Personajes / 11 de junio de 2018

Javier Carballo: “Veo un chico y me hago responsable”

Rapea en el subte para concientizar contra la explotación infantil. Su historia tortuosa y cómo transformó la bronca en motor.

Faltaba confirmar el lugar del encuentro pero, a último momento, no atendía el teléfono. Era raro porque Javier Carballo, el rapero que recorre la línea D del subte porteño y denuncia la explotación de miles de niños, sabía la intención de contar su labor en consonancia con el 12 de junio, día mundial contra el trabajo infantil. Poco antes del horario acordado, envió un mensaje desde un número desconocido: “Hola, soy Javier, me robaron el celular, no tenía forma de comunicarme. ¿Dónde nos juntamos?”. Luego explicaría que, después de un pedido en Facebook, le donaron el móvil que ahora usa. Vínculos a través del despojo, así los define. Pide un té de boldo del que apenas toma unos sorbos. Tiene las tripas revolucionadas. Repasar su historia le provoca una gran descompostura. Lo hace por “Mirame a la cara”, ONG que lleva adelante y que es su forma de vida.

Noticias: ¿Qué es “Mirame a la cara”?
Javier Carballo: “Mírame a la cara” empezó como enojo, intentando que las personas miren a la cara a quienes afectan. Quise exponer a los que traían chicos a trabajar al subte y busqué una forma de difundirlo. Vengo de donde existe la delincuencia, la droga, la familia disfuncional, los conflictos; cuando fuimos pibes, éramos los afectados. Pero cuando crecimos, nunca permitimos que se metan con un chico.

Habla en plural pero tira solo. Esta aventura empezó en 2014, cuando fabricaba cuadernos con papel reciclado, los comercializaba y hacía rap en el subte. Hasta que un nene que vendía en los vagones, le pidió que le rapeara. Lo ensalsó: que era un titán, que ayudaba a la familia, que era tan chico y ya un hombrecito. Eso hizo que levantara más plata. “Después entendí que lo había perjudicado”. Al tiempo volvió a cruzarse con el chico y notó algo raro. Le dijo: “Mirame a la cara si querés que te rapeé”. Estaba golpeado. Carballo fue hasta donde vivía el pibe e increpó al padre. “Me agarraron con dos tipos más y me rompieron a trompadas, me tiraron a las vías y me dijeron que me fuera del subte o me iba a morir, me dieron 48 horas. Dejé de alquilar lugares fijos y empecé a moverme en pensiones por 48 horas. Pero quería pelear. Entonces comencé con el subte: infoxico a todos –intoxicar a través de información–, molesto a la policía, al tranza, al chorro, al bueno, hasta que todos miramos al pibe. Por qué el chorro no le roba a esta persona que hace mil pesos cada seis horas por cada pibe, no hay explicación”.

Noticias: Los números que da son tremendos.
Carballo: Son violentos y ahora que hice que disminuyera la cantidad de gente que les da plata a los chicos, trabajan ocho horas por $ 600; que esos chicos sigan sufriendo, lo tomé como mi responsabilidad. Lo justo es que estemos del mismo lado de la balanza. Por eso no vendo la música ni trato de tener más.

Noticias: ¿Cuál es su intención al rapear?
Carballo: Exponer que estamos todos complicados. Tengo cáncer de colon y necesito un techo. Los cuadernos me generan plata (para cubrir los gastos), el resto, trato de dársela a cualquier persona en situación de calle. Genero vínculos a través del despojo. Eso permite que pueda hablar de explotación infantil, porque saben que no lucro.

Noticias: ¿Cómo fue su niñez? ¿Quién conformaba su familia?
Carballo: Mi madre, mi padre y tres hermanos. Previamente tengo recuerdos de moverme en hogares, que me metían la cabeza en una fuente de agua. Después vivíamos en Pompeya, en una villa, ahí conocí a esta familia. Tuve tres partidas de nacimiento: Arena, Álvarez y Carballo.

Noticias: ¿Cómo se explica?
Carballo: No se explica. Mi mamá decía veinte historias diferentes de cómo nos había adoptado. Mi viejo no sentía amor, nos cagaba a trompadas. A los 7, yo juntaba diarios, conseguía comida, pero no alcanzaba. Yo escribía, improvisaba, se me tildaba de mentiroso porque decía realidades que dolían. A los 14, fui a vivir con otras personas, después, la disfuncionalidad que tenía y lo que hacía, provocaba que me moviera. La última familia que tuve fue Víctor Vicente Bravo, a mis 17. Él me enseñó a usar mis capacidades. Me decía: “Sos vivo, tu problema es que nadie supo qué hacer con eso”. Me sacó de las drogas y de situaciones enfermizas. A los 18 o 20 pude armar fábrica, generar una economía.

Noticias: ¿Qué es armar fábrica?
Carballo: Poner 20 personas dentro de un espacio y hacer que salgan con una economía propia generando
una ganancia alterna. Fabricábamos muebles con madera reciclada, tenía mi propio aserradero.

Noticias: Buscó afecto y sobrevivir.
Carballo: Necesito pelear. Soy adulto, veo un chico y me hago responsable. Siempre me decían que mi problema era que me enojaba mucho.

A los 27 le diagnosticaron cáncer de colon, no se lo dijo a su pareja de entonces, hasta que cayó desmayado. Dejó fábrica, casa y esa relación. No quería que lo trataran como enfermo. “Arruiné todo lo que era para que nadie se me acercara. Soy antisocial, pedante, otario. No me veo con familia, me veo metiéndome en quilombo, haciendo cosas interesantes”.

Noticias: ¿El quilombo es interesante?
Carballo: Que un chico te vea como referente, como una alternativa para expresar, como una ayuda, como alguien que quiera escuchar, me parece que es interesante.

Noticias: ¿Cómo lucha contra el trabajo infantil?
Carballo: Hice un estudio como lo haría un capitalista: te vestís mal, con olor en la ropa y, cuando los de acá te odian, el que manda al pibe a trabajar te acepta porque sos un mendigo. Entonces ves que el chico trae $ 70 en una sola vuelta. Cuando ves que el chico genera una economía y el premio es un alfajor, un “te felicito” o “andate” y queda retado…

Noticias: ¿Se metió en ese mundo haciéndose el linyera?
Carballo: Volví a ser lo que era de chico. Me disfracé cuando tuve fábrica o para estar acá. Voy con cara de loco, prendo un porro y los incito, vienen y me dicen: “¿Qué onda?”. “¿Qué onda la tuya porque, si sos un ingeniero de Palermo, qué pasa que hay pibes trabajando? Si sos político, ¿qué pasa que hay pibes trabajando?

Noticias: ¿Cómo se ayuda a los chicos explotados?
Carballo: Siendo adultos. Está la ley 26.390 (de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente) y no se ejecuta. El asistencialismo hace que los chicos no aprendan, necesitan adultos. Lo otro es cómo generamos economía para una familia. Entonces hago un cuaderno reciclado. ¿No lo podés vender? Cuando digas que es de “Mirame a la cara” y que lo hacés para no estar con tus chicos trabajando…

Noticias: ¿Lo escuchó algún funcionario?
Carballo: El gobierno me ofreció que haga el eslogan para el 102 (el teléfono de los derechos infantiles y contra la explotación), un carnet de discapacitado o $ 3.000 para pagarme un hotel; ofrecen pelotudeces. El gobierno anterior no ofrecía nada. Dice que los chicos del subte lo tienen en su WhatsApp, que les da cuadernos y que ellos le mandan canciones que él corrige. “Esta es la punta de la lanza, el resto le toca a la sociedad. Parece que me tienen que quitar la vida en el subte para que se entienda que la gente muere por un pibe y es porque muchos no hicieron nada. No es el dinero, no es la política, es el hombre, es la mujer, es la sociedad. Si tuviera tres adultos conmigo, me dedicaría a armar la fábrica de muebles, pero no puedo porque no hay otro que grite en el subte. Y si no estoy, ponen más chicos”.

El año pasado, el Ministerio de Trabajo reconoció 715.484 chicos que trabajan y presentó su plan para erradicarlo. Mientras, debajo y sobre la tierra, cientos de niños son mano de obra. A la vista de todos.

Valeria García Testa
@valgarciatesta
Fotos: Marcelo Escayola

 

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