, son muchos, y mi papá casi siempre es una voz, la del director, dando indicaciones pero sin aparecer”.

Trabajó en el teatro oficial pero nunca en el comercial, circuito donde ni siquiera recibió ofrecimientos aunque supone que las condiciones que impone impedirían que pueda expresarse.

De muy bajo perfil, León parece blindado al mundo externo. Sin embargo, no niega influencias ni condicionamientos: “Eso está. Pero no quiero hablar de tal tema social o político, eso es una mirada limitada. Todas las obras hablan de uno en términos políticos, dicen quién sos. La meditación es en medio del quilombo, no alejado en la montaña. El yoga me sirve para todo lo que hago, calidad versus cantidad, estar realmente siempre presente y no hacer algo automático o repetitivo”.

 

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