Mundo / 19 de junio de 2018

Italia: ¿La vuelta a la lira?

El país está al borde de llamar a nuevas elecciones, un impeachment contra su presidente, y la amenaza de abandonar la eurozona.

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Los mercados enseñarán a votar a los italianos”. El tweet publicado por un periodista del diario alemán Deutsche Welle tuvo un efecto arrollador en la mañana italiana y se convirtió rápidamente en tendencia. El dicho es de Günther Oettinger, comisario Europeo de Programación y Presupuestos, y si bien representa el pensamiento que se tiene en Bruselas sobre la crisis política en Italia, fue “mediáticamente” incorrecto.
A media mañana aparecieron las disculpas pero ya era tarde. La Bolsa de Milán cayó más de un 2 por ciento, y en cascada empezaron a caer las demás: Frankfurt, París, Lisboa, Londres y finalmente el Dow Jones. No fue culpa del tweet, claro. El segundo fallido intento de gobierno que se vivía por esa horas, contagió de nerviosismo al mercado, y cuando el mercado se pone nervioso, las crisis sucumben.
En Piazza degli Affari, frente a la bolsa milanesa, una gran escultura de una mano haciendo fuck you. La obra llamada “Vaffanculo” cobra un valor más que potente por estos días, y es que los dichos del político alemán, dejan entrever el verdadero problema que esconde la crisis italiana: la posible salida del euro y la vuelta a la lira que proponen las principales fuerzas políticas.
Hace tan sólo una semana, luego de meses de negociaciones, los dos partidos victoriosos de los comicios de marzo, el Movimiento 5 Estrellas y La Liga, por fin habían logrado ponerse de acuerdo. Un tal Giuseppe Conte, profesor de derecho privado, fue el elegido para formar gobierno. Otro gobierno “técnico”, se comentaba en las calles aunque nadie se espantaba. Pero el encargo nunca pudo concretarse: el presidente Sergio Mattarella rechazó la propuesta de Conte que tenía dentro de su lista de gabinete a Paolo Savona para la cartera de Economía.
Savona, un antieuropeista duro que tiene al euro y la supremacía financiera alemana entre ceja y ceja había hecho fuertes declaraciones en años anteriores, con alto voltaje antieuropeo. “El trabajo del Bundesbank (El Banco Central de Alemania) es el de asegurar los objetivos de estabilidad, no de participar del debate político italiano” o “La Europa no es más el lugar donde venir a buscar órdenes”.
Las tensiones aumentaron, los políticos entraban y salían del Quirinale -el palacio de gobierno italiano-, y las presiones de los dos partidos anti establishment se volvían caóticas y rozaban las amenazas. Afuera, los ciudadanos intentaban seguir el hilo de una política de reojo, indiferentes, sobre todo un fin de semana.
Savona o muerte. “Nadie podrá acusarme de haber obstaculizado la formación de este Gobierno”, expresó ante la prensa un cansado Mattarella tras comunicar el rechazo a este hombre, que constituía una amenaza para los intereses europeos del bloque común.
“La Italia es un país fundador de la Unión Europea, es un protagonista. He compartido y aceptado todas las propuestas para ministros -presentada por Conte- menos la de ministro de Economía. La designación de un ministro de Economía constituye siempre un mensaje inmediato, de confianza o de alarma, para los operadores económicos y financieros”, sostenía Mattarella. Y Savona era claramente una alarma.
Mattarella dejó en claro su postura: Italia no se puede ir de la Unión Europea. Atado como está con una deuda que llega al 130 por ciento del PBI, salirse del euro así, a los tumbos, sería un suicidio. “La adhesión al euro es una elección fundamental para la prospectiva de nuestro país y de nuestros jóvenes: si se quiere discutir se lo debe hacer abiertamente y con una seria profundidad”, agregó durante la conferencia.
Así, las posturas después del veto se cargaron de hostilidad, por lo que Mattarella redobló la apuesta, hizo oídos sordos a Matteo Salvini, líder de La Liga, y Luigi Di Maio, del M5E, y convocó a Carlo Cottarelli para encargarle la formación de un nuevo gobierno. Cottarelli es un ex funcionario del Fondo Monetario Internacional conocido por sus recortes al gasto público, y al que apodaron con un poco de saña “El hombre de las tijeras”. Un intento de calma para los mercados y la Unión Europea pero de provocación para los populistas. Después de tanto tire y afloje, las cartas estaban al descubierto.
El encargo de formar gobierno a Cottarelli arrancó de la peor manera. Todos los partidos políticos, no sólo La Liga y M5E, sino incluso el maltrecho PD de Renzi, anunciaron que no le darán el veto de confianza a ninguna de las propuestas que presente, por lo que el gobierno que estaba a punto de nacer, ya tenía su sentencia de muerte asegurada. De nuevo empezaron los desfiles de políticos, negociaciones, llamados, tensiones y guardias mediáticas que debían sacar a regañadientes algún tipo de información.
Plebiscito encubierto. Mattarella se ha convertido en el último dique de contención ante el avance de estos dos partidos llamados “populistas” contra la permanencia de Italia en la Comunidad Europea. Salvini y Di Maio rápidamente se volcaron a la idea de llamar nuevamente a elecciones, y hasta empezó a sonar fuerte la búsqueda de un proceso de impeachment contra el Presidente, por ‘desoír a las principales fuerzas victoriosas de las últimas elecciones’.
Para los próximos días, M5E y La Liga han convocado a manifestaciones en las calles para repudiar la figura del Presidente. Las marchas se darán en el marco del festejo del Día de la República, la fiesta patria italiana, y Salvini anunció que se recogerán firmas para pedir votación directa en la elección del Presidente y no a través del Parlamento, como se ha hecho hasta ahora. Es la primera vez en la historia que se pone en discusión la figura de un Presidente.
Por su parte, el Partido Democrático, cuya fuerza ha quedado relegada luego de las elecciones, llamará a manifestarse en un intento de defender a Mattarella y su postura europeísta.
Mientras tanto Cottarelli sigue en stand by, por lo que una solución a la vista parece imposible. La alianza, que se pensaba inesperada, entre La Liga y M5E ha puesto en máxima alerta no sólo a los inversores, sino a las principales potencias de la Comunidad Europea: Alemania y Francia. Porque si bien el tema de la salida de la Eurozona, como dice Mattarella, no fue discutido abiertamente en los comicios como parte de las plataformas de campaña, un llamado a nuevas elecciones podría ser visto como un plebiscito encubierto sobre la pertenencia al bloque, y las encuestas a estas horas, muestran subas contundentes a los partidos antisistema.
Y esto es precisamente lo que el Presidente de la República ha querido evitar con su veto: impedir a estos dos partidos su camino hacia el retorno de la lira. M5E y Liga, podrían ir juntos a los comicios (se habla de un posible llamado a las urnas el próximo 29 de julio) en contra de lo que llamaron “la dictadura de Bruselas”, una traición a la democracia apadrinada por la propia Unión Europea, Merkel y Macron. Di Maio ha declarado que no se trata de una alianza sino más bien de un “contrato de gobierno”.
A este punto sin retorno, Cottarelli podrá quedar satisfecho si logra por lo menos, un llamado a elecciones moderado y sin grandes sobresaltos financieros, y por supuesto, si logra meter al nuevo “brexit italiano”, en la agenda de discusión de los ciudadanos.
Tiempos difíciles en Italia, con un mercado que marca la cancha de juego, un verano que aumentará la ya baja participación electoral de los ciudadanos, y un debate que pone en juego la continuidad del bloque Común Europeo. l

 

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