Salud / 25 de junio de 2018

El riesgo adolescente del consumo energizante

Las bebidas con cafeína y mezcladas con alcohol son cada vez más comunes entre los jóvenes. Los efectos nocivos.

Por

Desarrolladas en Tailandia en la década de 1970, las bebidas sin alcohol hechas con sustancias estimulantes surgieron para darle más resistencia a los camioneros. Para que pudieran soportar las largas travesías en los caminos, los conductores de Bangkok tomaban un tónico casero que se llamaba Krating Daeng (Toro rojo), en referencia a un animal bovino del sudeste asiático. Diez años más tarde, un empresario austríaco probó la mezcla, sintió un efecto positivo, y decidió fabricar un producto. Así fue como nacieron las bebidas energizantes, ampliamente difundidas en todo el mundo en la actualidad al punto de ser utilizadas en el universo deportivo, el académico y por aquellas personas que, por variadas circunstancias, enfrentan largas jornadas de trabajo. El consumo entre los más jóvenes está más relacionado con soportar por más tiempo las fiestas nocturnas, sobre todo cuando se toma mucho alcohol.

Corazones dolientes. Ya se sospechaba que el uso excesivo de este tipo de bebidas producía taquicardia, pero un estudio dado a conocer hace unos pocos días por la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Waterloo (en Canadá), demuestra que los efectos son mucho más complejos. Divulgados por la revista de la Asociación Médica Canadiense, los resultados obtenidos son contundentes. De la investigación participaron 2.055 hombres y mujeres de entre 12 y 24 años, de los cuales los científicos hicieron un listado acerca de los efectos del consumo de hasta dos latas de energizantes, una cantidad inferior a la máxima recomendada para este tipo de bebidas.

Cuatro de cada diez entrevistados ya habían tenido síntomas que iban desde la aceleración del pulso cardíaco hasta el dolor de cabeza, dificultades para dormir, vómitos y diarreas. Los expertos comprobaron que los problemas de salud estaban asociados con la cantidad de estimulantes contenidos en los energizantes (que nada tienen que ver con las bebidas isotónicas, cuya función es hidratar al organismo).

La cafeína es el compuesto principal de las bebidas energizantes. La cantidad de cafeína en un envase de 250 mililitros puede ser la equivalente al contenido de tres cucharadas de café, dependiendo de la marca de cada producto. Los energizantes también contienen taurina, un aminoácido que se halla en los peces, frutos de mar, aves y carne bovina, que posee una acción excitatoria, capaz de reducir el cansancio muscular. La taurina potencia el efecto de la cafeína, aumentando la sensación de buena disposición y bienestar. Otra sustancia presente en las bebidas es la glucoronolactona, sustancia derivada de la glucosa, y que brinda más energía.

Los adultos, que tienen el organismo ya formado, también pueden sentir la acción estimulante, sobre todo si sufren de algún trastorno, como hipertensión o enfermedad cardíaca. Pero el problema está en que en los más jóvenes el impacto es mayor. Ellos tienen naturalmente menos masa corporal y un metabolismo más acelerado.

Jóvenes. “Creemos que este tipo de bebidas son realmente más nocivos para los organismos más jóvenes”, asegura David Hammond, uno de los investigadores que coordinó el estudio en Canadá. Además, hay otro problema, de probabilidad. Cuanto más joven es el adolescente, mayor es el consumo de energizantes. Un relevamiento llevado a cabo por la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria, que asesora a la Comisión Europea, mostró que los jóvenes de entre 10 y 18 años son los que más ingieren este tipo de bebidas. En esa franja etaria, el 68% de las chicas y chicos consumen energizantes. Entre las personas de mayor edad, ya adultas, la tasa cae al 30%.

Otra preocupación de los médicos es la asociación que se da entre las bebidas energizantes y el alcohol. Diversas estadísticas de Europa y América indican que 15 de cada 100 adolescentes que toman bebidas alcohólicas agregan a sus vasos bebidas energizantes.

En la Universidad de Florida, un estudio reveló que chicas y chicos en edad escolar que le agregan bebidas alcohólicas a las energizantes corren un riesgo tres veces más alto de emborracharse, comparados con aquellos que solamente consumen alcohol. Eso sucede porque las estimulantes reducen la acción depresora del alcohol en el córtex cerebral, porstergando la hora de parar la ingesta de alcohol.

Los energizantes sirven de gatillo para el consumo de bebidas alcohólicas, porque el sabor dulcificado disfraza el gusto amargo del alcohol, lo que resulta ideal para los paladares aún no muy experimentados.

La venta de bebidas energizantes está liberada para cualquier edad, y aún cuando algunos países hayan adoptado medidas propias, no hay legislación específica. En el Reino Unido, por ejemplo, desde principios de este año los supermercados pasaron a autorizar la compra de energizantes sólo a aquellos clientes que prueben tener más de dieciséis años.

Caso no concluyente. En 2016, una adolescente inglesa que ingirió hasta cinco latas de bebidas energizantes al día decidió compartir su experiencia a tráves de las redes sociales. Dion Parratt, de 18 años, consume este tipo de bebidas desde los 11 años, y actualmente padece una insuficiencia cardíaca grave. Buscando bajar de peso tanto como pudiera, Dion comía lo mínimo posible y consumía tantas latas de bebida energizante para tener la energía que no le aportaba la comida que no ingería.

Hace dos años la chica escribió en un posteo de Facebook: “Esto es lo que sucede cuando tomás bebidas energizantes desde la infancia. Ahora estoy atada a cables y con una caja unida a mí las 24 horas. Antes de que alguien decida tomar una bebida energizante debería pensarlo dos veces, por los efectos que pueden tener sobre su cuerpo”. El posteo fue compartido más de seis mil veces en menos de una semana, y en el texto Dion contaba que muchas veces su pulso baja repentinamente y pierde el conocimiento. Según Dion, su problema cardíaco se debe al exceso en el consumo de bebidas energizantes. Aunque los especialistas no están totalmente de acuerdo. El cardiólogo Graham Jackson, consultor del Hospital St Thomas de Londres, explicó que “es probable que ya existiera una afección cardíaca subyacente que fue descubierta cuando asistió al médico a causa de las palpitaciones”.