Sin categoría / 7 de junio de 2018

Testigos del final: hablan las ex empleadas de Di Doménico

El escalofriante relato de Soledad Miranda y Roxana Pontorno sobre los últimos meses del diseñador.

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Deprimido, solo y sin un peso. Así se podría definir el último año y medio de vida de Carlo Di Doménico. El diseñador se encontraba atrapado en una rutina que nada tenía que ver con su pasado glamoroso: sus negocios se caían a pedazos, había dejado de lado la creatividad y la producción de moda y pasaba cada vez menos tiempo con sus amistades. Toda su atención se enfocaba en su conflictiva relación amorosa con el ex valijero K, Juan Manuel Campillo, su marido y administrador de sus bienes. A pesar de que todo el entorno del modisto sabía que algo malo pasaba, pocos podían entender qué era. Soledad Miranda y Roxana Pontorno, dos ex empleadas y modistas de su confianza, fueron testigos de su decadencia. En el negocio de Recoleta, donde ambas trabajaban, escucharon discusiones fuertes, muchas veces vinculadas al vaciamiento económico del local, y observaron situaciones que definen como “extrañas”. “Siempre tuvimos la idea de que Carlo estaba siendo dopado”, confiesan. Saben que lo que ellas pueden aportar ayudaría a aclarar las circunstancias previas a la inesperada muerte de Di Doménico. NOTICIAS dialogó con ellas en exclusiva y obtuvo un testimonio escalofriante sobre la relación del modisto y su marido.

Miranda y Pontorno se enteraron de la muerte de Di Doménico un día antes de que saliera en los medios. De inmediato, se activó el grupo de WhatsApp que comparten con otras ex empleadas. La noticia las dejó heladas. A pesar de que estaban enfrentadas con el diseñador por una demanda laboral que le iniciaron en junio del 2017, luego de pasar más de cuatro meses sin cobrar su sueldo, le guardaban mucho cariño.

Trabajaron con Di Doménico como modistas para el negocio que tenía en Cerrito al 1536, en Capital Federal, y lo acompañaron en los desfiles más importantes de Punta del Este. Compartieron cenas, viajes y charlas y, aunque insisten en que no eran amigos, lo pudieron conocer de cerca. Al igual que para el entorno más íntimo del diseñador, para Miranda y Pontorno, Campillo es “mala palabra”. Hablan con prudencia pero celebran que los hijos de Di Doménico hayan frenado la cremación del cuerpo para que la Justicia confirme si el modisto falleció por causas naturales, como explicó su marido. O si, como insisten los familiares, lo habrían asesinado.

Noticias: ¿Di Doménico les mandó mensajes, asustado?
Soledad Miranda: A una compañera sí. Le dijo que tenía miedo de que Juan Manuel lo matara.

Soledad Miranda empezó a trabajar con Di Doménico hace cinco años. Su madre había sido modista del diseñador y eso le abrió las puertas. Un mes después recomendó a su concuñada, Roxana Pontorno. Al principio, las dos estaban felices.

Miranda: Lo admiraba. Era muy exigente pero lo mejor de mi vida fue estar con Carlo Di Doménico. Aprendí un montón y gracias a eso, hoy tengo mis clientas. Me volví una cararrota porque lo aprendí de él, que te podía vender hielo en la Antártida. Jamás me hubiese imaginado que al mes y medio de estar trabajando con él me iba a llevar a Punta del Este.

En ese primer tiempo, Di Doménico se encargaba de cada detalle de su marca. “Al principio hacía todo desde cero. Buscaba las telas en Milán, iba al negocio, diseñaba, dibujaba y elegía. Se hacía todo como él quería. Eso era así hace tres o cuatro años”, agrega Pontorno.

Sin embargo, con el correr del tiempo todo fue cambiando. Su nueva pareja, Juan Manuel Campillo, que apenas había ido unas pocas veces al local cuando ellas comenzaron a trabajar, empezó a tener cada vez más protagonismo en el negocio. A medida que el marido se hacía fuerte, cuentan las mujeres, se iba transformando el modo de trabajo.

Por ejemplo, aseguran que fue Campillo el que decidió que se dejara de alquilar el departamento donde funcionaba el taller de costura (ubicado en el edificio arriba del negocio). Después se trasladaría varias veces, terminó instalando las máquinas de coser en la sala del local que, históricamente, Di Doménico había utilizado como un reservado para recibir a sus amigas más top.

Crisis. La tensión terminó de hacerse visible en enero del 2017. Di Doménico había organizado su tradicional desfile en el Grand Hotel de Punta del Este con la presencia de Susana Giménez, pero sus tareas se habían reducido a posar para las cámaras. “En ese desfile ya se notaba que estaba todo mal. Antes nos encargábamos de todo: desde los zapatos, hasta la carterita y todos los vestidos. En este, apenas había unos cinco vestidos de Carlo. Todo lo otro era traído de afuera”, recuerdan.

Ese verano la pareja tuvo discusiones y algunos amigos recuerdan que un enfrentamiento cruzó los límites y hubo maltrato físico. Di Doménico se quería separar. Las modistas recuerdan que minutos antes del desfile, en la carpa donde estaban todas las modelos preparándose, se pelearon a los gritos. “Juan andaba de punta en blanco, vistiendo a los modelos y revisando la última tanda de ropa que había llegado. Carlo se puso como loco”.

Noticias: ¿Campillo decidía?
Miranda: Si. Carlo nos decía: “Chicas, a mí de plata no me hablen. Todo a Juan Manuel”.
Roxana Pontorno: Campillo nos dijo que era el dueño. Un día estábamos en el negocio, vino Carlo y nos dijo: “Soy un empleado de Juan Manuel” y nos contó que le pagaba para hacer presencia.

Noticias: ¿Di Doménico no manejaba nada de plata?
Miranda: No. Por ejemplo, en ese tiempo, lo invitaron a un evento afuera. Encontró 50 euros y se fue con eso porque no tenía nada. Me dijo: “Menos mal que me dieron todo gratis porque sino, no sé cómo hacía”.

Cuando terminó su trabajo en Uruguay, cuentan las modistas, se encontraron con el negocio de Capital Federal venido abajo. Además, se sorprendieron cuando vieron cajas de ropa comprada en Europa y tuvieron que ponerse a cambiar etiquetas. Había cada vez menos producción y ellas veían que todo se desmoronaba. Incluso llegaron a comprar telas en Once y no en Milán, una característica de las prendas de Di Doménico.

A medida que Campillo tomaba más poder en el negocio, las empleadas tenían cada vez más incertidumbres sobre su trabajo. Al mismo tiempo, eran testigos de la crítica situación que atravesaba la pareja.

Noticias: ¿Alguna vez Di Doménico y Campillo estuvieron bien?
Miranda: Pocos. Incluso, un día Carlo estaba en el negocio, agarró el teléfono de Juan Manuel y vio que tenía su celular clonado: estaban todos sus mensajes, todo lo que él hacía. Tuvieron una discusión y Juan Manuel intentó minimizar la situación.

Noticias: ¿Cuál era el problema?, ¿celos, control?
Pontorno: Para mí era eso. Juan Manuel siempre quería tener el toro por las astas.
Miranda: Carlo siempre decía: “Yo soy estómago resfriado. A mí no me vas a tener callado. Si tengo que hablar, hablo”.

Noticias: ¿Alguna vez Di Doménico les comentó algo sobre el pasado de su marido?
Pontorno: Sólo una vez vino al fondo. Habían tenido una pequeña discusión y nos dijo: “A Juan Manuel le conviene tenerme con el bolsillo lleno y calladito”.

Separación y aislamiento. Cuando terminó la temporada 2017, Di Doménico y Campillo se separaron. Por un período breve, las empleadas volvieron a ver al diseñador entusiasmado con enderezar su negocio. En ese tiempo, hubo una frase que las mujeres recuerdan. “Me dijo: ‘Yo creía que César (Juricich, ex pareja del diseñador) era un monstruo. Pero este es mucho peor”, dice Miranda. Entre febrero y marzo del 2017, cuando estuvieron separados, intentó recuperarse.

Miranda: En ese tiempito hubo un cambio. Carlo volvió de Punta del Este y se fue a vivir al Gran Hotel. Empieza a volver al negocio, va al médico y baja la cantidad de medicación que estaba tomando, que eran principalmente para dormir y medicación psiquiátrica. Vuelve a tener la idea de vender. Pero el problema es que estaba sin plata. Se tuvo que ir del hotel porque, obviamente, ahí lo bancaron un tiempito por ser Carlo Di Doménico.

Noticias: ¿Por qué volvió con Campillo si estaba mucho mejor?
Miranda: No tenía ni ropa para ponerse. El departamento de Alsina le había quedado a Juan Manuel. Carlo ya no tenía nada.
Pontorno: Juan Manuel le fue sacando la esencia a Carlo. Él era de venir, combinar estampas. Pero eso ya había dejado de pasar.

En esas semanas, Miranda y Pontorno fueron tomando conciencia de que Di Doménico estaba mal. Sin embargo, la decadencia del local y los problemas en los pagos las hicieron entrar en una disyuntiva porque estaban enojadas y, al mismo tiempo, preocupadas. Cuando en marzo del 2017 se enteraron de que Di Doménico había vuelto a estar en pareja con Campillo, no lo vieron más. La pareja desapareció de Capital Federal y apenas respondían los mensajes. Dejaron de pagar el alquiler y las expensas del negocio y también los sueldos.

Noticias: ¿Di Doménico tenía miedo?
Miranda: Creo que sí. Por cómo me habló el día que me dijo que Campillo era un monstruo. Siempre tuve la idea de que Carlo estaba siendo dopado el último tiempo que estuvieron juntos. Había días en que llegaba, se sentaba y se quedaba ahí. Siempre andaba cansado. Nos decía que dormía días y días, que se encerraba en la habitación y no salía. Él tenía la idea de que estaba muy empastillado, que las dosis que tomaba eran muy altas.
Pontorno: La persona que trabajaba en su casa nos decía que se la pasaba durmiendo, que se levantaba en bata y pantuflas y se quedaba así todo el día. Que Juan Manuel vivía haciendo reuniones en el departamento de Alsina, que es enorme, y que Carlo andaba escondido. Salía de su habitación y se volvía a meter. Esa era su vida en el último tiempo. Estaba deprimido y costaba levantarlo de la cama.

Las empleadas del negocio de Cerrito se hicieron cargo del local desde marzo hasta junio del 2017, cuando la situación no dio para más. Se acercaron a una abogada y clienta de Di Doménico, Alejandra Bellini, quien las ayudó a impulsar una demanda laboral junto a su socia, Florencia Arietto. Ni Di Doménico ni Campillo se presentaron en las mediaciones judiciales y los pocos mensajes que respondía el diseñador les parecían escritos por alguien más.

Noticias: ¿Se enteraron de la leucemia?
Miranda: No. Me enteré cuando me dijeron que se había muerto. Era una persona que si le dolía la uña iba al médico y por las dudas se trataba. Siempre se hacía estudios. Les tenía miedo a las enfermedades. Por eso nos extrañó tanto su muerte.

En conjunto. La demanda contra Di Doménico afectó a sus hijos, Stéfano y Carla, los titulares del negocio en los papeles. “Carla un tiempo trabajó en el negocio. Estaba con nosotras y nos encariñamos. Ella quería dejar la sociedad y se vivía peleando para que la dejen ir. No sabemos por qué no la dejaban”, recuerda Miranda. Cuando decidieron cerrar las persianas del negocio, Carla las entendió: “Nosotras le dijimos que no teníamos nada contra ella. Y ella nos dijo que se ponía en nuestro lugar y que haría lo mismo”, agrega.

Por eso, ahora, las ex modistas se mantienen cerca de la familia del diseñador y pretenden que Campillo se haga responsable de lo que le corresponde pagar por haber sido, en los hechos, el dueño y encargado de todo. Mientras tanto, aseguran que van a seguir de cerca la investigación judicial.

 

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